Opinión

Cuatro vacunas contra la desinformación: después del supercierre

Fotografía: La Verdad

Concentrándose en el qué, cuándo y dónde, pero evitando el cómo y por qué, los problemas no se atienden de raíz y las decisiones gubernamentales en Chihuahua siguen huyéndole a estrategias bien fundamentadas, limitándose únicamente a la salud, la biología y lo programático, cuando la sociedad chihuahuense enfrenta múltiples crisis

Gabriel Alvarez Flores

Con la conclusión del famoso “supercierre” decretado por Javier Corral en Chihuahua, son varios los cabos sueltos e información al aire sobre la efectividad y justificación de esta medida extraordinaria que comenzó el jueves 5 de noviembre y que concluye dos semanas después. Una decisión que sin duda fue polémica por su severidad, así como por los diversos incidentes de varios tipos que ocurrieron en ella.

Por las ambigüedades de su conclusión y para prevenir la desinformación, pasamos a discutir lo que sabemos y no sabemos sobre los efectos de esta medida; algo necesario especialmente porque el gobierno estatal no tiene claro qué es lo que sigue en la estrategia estatal de salud, pues a pesar de que se llegó el término de las restricciones de movilidad, las autoridades estatales siguen trabajando para preparar las propuestas de nuevas medidas, menos severas, de continuidad (aún sin día exacto ni detalles de las posibles propuesta).

Las siguientes son vacunas informativas, podríamos llamarles, que nos preparan para entender cómo quedamos al término del supercierre, pero también para entender mejor lo que pueda ocurrir o argumentarse en un futuro cercano, para no ser presa fácil de la manipulación mediática, discursos fabricados o politizaciones del tema que nada tienen que ver con la realidad chihuahuense.

A continuación, sus cuatro dosis de inmunidad:

VACUNA 1: Decir que el supercierre ha sido exitoso es engañoso

Si bien la cantidad de hospitalizaciones disminuyó durante el supercierre (en algunos hospitales más que en otros), debemos recordar que los efectos de las medidas se observan de manera similar a como se observan los síntomas luego del contagio: Retardados. Si hubo menos ingresos hospitalarios en ese periodo no es precisamente porque la gente se contagiara menos durante el supercierre, sino porque antes de que se iniciara ya habían condiciones de menos contagios. Esto sería, durante el semáforo rojo, lo que nos puede dar indicio de que la medida del supercierre no tiene muchas diferencias o una gran ventaja frente a las medidas de semáforo rojo previo.

En cambio, si se le dice “exitoso” a cumplir el objetivo de restringir la movilidad (el nombre oficial del supercierre es “medidas para restrigir la movilidad”) entonces sí ha sido exitoso al cumplir su cometido, lo que nos lleva a una severa falla de la estrategia de salud pública por pandemia: Como tal,  la movilidad no es el factor de riesgo principal, puesto que el CONTAgio se genera por CONTActo, proximidad, cercanía, no por el desplazamiento o movilidad simplemente; circular no lo pone en peligro de contagio, sino estar en contacto físico, cercano y directo con otras personas. ¿Por qué es important e mencionar eso? Porque al parecer el gobierno del estado apostó grandemente a una medida así de drástica y central, que realmente sólo ataca factores secundarios y no el factor directo generador de contagio: La proximidad entre personas.

Debemos esperar al menos unos días luego de la terminación del supercierre para tener al menos una breve idea de sus efectos. Sin embargo, las medidas de confinamiento extremo de manera obvia bajan las cifras de contagio, pues si no hay nadie en los espacios públicos, no hay virus circulando pero tampoco hay sociedad; una lógica de separación para no-contaminación similar a la de experimentos de laboratorio. Pero la evaluación de esa dura medida respecto al costo (sacrificio y paralización de la vida económica, social, derechos, libertades, etc) y el beneficio (disminución de contagios, sin evidencia concreta de su eficacia) es el punto que las autoridades tienen la prioritaria responsabilizar de debatirse antes de ejecutar acciones como esas.

Por otro lado, pero no ajeno a la situación que se reporta por el supercierre, el envío de 2 hospitales móviles por el Gobierno Federal al estado de Chihuahua sumó 40 camas con respiradores, aumentando así la capacidad hospitalaria y de atención del estado desde antes del supercierre. Mencionar que ya no hay saturación hospitalaria al término del supercierre es una declaración engañosa, pues no se afirma con precisión si es por las nuevas camas o por una baja de contagios a raíz de dicha medida (que como ya mencionamos, su efectividad no se ve inmediatamente y los resultados de su primera semana pueden confundirse con los resultados del semáforo rojo). Igual de engañoso sería presumir el dato de “camas disponibles”, puesto que la liberación de camas de área de atención COVID-19 ocurre tanto por altas (recuperación) de pacientes como por los fallecimientos de pacientes, por lo que tener camas disponibles no es tal cual un indicador positivo sobre el desarrollo de la pandemia ni del éxito de medidas recientes.

VACUNA 2: El supercierre no termina precisamente por sus logros

Parte de esto se explica en el punto anterior, puesto que no hay suficientes pruebas (al momento de su conclusión) de que el supercierre haya sido exitoso para disminuir el alarmante número de contagios por el que se justificó su implementación: En un inicio de las restricciones de movilidad, las autoridades de salud explicaron que ese sería el primero de varios supercierres dada la situación crítica del estado, lo que de cierta forma contradice el motivo de su implementación (¿era experimental o era una medida a mayor plazo), o por otro lado, contradice el motivo de su cancelación al día de hoy. En ambos casos, presenta contradicciones con las propias posturas de las autoridades estatales.

Otro factor no menos importante es que la imagen política de Javier Corral ha estado en el ojo público nacional por las confrontaciones políticas durante este periodo y por su estrategia. Si bien en un inicio una amplia parte de la población chihuahuense consideraba necesarias y apropiadas estas medidas similares al toque de queda, fueron varias las voces públicas que se pronunciaron en contra durante su implementación, al considerarlas autoritarias y excesivas, violatorias de derechos constitucionales y en privilegio a ciertos sectores e industrias y desamparo de las pequeñas economías: Desde el presidente de México, diputados y senadores federales, representantes estatales de partidos (incluidos compañeros de su partido), la COMPARMEX y cámaras regionales de comercio, empresarios y tianguistas de diversas localidades, hasta los propios consumidores chihuahuenses, a raíz de las mayores aglomeraciones que en semanas anteriores, y un choque directo y continuo con el empresario Ricardo Salinas Pliego, dueño de Grupo Salinas (TV Azteca, Elektra, Banco Azteca).

Tras mantener oídos sordos a esos llamados y manteniéndose firme en sus medidas “endurecidas”, Javier Corral respondió que tales posturas vienen de grupos de interés confabulados con la 4T (Gobierno Federal actual), a pesar de que muchos reclamos vinieran de sectores ajenos a partidismos, actores no simpatizantes con el presidente o gente asociada a su propio partido. Esto, supuestamente, en el propósito de difamar y desprestigiar su autoridad estatal.

No es ningún secreto que el gobernador tiene una contundente fricción con Andrés Manuel López Obrador y su gobierno federal, por temas polémicos recientes como el agua de las presas en Chihuahua y la misión de su la Alianza Federalista en oposición a la autoridad federal. Pero con esa asociación tan irracional tampoco es muy difícil creer que, para no afectar más su imagen política, Corral prefiere atribuirse el éxito inventado que supuestamente tuvo el supercierre antes de aceptar que cometió una severa equivocación con el supercierre y que ahora tal medida se cancela por su ineficacia. Dejaría de verse como que sabe lo que hace, porque ¿cómo se ve un autoritario aceptando su derrota? No se ve, porque simplemente no pasa.

VACUNA 3: Los mensajes gubernamentales influyen directamente en el caos social.

Como ya he venido mencionado en otras publicaciones, la explosión irracional de movilidad urbana ocurre desde el momento en que el Gobierno de Chihuahua anuncia el aumento de las medidas restrictivas. Por ejemplo, a sólo una hora de anunciarse que al día siguiente se regresaría a semáforo rojo (23 de octubre), las filas de supermercados se dispararon en cuestión de una hora tras el anuncio y como no ocurría hace más de 5 meses. La situación se mantuvo más o menos igual por dos semanas, hasta que se anunció el supercierre (3 de noviembre). En consecuencia, la aglomeración y largas filas se han intensificado considerablemente y llegando cada día a nuevos records; ni siquiera en el momento inicial más crítico de desabajasto se veía lo que ha sucedido recientemente.

Pero en esta reciente ocasión, el término del supercierre fue anunciado por las autoridades desde el día lunes (para hacerse oficial el miércoles) y la tendencia de movilidad social ha ido favorablemente a la baja desde entonces, con un miércoles donde en muchos supermercados de la ciudad las largas filas desaparecieron, a pesar de seguir oficialmente en restricciones de supercierre. La gente probablemente perdió el innecesario sentido de urgencia y estrés al saber que a partir del jueves podrán abastecerse de víveres. Las medidas abruptamente anunciadas e implementadas, sin tiempo de reacción ni organización por parte de la población, además de ausentes de empatía para la población más vulnerable, sólo generan pánico que agrava las crisis y dificulta el respeto a las medidas de prevención contra el contagio. Además de las medidas en sí, cómo y cuándo lo digan las autoridades tienen un impacto relevante en las dinámicas sociales; de ahí la importancia de que toda estrategia y decisión tenga una dimensión de análisis social, no sólo médica.

VACUNA 4: Siguen las decisiones gubernamentales sin perspectiva ni análisis social

Como se recordó el miércoles en la transmisión oficial matutina, desde el inicio de la pandemia el Gobierno del Estado de Chihuahua instituyó un grupo de análisis del virus y la enfermedad, principalmente conformado por profesionales de las facultades de ciencias bioquímicas, ingeniería, zootecnia y ecología de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Este grupo utiliza bases de datos propias del estado, como las que pone a disposición Google para autoridades sanitarias sobre la movilidad en la ciudad, a fin de identificar las zonas en donde ocurren más contagios y desplazamientos. Su tarea primordial para con el gobierno es la de revisar la actualidad de la pandemia y realizar informes técnicos que ayudarán a la toma de decisiones en prevención, diagnóstico, tratamiento y manejo del virus y enfermedad.

Acorde a dicha información y sin mención de otras ramas y grupos de expertos, este equipo técnico de profesionales se limita a las áreas biológicas, que junto a los miembros del Consejo Estatal de Salud, no toman en consideración (al menos formalmente) la perspectiva y el análisis social para las decisiones gubernamentales, cuando la dinámica de contagio ocurre en sociedad y muchas veces por motivos y dinámicas sociales; vamos, que hasta conceptos popularizados por la OMS como “distanciamiento social” y “nueva normalidad” tienen de base a los conocimientos de las ciencias sociales.

Esta lógica de análisis sin profesionales del comportamiento y la sociedad, basada en datos de movilidad del contagio como insumo para las decisiones técnicas, coincide con las pasadas medidas aparentemente fallidas del supercierre que ponen como centro a la restricción de movilidad. El problema en ello es que las condiciones de la pandemia distan a estas alturas de ser únicamente un tema de movilidad y desplazamiento.

Concentrándose en el qué, cuándo y dónde, pero evitando el cómo y por qué, los problemas no se atienden de raíz y las decisiones gubernamentales en Chihuahua siguen huyéndole a estrategias sólidas y bien fundamentadas, limitándose únicamente a la salud, la biología y lo programático, cuando la sociedad chihuahuense enfrenta múltiples crisis que crecen a la par, y por ende, la visión compleja del problema y desde diferentes ángulos es obligatoria la ser eficaces.

Sobre aviso no hay engaño, y con estas dosis estamos armados para comprender mejor los sucesos y los mensajes sobre la pandemia en Chihuahua que ocurrirán en las próximas semanas. Después un supercierre que se creía una solución apropiada por las autoridades de Chihuahua, pero viendo que sumó muchas otras complicaciones, podemos ir haciéndonos a la idea de que, aunque el 2020 está próximo a terminar, el camino para salir de estas crisis no será corto ni sencillo. Pero de una u otra forma vamos entendiendo, con el tiempo y los errores, que lo más viable y menos dañino será seguir construyendo una nueva y segura normalidad sin perder de vista la previsión.

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Gabriel Alvarez Flores es estudiante de la Maestría en Trabajo Social por la UACJ. Su línea de investigación académica aborda el empleo y las juventudes, y se interesa por el análisis de las políticas públicas y sociales en México.

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