En El País

Agua en conflicto, 10 cuencas en disputa

Fotografía: Lalo Fernández Talamantes vía Raíchali / Archivo

El conflicto por el agua de la presa La Boquilla en Chihuahua no es el único; conflictos irresueltos, uso inequitativo y privatización del líquido se extienden por el país, solapados por el sistema de concesiones 

Texto: Arturo Contreras Camero / Pie de Página

La presa La Boquilla en Chihuahua lleva un mes bajo el control de agricultores. Ellos, inconformes con el manejo del recurso por parte de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), tomaron las instalaciones que desde febrero pasado resguardaba la Guardia Nacional. Hasta ahora la disputa lleva la vida de una mujer.

Pero conflictos como este se reproducen por todo el país. En todos, el actor común es Conagua, el órgano encargado de regular el manejo del líquido en el país. Su política de entrega de concesiones y reservas de agua durante un cuarto de siglo señala a un claro beneficiado: las industrias y sus grandes proyectos de desarrollo.

Este manejo ya secó pueblos y ciudades enteras a lo largo y ancho del país.

Una cuenca, en la definición de Conagua, es “una cavidad natural en la que se acumula agua de lluvia. Ésta circula hacia una corriente principal y finalmente llega a un punto común de salida”. En otras palabras, una porción de territorio cóncavo donde ocurre el ciclo del agua. Las cuencas también son las unidades básicas para la gestión del agua. A continuación presentamos diez cuencas cuyo manejo crea tensión entre la gente que necesita el agua para sobrevivir e intereses económicos. 

El año pasado, el entonces secretario de Medio Ambiente, Víctor Toledo reconoció 86 conflictos hídricos. En el país existen 395 cuencas, por lo que si tomamos la cifra de Toledo como cierta, al menos una quinta parte de las regiones hidrológicas del país están en disputa. 

Este es un repaso de 10 de esos lugares que podrían ser polvorines para una distopía cada vez más cercana: las guerras del agua

La Boquilla. Foto: Adriana Esquivel

Hidalgo: cerveza sí, milpas no

En Apan, Hidalgo, los pobladores dicen que ni por bañarse en cerveza dejarían que se lleven su agua, a la que nunca han tenido acceso. Los campesinos de este desértico paraje llevan años intentando pidiendo a la Conagua un pozo para regar sus parcelas y no depender así del temporal. La respuesta siempre es negativa, según la Comisión, en esta cuenca hay una veda para extraer agua desde 1950, sin embargo, en 2019 la empresa Modelo instaló una planta cervecera en la zona, que explotará cinco pozos y millones de litros de agua con el beneplácito de las autoridades. 

El levantamientos o aplicación de las verdad es una facultad exclusiva de la Conagua. Según Elena Burns, del colectivo Agua para todos, este tipo de reservas son un instrumento a nivel internacional que se usa para regular ecosistemas y medir el aprovechamiento del líquido. «Uno pensaría que hay vedas cuando no hay agua,  pero muchas de estas se hicieron porque estaban en lugares donde iban a haber proyectos industriales y se reservó para eso. 

Los pobladores de Apan piden a la cervecera Modelo que se comprometa a implementar un plan de mitigación que contrarreste el impacto de sus operaciones sobre el acuífero y que pueda redistribuir sus aguas, aunque sean tratadas, a los pobladores. Hasta el momento la empresa no ha dado señales de querer hacer algo al respecto.

Modelo extraerá más de seis millones de metros cúbicos de agua al año, lo que supone más del 60 por ciento de la disponibilidad del manto acuífero de Apan. Con esa agua esperan fabricar 18 millones de botellas de cerveza al día. Su planta entró en operación en 2019. 

Coahuila: la leche seca el desierto

En la Laguna, dicen, existía un vergel, un paraíso donde alcanzaba para regar los sembradíos de frijol y maíz. En esta región de Coahuila se asentó la principal cuenca lechera del país, la única en el mundo ubicada en un desierto, donde el 80 por ciento del agua se destina al uso agropecuario: para producir forraje para las vacas. 

La Laguna es parte de las Cuencas centrales del norte, la tercera región de cuencas con menor disponibilidad de agua en el país. No obstante, de sus mantos se extraen 930 millones de metros cúbicos de agua al año; la recarga natural es de 480 millones. Las concesiones para tal explotación fueron cesiones de caciques del agua locales, personas que controlan grandes extensiones de tierra con concesionarios de extracción de agua. Gracias a un mercado de agua, tolerado por las leyes de Conagua, Lala, concentra los derechos de extracción del 80 por ciento de agua de la región. 

En 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador visitó la región como presidente electo, la demanda fue clara: Lala, el gigante lechero, había secado el vergel. Para satisfacer la demanda, con el tiempo los pozos fueron llegando a mayores profundidades para sacar agua. Actualmente llegan a los 300 o 500 metros. A esa profundidad el agua está cargada de minerales y elementos dañinos para la salud, efectos que ya siente la gente de la región.

La Sierrita, Durango. Foto: José Ignacio De Alba

Michoacán: los aguacates destruyen bosques

En los municipios de Tacámbaro, Parácuaro, Tancítaro, Ziracuaretiro, Taretan, Ario y Zitácuaro un millón 300 mil hectáreas de bosque dejaron de serlo, en su lugar hay plantíos de aguacate. En esta región de Michoacán, la que más aguacate produce en el país, su siembra no solo limita el acceso de la gente al agua, también podría terminar con los bosques de la región, encargados de recolectar y reincorporar las lluvias a los mantos acuíferos. Los aguacates, a diferencia de los pinos, consumen y secan el agua, en vez de ayudarla a infiltrarse en los mantos freáticos. 

En estas regiones se estima que existen cerca de 9 mil 200 ollas de agua, grandes piletas que se instalan cerca de los manantiales. Estas ollas hacen que los cauces de los arroyos lleguen muy disminuidos a los poblados cercanos. Esto ya levantó disputas entre habitantes de Parácuaro que no tienen agua y de Tancítaro que la retienen para sus huertos. Aquí, la autoridad de la Conagua no llega, pues el uso de ollas no está regulado, como  los permisos de perforación de pozos, y por tanto quienes la usan no tienen que pagar ningún derecho de uso. 

Yucatán: puercos por agua

Tras la ruina de las fincas henequeneras en Homún, Yucatán, esta comunidad cambió de giro para sobrevivir. Su incursión en el ecoturismo devolvió cientos de trabajos perdidos y ayudó a mantener en buen estado los cenotes cercanos, que forman parte de la Reserva geohidrológica del anillo de cenotes de Yucatán, que abastece de agua limpia a 60 por ciento del estado. 

Nadie en este pueblo de 8 mil personas sabía del secreto que habían urdido el gobierno del estado y un grupo de empresarios. Instalaron una granja porcícola en el municipio. Los habitantes se enteraron del desarrollo cuando un periódico local publicó al respecto. Las granjas estaban por comenzar a operar. Ahí 45 mil puercos beberían el agua de los cenotes que esta comunidad cuida y usa como fuente de trabajo. Luego de protestas, amedrentamientos policiacos y demandas, la gente de Homún logró llevar el caso a la Suprema Corte de Justicia. La operación de las granjas está detenida en lo que se resuelve el caso. 

Pobladores mayas de Homún que tienen la tutela de cenotes en centros ecoturísticos se oponen a la instalación de una granja porcícola. Foto: Alberto Velázquez.

Texcoco: el agua del pozo llega embotellada

En Texcoco, en el Valle de México, cerca de 60 mil personas no tienen agua, no les llega, el servicio municipal nunca lo construyó. La que les llega viene o en pipa o en garrafón. La gente de aquí ha ido con el gobierno municipal, con el estatal y hasta con Conagua para que les lleven el agua, pero mientras, siguen pagando la pipa y el garrafón. 

El problema se agrava por las embotelladoras de agua que rodean la región. En el Estado de México hay tres mil 313 empresas embotelladoras de agua registradas que extraen cuatro mil 247 millones de litros de agua al año de los pozos agrarios de la zona metropolitana de la Ciudad de México según un estudio de la Universidad Autónoma Metropolitana – Azcapotzalco. 

Zacatecas: la minera que secó un pueblo 

La pelea de 10 años de los habitantes de Salaverna, una pequeña comunidad en Zacatecas, mantiene a raya el avance de la mina Peñasquito, de la minera Newmont Goldcorp, no obstante, la minera se encarga de extraer toda el agua de la región y no le deja nada a las comunidades cercanas. Salaverna, seco por la falta de agua y con algunos pocos pobladores que rehúsan a abandonar sus tierras, parece un pueblo fantasma.

En 2006, la minera descubrió que los yacimientos de oro, plata, zinc y plomo que estimaron en 335.1 millones de toneladas en realidad podría ser de 469. Para su explotación necesitarían 10 mil millones de litros de agua al año, por lo que Conagua les sugirió hacer un estudio de factibilidad hídrica, pues en la zona imperaba una veda de agua, según la Comisión porque no se habían hecho estudios suficientes.

La minera hizo el estudio y descubrió que podía explotar el agua que necesitaba. Actualmente extrae más de 40 mil millones de litros de agua al año a través de diez concesiones de agua que Conagua le fue otorgando a lo largo de los años.

El proyecto de la Presa Milpillas, en Zacatecas, afectaría 19 comunidades con la repartición del agua, que se proyecta para la cervecera Grupo Modelo. Foto: Adolfo Vladimir.

Coahuila: a Parras la quiere secar la privatización

El 5 Marzo de 2019, el sacerdote de Parras, un pueblo al este de Torreón, en Coahuila advirtió: “Como muchos sabrán y algunos aún no, hoy en Parras tenemos un problema muy grande acerca del agua; Conagua pretende extraer 30 millones metros cúbicos de agua del Acuífero Saltillo Sur, al que Parras pertenece”.

Conagua planea trasvasar parte del líquido de esta cuenca y llevarla a Ciudad Derramadero, un megaproyecto industrial, impulsado por el gobernador del estado, que transformará 100 hectáreas  en naves industriales integradas a un desarrollo urbano con más de 3 mil 400 viviendas. Actualmente el acuífero suministra a los municipios de Saltillo (47.5 por ciento), Parras (51.3 por ciento) y General Cepeda (uno por ciento), y según los estudios de la propia Conagua, está sobreexplotado. 

Sin embargo, el control de la parte del acuífero de Saltillo, desde 2001, está en manos de Aguas de Barcelona, un consorcio internacional que da servicios de suministro de agua que en ese entonces llegó a “rescatar” al Sistema de Aguas de Saltillo. Años después, en 2017 Aguas de Saltillo, el nombre de Aguas de Barcelona en la región, obtuvo 60 millones de pesos para reubicar la línea de conducción de agua potable del acuífero. En otras palabras, para construir un acueducto que llegue a Ciudad Derramadero. 

En ese proyecto se realizó un estudio técnico y geohidrológico para proponer zonas factibles de explotación de aguas subterráneas. De la noche a la mañana, según el estudio la cuenca tiene una recarga de 70 mil millones de litros de agua, cuando normalmente era de 40 mil. La gente de Parras cree que esos 30 mil millones de litros que Aguas de Barcelona “encontró” en el acuífero en realidad saldrán de su dotación de agua.

Sonora: la primera guerra del agua

Hace diez años, Guillermo Padrés, en ese entonces gobernador de Sonora presentó el plan Sonora Sí, un entramado de obras hidrológicas entre las que se contemplaba el Acueducto Independencia, un tubo que se llevaría más de 73 mil millones de litros de agua de río Yaqui, captados en la presa Plutarco Elías Calles, a 150 kilómetros al sur, a la ciudad de Hermosillo.

Supuestamente la tribu Yaqui debería tener el control del 50 por ciento del agua de la región, según el título territorial que el presidente Lázaro Cárdenas les entregó en 1940 para restituir sus tierras. Años después, este cincuenta por ciento pasó a ser una cuota de 250 mil millones de litros al año, pero ninguna autoridad les ha garantizado tal volumen, en cambio, lo que se recolecta en las presas de la región se destina a tierras agrícolas y para surtir a otras ciudades de agua. 

Bloqueos de autopistas y marchas a la capital marcaron el paso de una guerra de baja intensidad en contra del acueducto tres años después de que se anunció su construcción. A la guerra la acompañó una estrategia legal, pero no detuvo la operación de la megaobra. MIles de hectáreas de la tribu yaqui están muertas por la salinización del cauce del río. 

Jalisco: travasar, la historia de las cuencas

Llevar agua de una cuenca a otra, advierten especialistas como Elena Burns de Agua para todos, es lo peor que se le puede hace a una cuenca, pues crea un desequilibrio hídrico que afecta la región a niveles insospechados. Sin embargo, la ciudad más grande del país recibe más de la mitad del agua que usa de dos cuencas externas. 

Protestas por la presa Zapotillo. Foto Héctor Guerrero.

Antes del Acueducto Independencia, la presa Zapotillo quiso desviar 120 mil millones de litros de agua del curso natural del Río Verde en Los Altos de Jalisco a 140 kilómetros al este, al corredor industrial de León, Guanajuato. Para lograrlo, la Conagua inició la construcción de la presa en 2006. El proyecto original era una cortina de concreto de 80 metros de altura que almacenaría 411 mil millones de litros de agua, inundando así a las comunidades de Temacapulín, Acasico y Palmarejo, tres poblados del municipio de Cañadas de Obregón.

La pelea de las comunidades por sobrevivir se atenuó cuando Conagua anunció una expansión de la prensa, que ahora sería más alta, 105 metros, y almacenaría mucha más agua, 911 mil millones de litros. Hasta el momento la presa está detenida por la movilización de los pueblos. 

Morelos: rechazo al plan integral

El asesinato de Samir Flores fue el punto álgido en la disputa por el derecho al agua y al territorio en Huexca, Morelos. Aquí el enemigo son dos plantas termoeléctricas, el punto neurálgico del Proyecto Integral Morelos, una megaobra que costó más de mil 600 millones de dólares de inversión público privada que integra un acueducto de 10 kilómetros y un gasoducto de 160 (que cruza por las faldas de un volcán) para suministrar las plantas que generarán 620 megavatios de energía.

La gente del pueblo recuerda el día en que las plantas se echaron a andar, solo como prueba, por tres meses. Los 110 decibeles de ruido ensordecieron a los pobladores, los gases grises de la planta enfermaron a los pobladores por meses y las aguas tratadas de la planta contaminaron las barrancas por meses. En la tierra de Zapata, los pobladores levantaron una oposición férrea al megaproyecto. 

Si bien es un proyecto creado durante sexenios anteriores, el presidente Andrés Manuel Lópes Obrador decidió no parar los planes de operación de la termoeléctrica, en su defensa, el pueblo de Huexca tiene un amparo que dicta la suspensión definitiva de la obra y que prohíbe a la CFE descargar aguas contaminadas al río Cuautla. La tensión en la región sigue creciendo. 

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Este trabajo fue publicado originalmente en Pie de Página que forma parte de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes consultar la publicación original.

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