Opinión

AMLO y Trump: la cólera de los ciegos

La cerrada elección presidencial en Estados Unidos, con la esperada reacción de Donald Trump quien se niega a aceptar el resultado, abrió la puerta a una nueva andanada en contra del presidente Andrés Manuel López Obrador. No hay razón en los cuestionamientos pero el odio impide ver la realidad

Alberto Najar
Twitter: @anajarnajar

En 1938 el escritor francés George Bernanos decía que “la cólera de los imbéciles llena el mundo”.

Eran los días previos a la invasión alemana a Polonia que desató la Segunda Guerra Mundial.

Con su frase Bernanos expresaba su asco y asombro ante el discurso de algunos para justificar las atrocidades que empezaban a cometerse en Europa.

Fue premonitorio. Al terminar el conflicto, en 1945, se supo de la barbarie en campos de concentración, masacres, saqueos, el bombardeo nuclear en Japón.

Más de 50 millones de personas murieron en esos años aciagos. La herida, empero, no termina de cerrarse. La cólera de esos años se mantuvo, soterrada, con esporádicas apariciones en otros conflictos.

La anécdota puede servir para ilustrar los últimos dos años en México, y en particular lo sucedido en esta semana.

En Estados Unidos hubo elecciones presidenciales. Los números finales han sido muy cerrados, un estrecho margen entre los dos contendientes.

Como había anunciado el presidente Donald Trump no aceptó el resultado, y anunció inclusive que llevaría el caso ante la Suprema Corte.

Una pataleta muy a su estilo que tuvo un inédito episodio cuando algunas cadenas de televisión interrumpieron la transmisión de un discurso del magnate, con el argumento de que decía mentiras.

En México se pretendió comparar el berrinche del controvertido personaje, con el presidente Andrés Manuel López Obrador.

No fueron pocos quienes aseguraron que Trump “mandó al diablo a las instituciones”, una frase sacada de contexto de un discurso de AMLO, hace 14 años.

Otros recomendaron suspender la difusión de la conferencia de prensa que cada mañana ofrece el presidente.

Y no faltó quien festinó el eventual triunfo de Joe Biden, con la peregrina idea de que el candidato demócrata castigaría al gobierno mexicano por la supuesta cercanía con Trump.

(Al momento de redactar esta columna el resultado final estaba pendiente).

Política barata. Quienes pronostican sanciones contra el presidente López Obrador sólo demuestran una profunda ignorancia sobre el sistema político estadounidense.

Históricamente la relación binacional ha sido complicada, pero en las últimas décadas se ha mantenido estable, inclusive en el controvertido período del magnate.

Estados Unidos no tiene amigos, sólo intereses. Es un lugar común que suele olvidarse, más en estos días. Joe Biden como presidente se comportará exactamente igual que otros mandatarios de su país.

Será más predecible que su antecesor porque el demócrata es un político formado en el sistema, y por lo mismo la premisa de su mandato será cuidar los intereses estadounidenses en su relación con otros países, como es la tradición estadounidense,

Eso incluye a México. Así que quienes anhelan un comportamiento hostil hacia AMLO se pueden sentar, a la espera de algo que seguramente no va a ocurrir.

Y si fuera el caso, ¿qué podría sancionar Joe Biden? ¿Que López Obrador atendió el reclamo de Trump para frenar la migración irregular a su país? Ése es uno de los temas centrales de los políticos estadounidenses, especialmente los demócratas.

Que lleguen menos migrantes a Estados Unidos es el sueño de los políticos de ese partido, muy cercano a organizaciones sindicales que siempre han visto a los trabajadores extranjeros como una competencia a su mano de obra.

¿Sancionaría Biden la firma del nuevo acuerdo comercial, el T-MEC? La disposición del equipo negociador mexicano permitió incluir en la redacción final las observaciones de los demócratas.

¿Castigar la estrategia de AMLO de seguridad y combate al narcotráfico? El gobierno actual es el único que ha emprendido una lucha real y efectiva contra los carteles de delincuencia organizada.

El ejemplo más claro es la batalla contra el Cartel Jalisco Nueva Generación, al que se le congelaron miles de cuentas bancarias, en la estrategia que los ahora críticos reclamaron siempre: combatir las finanzas de las organizaciones criminales.

Y ojo que este combate forma parte de una estrategia coordinada con el gobierno de Donald Trump, que también ha realizado extensas operaciones para capturar a operadores del CJNG en su territorio.

Así que el tema de castigar la relación AMLO-Trump se ve difícil, más con un político pragmático como es Joe Biden.

Lo mismo sucede con el reclamo de interrumpir la difusión de las conferencias de prensa mañanera. Quienes lo exigen olvidan un pequeño detalle: las cadenas de televisión en México no transmiten en directo esos encuentros.

Lo hacen las estaciones públicas, pero inclusive Canal 11 corta la transmisión a las 9AM, sin importar que la conferencia de prensa continúe. ¿Se puede censurar lo que no se trasmite? Suena esquizofrénico.

Y el colmo son los que utilizan la frase de López Obrador con la actitud de Donald Trump, algo que ha sido reprobado hasta por algunos de sus simpatizantes, como la cadena de televisión Fox News.

El objetivo es claro: crear la narrativa de que el presidente mexicano es igual al polémico estadounidense, con la esperanza de revivir la idea de que AMLO es un peligro para México como Trump lo es para Estados Unidos.

El problema es que los promotores de la campaña hablan de López Obrador en 2006, en un momento y circunstancias que ya no existen. O al menos no vinculadas con el político tabasqueño.

Aún más: se refieren a un personaje que no existe. Desde 2005 los mismos críticos de ahora se esforzaron en crear la imagen de AMLO de violencia e intolerancia.

En el afán de impedir que participara en la elección presidencial del año siguiente no importó que, en el fondo, se trataba de un experimentado político, el único que ha recorrido varias veces todo el país, lo conoce como ninguno. Un personaje acostumbrado a caminar cuesta arriba.

Creyeron la caricatura que ellos mismos crearon. Es la imagen a la que combaten, y por eso no han tenido efecto las múltiples campañas de odio y desprestigio que mantienen desde 2018.

Se nota: al cierre de la semana electoral en Estados Unidos y a pesar de los intentos de vincular el berrinche de Trump con AMLO, el presidente de México tiene una popularidad de 58 por ciento, según la empresa de opinión pública Consulta Mitofsky.

Los números se han repetido desde hace meses, y por momentos parecen atizar la ira de quienes fueron derrotados en 2018. Así que lo más probable es que se mantengan los días de furia.

La cólera de la que habló George Bernanos invade a México.

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