Opinión

Dos perdidas (2 de 2)

¿Qué lleva a una persona a ser extremadamente sigilosa, entrar hasta el patio y llevarse la bici? ¿Por qué anda en la madrugada asomándose dónde hay una puerta abierta y un algo que pueda robar?

Por Hernán Ortiz

Segunda Parte
2 de 2

Como les comentaba, me robaron mi bicicleta.

Mi primer sentimiento fe de resignación. Nada podía hacer, se la llevaron. Me sentí igual a cuando perdí un avión por primera vez. No puedes decirle que se detenga, que regresé o que lo alcanzas a la salida de la ciudad. Simplemente se fue, mi bicicleta… el avión también.

Mi segunda reacción fue un pensamiento, ¿por qué?

¿Qué lleva a una persona a ser extremadamente sigilosa, entrar hasta el patio y llevarse la bici? ¿Por qué anda en la madrugada asomándose dónde hay una puerta abierta y un algo que pueda robar?

El sigilo tuvo que ser extremo, esa noche estaba mi hijo el Negro, que además de ser excelente combatiente cuerpo a cuerpo es un tanto paranoico. Cosa común, no durmió, pero tampoco escuchó nada. Zelda, mi compañera canina de vida, durmió adentro de la casa, para ser preciso, a mi lado en la cama. Pero siempre está muy al pendiente de lo que pasa, en ocasiones me despierta a ladridos porque escucha a las aves que se acercan a robarse sus croquetas. Tengo que sacarla para que las ahuyente. No la entiendo, en otras ocasiones hasta parece que las invita pues hay varios tipos de aves comiendo y cagando el patio y a Zelda parece no importarle. Mi casa es muy pequeña la ventana de mi cuarto da a la puerta de la calle que al ser de metal no es muy discreta.

El ladrón fue una persona muy, pero muy silenciosa implicó mucho esfuerzo.

¿Quién fue? Vivo en una colonia popular, mucha gente trabajadora de maquila y en venta de segundas. Como es una colonia algo vieja también tiene ya algunos profesionistas en sus cuadras. Me imagino a madres y padres trabajadores mandando a sus hijes a la universidad. Hay de todo. Quienes tenemos un trabajo seguro no la pasamos tan mal, pero… ¿hasta dónde los obreros y obreras pudieron sostener sus ingresos? ¿Qué pasó con la gente que vende segundas y no ha podido abrir su puesto en el mercado?

Ya intuíamos mi madre y yo que la situación se pondría tensa y que debíamos comprar un candado para la reja. Lo compré, pero el barrio es tranquilo, siempre dejábamos las puertas abiertas. Pero la desesperación puede motivar a actos desesperados. Robar puede ser uno de ellos. Si alguien esa situación lo hizo ojalá la bici le haya ayudado a resolver algo de su situación.

¿Por qué lo hizo? Tal vez tenía hambre. Vivo cerca del Río Bravo, en algunas iglesias hay refugios de migrantes, he visto migrantes también trabajar por la zona. En muchas ocasiones he visto gente salir de la colonia, cruzar el Cuatro Siglos (me resisto a llamarle Juan Pablo II) y acercarse al límite con Estados Unidos. A veces van en grupo, a veces solos, a veces en familia. Si alguien así se roba mi bici, ¿podría culparles? Definitivamente no. Lo tomo hasta como pago de un mexicano por la vergüenza que hacen pasar la policía municipal, seguridad vial y la Guardia Nacional al cuidarle su frontera a Estados Unidos. Si alguien ha ahorrado mucho para hacer el viaje, tal vez ha sufrido mucho para hacer el viaje, tiene que maximizar sus recursos para seguir en el viaje, entonces tal vez robar una bici puede mejorar su situación. Si me la pedía, no se la pensaba dar, pero seguramente le sirvió de algo. Creo que esta ciudad desde hace décadas debería haber considerado construir mejores opciones para la población migrante, ni modo de ignorarla. Cuando yo llegué aquí recibí una golpiza por migrante. ¿No tenemos para ofrecer más que un hazle como puedas? Habrá alguna gente que sí pueda, pero otra que fue asaltada, violada, engañada o ve tú a saber.

De verdad, si en lugar de una situación desesperada, fue alguna persona traviesa, que lo hizo para sacar dinero para unas cervezas o alguna otra diversión, pues entonces es menos dramático el asunto y eso hace del robo algo menos triste, por la condición del ladrón. Si no le deseé la muerte a Víctor Valencia, mucho menos a alguien que sólo se robo mi bici, las consecuencias de los actos y decisiones de Valencia al final del día han afectado más a toda la ciudad y no sólo a mí.

Hay otra cosa que me inquita en este aspecto. La bicicleta que me robaron era de acero, tenía frenos de disco, 24 velocidades, rodada 29 y una corneta de Mimi Muse con la que saludaba al pasar. La compré usada a cinco mil pesos. Era feliz con ella, libre. Siempre me acordaba que de niño me encantaba salir a pasear en bici y ahora de viejo podía seguir haciéndolo. No tengo auto, la bici es mi medio de transporte.

El uso de la bicicleta como medio de transporte, de uso lúdico o deportivo se ha incrementado notoriamente. Se han formado colectivos y grupos de redes sociales donde se comparte información al respecto.

De algo que me he percatado es que el costo de las bicis se ha incrementado. Ley de la oferta y la demanda… sí en parte, hay más demandas y la oferta es la misma el precio se incrementa. Pero se hacen bicis nuevas y muchas de estás alcanzan precios exorbitantes. Una vez pregunté por una bici usada cerca de mi casa y me dijeron que el precio era de doce mil pesos. ¿Qué? No pude creerlo y me fui. Pero he visto bicis que alcanzan precios de hasta sesenta mil pesos. ¿Por qué una bici cuesta tanto? Su mecánica es muy simple, básica, ¿cómo puede costar tanto?

¿El material es más ligero? Tal vez me haga llegar cinco minutos antes al trabajo, ¿vale el costo? Digo que no. ¿Cinco minutos pueden abonar a conseguir el primer lugar en una competencia? ¡Pinches competencias! Le quitan lo divertido a la vida, un solo ganador, muchos perdedores. Cuando la felicidad de una persona implica la frustración de muchas algo está muy mal.

La cosa es que, si las bicicletas llegan a ser tan caras, ¿quién puede comprarlas? Claro hay gente que con buenos negocios hace su dinero y puede gastarlo en lo que guste. No obstante, pienso de dónde sacó su dinero Víctor Valencia, que en paz descanse, y muchos otros políticos que no están haciendo bien su trabajo. Obviamente del dinero de la gente que paga impuestos, y en el consumo nadie se escapa de pagarlos. La empresa Yvasa obtuvo muchas ganancias de obras públicas que hizo mal y le fueron adjudicadas. ¿Cuántos medios se mantienen de la publicidad oficial? No es esto un tanto tramposo, en más de una ocasión se ha mostrado que se da dinero a páginas web que ni existen. Hay mucha gente que logra obtener grandes ganancias a través del lavado de dinero, el tráfico de drogas, de personas, de influencias, corruptelas etcétera. Estás personas y quienes obtienen muchas ganancias de trabajos legales son quienes pueden comprar bicicletas de veinte mil o sesenta mil pesos. Patrocinios por competencias y cosas así creo que es honesto… ¿o no? ¡Pinches competencias! Siguen sin gustarme.

Si la bicicleta fuera cualquier cosa, ¿quién la robaría? Pero si hay bicicletas tan caras, entonces robarlas y revenderlas puede ser un negocio lucrativo.

Una sociedad donde el costo demuestra que hay gente que no tiene para comer y otra que puede gastar sin problemas decenas de miles de pesos en una “bici”, hace evidente una desigualdad económica y social exagerada, deprimente y quiero pensar que injusta.

Si me robaron a Marcel Mauss, así se llamaba mi bici, porque existe un mercado de bicis muy caras al que sólo pueden acceder personas con mucho dinero, mientras otras batallan para comer, entonces vivo en una sociedad injusta, cruel, insensible y no escribiré culera porque luego dicen que soy grosero.

Si alguien ve a Marcel Mauss, díganle que la extraño. Pasamos infinidad de aventuras juntos, pero que me la robaran no me dio coraje, me dio mucha tristeza porque significa que tenemos mucho que hacer para que este mundo, esta sociedad, para que Juárez pueda ofrecer una vida digna para todos, todas… y todes.

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