Opinión

La mexicana nostalgia por Pinochet

En la política no hay casualidades. Sí por México, el reciente grupo opositor usa el mismo logotipo que el dictador de Chile, Augusto Pinochet, cuando quiso perpetuarse en el poder. Le fue mal. Los chilenos lo echaron. Es el destino de los nostálgicos de la sangre, la muerte, los antiderechos y la corrupción. Karma, le dicen

Alberto Najar
Twitter: @anajarnajar

La primera vez que vi el logotipo del grupo Sí por México no pude evitar un déjà vu: la forma de las letras, colores, inclusive la acentuación remarcada me eran familiares.

En algún lugar lo había visto. Y así era.

El logotipo de esta nueva organización que oficialmente pretende “un mayor equilibrio” político en el país, pero que en realidad lucha por desbancar al actual gobierno, es idéntico al que utilizó Augusto Pinochet en el plebiscito de 1988, en Chile.

La consulta fue realizada el 5 de octubre de ese año y fue para definir si el dictador permanecía en el gobierno chileno más allá de 1997.

Era la fecha que el régimen militar había aceptado para abandonar el poder, y que fue parte de las negociaciones para promulgar una nueva constitución, en 1980.

Había que responder con una palabra: sí, para que siguiera la dictadura o no, para que se fueran en la fecha prevista.

Por eso los militares y partidarios de la violencia y mano dura se promovieron con el logo SÍ. Los opositores, a través de una ingeniosa y alegre campaña, ganaron con el NO.

Usar la misma tipografía pinochetista en el logo de Sí por México pudo ser un plagio. O una coincidencia.

Pero en la política no hay casualidades, sobre todo porque el espíritu de quienes integran la organización política prevalece el objetivo de impedir que el presidente Andrés Manuel López Obrador termine su período de gobierno.

Los miembros del grupo son feroces opositores al proyecto político de la 4T, y no pocas veces han expresado su deseo de ganar el referéndum de 2022.

Ese año habrá una consulta para definir si el presidente sigue o no en el poder. No es todo.

Uno de los principales aliados de esta organización, el Frente Nacional Anti AMLO (FRENAA), abiertamente habla de derrocar al presidente. Sin contar las insinuaciones de uno de los protectores y mecenas de los integrantes de Sí por México:

El impresentable Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa quien sugirió, en un foro con otros personajes de su misma ideología, promover un golpe de estado en Venezuela.

Y más aún, esta semana el presidente López Obrador recordó el comentario de Claudio X. González padre en 2006, cuando se consumó el fraude electoral que impuso a Calderón.

El empresario dijo, como una especie de argumento para justificar las trapacerías que se cometieron, la necesidad de no repetir el escenario de Chile en 1973.

Ese año fue el golpe de estado encabezado por Augusto Pinochet. Lo que siguió fue uno de los episodios más sangrientos y vergonzosos en la historia de América Latina.

Es, al parecer, la aspiración de quienes se amparan en el logotipo pinochetista. No es coincidencia, es la incubación de un movimiento que parece decidido a tomar la ofensiva en sus manos.

Oficialmente jura que convencerá a los partidos políticos de formar una especie de contrapeso al presidente López Obrador. Pero en realidad los integrantes de esta organización no confían en los partidos.

Para el objetivo final de Sí por México el PRI, PAN o PRD son inútiles. Ya no les sirven como en el pasado reciente. Están en el camino de sustituirlos. Los patrones se cansaron de sus empleados.

Se dieron cuenta de la devastación que les causó la elección presidencial. Algunos están en ruinas. Otros sobreviven en la vergüenza de sus legisladores, cada semana con una nueva pena ajena que enfrentar.

Los panistas son expertos en esa tradición. El odio embrutece.

En fin. En 1988 el SÍ de Pinochet fue aplastado en las urnas. El dictador fue obligado por los ciudadanos de Chile a terminar su época de horror.

La historia envió al defenestrado militar a su sitio: el basurero. Y con él se fueron todos los que creen que asesinar, desaparecer personas, cortar la libertad es el mejor camino para gobernar a un país.

Quizá, entonces, pueda ser bueno que el episodio de los logotipos sea una coincidencia. Porque entonces los orgullosos y nostálgicos militantes de este SÍ pinochetista mexicano encontrarán su destino.

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