En El País

Afromexicanos: la tercera raíz en la Costa Chica

Las personas africanas que arribaron a las costas de Guerrero y Oaxaca, la tercera raíz de México, tejieron lazos con comunidades indígenas de la región y empezaron a caminar juntos en la música, en el baile y también en la pobreza y la invisivilización que llevan a cuesta desde hace cuatro siglos

Texto y fotos: Kau Sirenio / Pie de Página

Cuajinicuilpa, Guerrero– Cuando el conjunto Mar azul suelta los rasgueos de sus guitarras se deja escuchar una popular cumbia costeña: “Tengo una morena que me gusta pasearla y cuando doy la vuelta me pongo acariciarla / Tengo una morena que me gusta pasearla y cuando doy la vuelta me pongo acariciarla / Y pasearla deleitarla y acariciarla en el parque nacional / Y pasearla deleitarla y acariciarla en el parque nacional”, todos se levantan de sus asientos y corren a la pista a bailar.

En la Costa Chica y Montaña de Guerrero no puede faltar Mar azul, el grupo musical costeño más popular de los pueblos afro. De ahí le siguen Los Magallones, Los cumbieros del sur, La luz roja de San Marcos, Fiesta 85, Sabroso y caliente… que ponen a bailar a grandes y chicos sin importar el color de la piel o lengua que hablen.

Así conviven los afros con los indígenas en esta región que se extiende desde la Costa Grande de Guerrero hasta la Costa Chica de Oaxaca. Las cumbias costeñas y las chilenas no pueden faltar en las fiestas populares, y menos en bautizos o cumpleaños.

A esta tierra costera de lo que ahora es Guerrero y Oaxaca, arribaron familias esclavas de Sudán Occidental, Congo, Golfo de Guinea y Mozambique, la tercera raíz de México. Desde su llegada tejieron lazos con comunidades indígenas de esta región. Empezaron a caminar juntos en la música, en el baile y también en la pobreza que llevan a cuesta desde hace 400 años.

“Somos afroindios, porque compartimos la música, la comida con los pueblos indígenas. Además, con ellos, hay intercambio de familia, un negro que se casa con una indígena o viceversa”, dice el escritor Eduardo Añorve Zapata.

Mientras camina entre las calles de San Nicolás Maldonado, municipio de Cuajinicuilapa, Guerrero, Añorve Zapata teje la historia y la relación de su cultura con los ñomdaa (amuzgo) y los ñuu Savi (mixteco) de Guerrero.

A San Nicolás Maldonado lo cantan en una chilena que se zapatea al ritmo de tambora y trompeta. Es una pieza muy afro pero los Ñuu Savi se la apropiaron y se baila en los encuentros chileneros o en la fiesta de Santiago el 25 de julio en toda la Costa Chica. 

La mezcla entre los me’phaa de Azoyú con los afros le pone el sabor a esta chilena: “Me gusta golpear el bajo / cuando le dan bordoneado / me gusta golpear el bajo / cuando le dan bordoneado… / Me acuerdo de Llano Grande / San Nicolás Maldonado…/ Me acuerdo de Llano Grande / San Nicolás Maldonado”.

Pero llegar a San Nicolás Maldonado no es cualquier cosa, es un recorrido entre palmeras, huertas de mango, plátanos y papayas. Ahí entre el vapor que sueltan los arroyuelos está el pueblo que ahora luce nuevas construcciones, las casas son de corte californiano. La mayoría de los habitantes emigraron a Estados Unidos desde hace muchos años. La migración empezó en San Nicolás en los años setenta, en la época de oro de Acapulco.

De esa migración escribió Chanin Ventura Ya me voy para Carolina, que fue un éxito para Mar azul.

“Ya Me voy pa Carolina / y no voy arrepentido / porque todas las mujeres / No quieren estar conmigo… / Ya me voy pa Carolina / y no voy arrepentido / porque todas las mujeres / no quieren estar conmigo… / Melitón Cisneros dijo / Chanín vamos a tomar / dicen que tú ya no puedes / y por eso ya se va…”.

Aquí el día está lleno de contrastes. Se va llenando de un suculento mole de guajolote o un delicioso caldo de iguana. No se puede dejar de saborear un pescado a la talla o una sopa mariscos, acompañada de un coco frío o chilate, la bebida refrescante de esta tierra, preparada con cacao, maíz, arroz y azúcar. 

Pero, además la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca se tejen en versos y coplas que los lugareños van contando en chilenas y corridos. Con ello narran  la valentía de estos pueblos que ahora buscan ser parte de la tercera raíz de México. 

*** 

Los afros o negros cantan y bailan El negrito puchunco y feo, el dueto Blanco y negro la entona así: “Yo nací en un bajareque / sin doctores ni enfermeras / mi mamá me trajo al mundo / con ayuda de partera / y crecí cuidando cuches / y pescando chacalín / con mi chicamaca vieja / en el río de por aquí…”.

La carretera que va de Acapulco a Pinotepa Nacional, Oaxaca conecta a los pueblos afros, en cada pueblo que uno va encontrando en el viaje se puede ver a mujeres con su vendimia de pescados, camarones y coco.

Al saltar a otro poblado, el sabor de la misma chilena continúa, pero ahora en voz de Pepe Ramos:

“Negrito chimeco y feo / casi chirundo me crié / pero tengo el alma blanca / como no la tiene aquel / que nació en pañales limpios / con otro color de piel / negrito puchunco y feo / casi chirundo me crié…” 

En Marquelia, ciudad que conecta la Costa con la Montaña, una mujer ofrece enchiladas, quesadillas de pescado, tamales de elote y agua de coco. Pero no es la única que ofrece comida o agua para calmar la sed. 

“¿Qué va a llevar? Tenemos mojarra, cuatete, camarones y jaibas”, ofrece la mujer morena con una sonrisa blancuzca. A pesar que el sol pega de lleno, ella no se inmuta, grita más fuerte para animar a mercantes. 

La imagen del mercado rodante es el mosaico de las y los afros que ofrecen frutas, verduras, comida y aguas de limón, de horchata, de jamaica, de maracuyá, de chía y de sandía. 

“Somos negros porque es nuestro, así que ni modo que digamos que somos de la ciudad o blancos” contesta entre risas una vendedora de plátano y coco en la comunidad de San Francisco, municipio de Cópala.  

En México, de acuerdo con la Encuesta Intercensal de 2015, 1.4
millones de personas -1.2 de los mexicanos- se autoidentificaron como afrodescendientes, principalmente en los estados de Guerrero, Oaxaca y Veracruz.

‘No hay discriminación cuando hay poder económico’

El escritor y periodista Eduardo Añorve Zapata profundiza sobre la negritud en la Costa Chica.

“Desde el momento que hablamos de comunidades afros estamos incurriendo en clasificar. Y es racismo porque no tenemos claridad de lo que queremos cuando en la costa chica hay 16 municipios que incluyen a Xochistlahuaca, Tlacoachistlahuaca, que tienen mezcla de gente de acá abajo que, por economía de término, vamos a llamar ‘negra’ con gente indígena”. 

El último registro del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación señala que en 82% de los casos discriminatorios que tiene registrados hacia la población afrodescendente fueron a causa de su color de piel. Más de la mitad de esos registros (57%) provienen de la Ciudad de México.

Entre cuchareo de su sopa de mariscos Añorve Zapata explica: “Hay personas morenas o negras que han ocupado un cargo en la administración pública. No veo discriminación cuando hay poder económico. Constantino Cisneros (Tino) fue presidente (municipal); René Juárez Cisneros, gobernador, diputado federal y senador. A los que sí discriminan son a los de abajo, a los que de color o indígenas que no tienen dinero padrino político”.

Los pobladores de Costa Chica dicen que no ven discriminación ni racismo entre sus comunidades y pueblos indígenas. Pero si se enfocan en la relación con los citadinos, ahí sí cuestionan que los de la ciudad los vean distinto.

“Aquí somos, comemos todos y tomamos chilate de Ayutla, además con los mixtecos de la montaña, no hay diferencia. Ellos nos traen cacao y panela, nosotros lo compramos y ellos se llevan de la costa camarones y pescados”, explica una mujer que atiende su puesto de comida en Cruz Grande, municipio de Florencio Villareal.

“Entre nosotros también existe la valoración del color de la piel, pero tiene mucho que ver con esta cuestión de la Colonia. De la jerarquía cultural de la Colonia española, el blanco, el claro, el afrodescendiente de la casta y al final el indígena, por su peso económico, político, y todavía tenemos esa clasificación. Hace 50 años, si pasaba o llegaba un señor blanco tú no podías estar cerca de él”… recuerda Añorve Zapata.

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Este trabajo fue publicado originalmente en Pie de Página que forma parte de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes consultar la publicación original.

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