Crónicas de Juárez

Cuando los políticos dirimían sus diferencias a balazos

“Usted ni me salude”, respondió Rodrigo M. Quevedo, quien fue gobernador de Chihuahua de 1932 a 1936, para luego disparar siete balazos contra el senador Ángel Posada, crimen por el que estuvo dos años prófugo

Juan de Dios Olivas/Apuntes Políticos

Mucho antes que César Duarte Jáquez huyera a Estados Unidos donde fue capturado y se encuentra preso en espera de su extradición a México, otro exgobernador de Chihuahua también se convirtió en prófugo de la justicia mexicana y fue encarcelado.

Se trata del general Rodrigo M. Quevedo, acusado del homicidio del senador Ángel Posada ocurrido en el vestíbulo del hotel Kopper, ubicado en la avenida Juárez, en Ciudad Juárez, la tarde del 12 de marzo de 1938.

¿Cómo está mi general?, preguntó aquel día el senador Posada al exgobernador Rodrigo M. Quevedo para después extender amablemente su mano derecha al militar.

“Usted ni me salude”, respondió quien fuera gobernador de Chihuahua de 1932 a 1936.

Después vino una bofetada y salió a relucir un arma que escupió siete balazos que terminaron con la vida del legislador.

Así terminaba un capítulo más de una época donde los políticos dirimían sus diferencias con violencia.

En esa época, a nivel nacional, el presidente Lázaro Cárdenas, consolidaba su poder político tras poner fin dos años atrás –en 1936– al llamado “Maximato” y obligaba a exiliarse fuera del país al general Plutarco Elías Calles, de quien Quevedo era cercano.

Para consolidar su poder, Cárdenas creó la Confederación Nacional Campesina (CNC) y la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y procedió a reorganizar a su partido, con el nombre de Partido de la Revolución Mexicana (PRM) a la postre el PRI, donde incluyó a los sectores campesino, obrero, popular y militar.

El nuevo orden generó un reacomodo violento de grupos políticos en el país del que Chihuahua no estuvo exento. El que encabezaba Quevedo se enfrentó violentamente al liderado por el nuevo gobernador Gustavo L. Talamantes en disputa por candidaturas y posiciones de poder.

Fotografía: GettyImages

La lucha política cobraría también la vida del presidente municipal José Borunda, amigo del senador Posada y quien fue asesinado en un atentado con explosivos en plena Presidencia Municipal. Previamente, en 1937 le costaría el cargo de alcalde a José Quevedo y su cuerpo de regidores quienes fueron destituidos por Talamantes acusados de peculado.

El asunto no quedó en la destitución del alcalde Quevedo, la confrontación subiría de tono y el mismo exgobernador Rodrigo M. Quevedo en un arranque de furia asesinaría a uno de los opositores a su grupo, al senador Ángel Posada.

Tres días antes del crimen, el legislador llegó a la frontera acompañado del diputado federal Francisco García Carranza para visitar la zona agrícola del Valle de Juárez.

Rodrigo M. Quevedo

En el mismo hotel Kopper, localizado sobre la avenida Juárez entre las calles Abraham González y 16 de Septiembre, propiedad del general Alonso Quevedo Moreno, el senador sostuvo una reunión en una de las habitaciones para tratar asuntos del Congreso.

Al concluir, tomó su portafolio y se dirigió a la salida del hotel y justo en la escalera se encontró al general Rodrigo M. Quevedo, entonces recién nombrado jefe militar en Puebla.

Al intentar saludarlo, recibió como respuesta siete balazos que acabaron con su vida. Algunos de sus acompañantes intentaron defenderlo y se desató una balacera en la que resultaron heridos el exalcalde José Quevedo, Narciso Talamantes, hermano del gobernador, el diputado Valentín Oñate y la niña Josefina Ariciniega, quien pasaba por la avenida Juárez y fue alcanzada por una bala.

Posada recibió tres proyectiles en la cabeza y cuatro más en el cuerpo, incluyendo un tiro en el corazón que acabaron con su vida al instante.

Rodrigo M. Quevedo salió y se encaminó a la Guarnición de la Plaza donde se entregó, pero fue ayudado a huir y tiempo después apareció en Nuevo Laredo, Tamaulipas donde fue arrestado, degradado y hecho prisionero por dos años.

No obstante, obtuvo un amparo de un juez de Distrito de Puebla y evadió el castigo pese a la presión social que se generó en el estado de Chihuahua logró conservar sus grados militares y quedar en libertad.

José Quevedo Jr. se refugió en El Paso, Texas tras ese crimen y también obtuvo también un amparo de un juez federal argumentando ser perseguido por cuestiones políticas.

Tras cumplir la breve sentencia en la cárcel, el exgobernador Rodrigo M. Quevedo continuó en las filas del Ejército Mexicano y en 1958 fue nuevamente postulado y electo senador de la República.

Aunque de su gestión en el Gobierno del Estado no se desprendieron acusaciones por peculado o corrupción, una vieja canción de la compositora Graciela Olmos, La Bandida, quien fue veterana de la Revolución Mexicana, socia del militar y del mismo Al Capone, le retrata:

Y ahora que ya llegó febrero
ganas tenía de verte mi general Quevedo

tú me enseñaste a robarme los elotes
quitarles las hojas y echarlos al bote
tú me enseñaste a robarme las vacas
borrarles el fierro y venderlas baratas

***


FUENTES: David Pérez López, en Los Años Vividos, Ciudad Juárez, Crónicas Pendientes; Martín González en Breve Historia de Ciudad Juárez y su región; Héctor Pedraza Reyes, El Partido Revolucionario Institucional, en http://docentes2.uacj.mx, Visión Histórica de la Frontera Norte de México.

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