Opinión

El solfeo de Rosario

María del Rosario Robles Berlanga decidió exponer a sus cómplices en el desvío de miles de millones de pesos. Uno de los delitos que la mantienen en prisión y mostraron su cruel realidad: la abandonaron. Decidió cantar. Y en las notas del solfeo que viene el mensaje es: no se va hundir sola

Alberto Najar
Twitter: @anajarnajar

Durante más de un año se dijo víctima de una venganza política del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Acusó supuestas presiones de la Fiscalía General de la República (FGR) para que delatara a otros exfuncionarios vinculados con el desvío de miles de millones de pesos, uno de los delitos por los que permanece en la cárcel desde agosto de 2019.

Pero María del Rosario Robles Berlanga siempre se negó. No lo haría, insistió una y otra vez, porque nada tenía que decir. Hasta ahora. 

La exsecretaria de Desarrollo Agrario y de Desarrollo Social en el gobierno de Enrique Peña Nieto, cambió de opinión hace unos días.

Sus abogados anunciaron la decisión de buscar el beneficio de un criterio de oportunidad, la nueva figura legal para llamar a los testigos colaboradores en investigaciones judiciales.

La determinación se convirtió en el escándalo de la semana. Los abogados de Robles Berlanga anunciaron que el autor intelectual de los desvíos, conocidos como La estafa maestra, fue el poderoso exsecretario de Hacienda Luis Videgaray.

Fue él, dijeron, quien organizó las operaciones para contratar a decenas de empresas fantasma y utilizar el dinero en campañas electorales del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Así fue en el Estado de México en 2017, cuando fue elegido el actual gobernador Alfredo del Mazo. Las denuncias por gasto excesivo fueron la constante en el controvertido proceso.

El dinero también se habría utilizado para evitar el naufragio de José Antonio Meade, candidato oficialista a la presidencia de México. Fracasaron, por cierto.

Y además se enviaron recursos a otros procesos locales. Una vieja y conocida práctica entre los militantes del PRI y sus voraces imitadores, la gente del Partido Acción Nacional (PAN).

Es parte de la trama que revelaría Rosario Robles en su decisión de colaborar con la FGR. O de cantar, como se le llama a esta acción en el mundo policíaco.

Un anunciado solfeo que tiene nerviosos a muchos, sacudidos por las infidencias de otro polémico personaje, Emilio Lozoya. 

De hecho ya empezaron las sacudidas. Videgaray, desde Estados Unidos, mandó decir que él nada tiene que ver, y hasta pareció autonombrarse como el nuevo Villano Favorito.

Hasta ahora Meade guarda silencio aunque en algún momento tendrá que hacer algún pronunciamiento público.

Más allá del intercambio de acusaciones es conveniente recordar el origen del conflicto: 

Las partidas de donde se extrajeron los recursos: programas destinados para combatir la pobreza alimentaria y las enfermedades de millones de personas. Para los desayunos y becas de miles de niños, sobre todo en comunidades indígenas.

El dinero que se desvió son recursos públicos, lo cual ya de por sí es cuestionable. Pero es miserable hacerlo con el dinero de los más necesitados. Mezquino, poner en riesgo la vida de miles de personas.

Es conveniente recordarlo en estos días, cuando se repite una versión frecuente desde el 13 de agosto de 2019, especialmente en medios y entre periodistas beneficiados con dinero público de gobiernos anteriores:

Que Rosario Robles Berlanga paga una vieja afrenta con el presidente López Obrador.

Quienes defienden la tesis alegan que el delito inicial por el que se acusó a la exsecretaria de Desarrollo Urbano y de Desarrollo Social no ameritaba prisión preventiva.

Algunos inclusive reclamaron la identidad de uno de los jueces que atendió el proceso, cercano a la familia Bejarano-Padierna.

Y no han faltado quienes juran que la exfuncionaria en el gobierno de Enrique Peña Nieto enfrenta violencia de género.

Palabras. Rosario Robles no es una víctima. La definición de su estatus se acerca más a la de cómplice de una banda fallida, que en su desesperación empezó un proceso de ajusticiamiento interno.

Tardó más de un año entender su real circunstancia. Y en su nuevo escenario debe emprender un camino difícil, porque legalmente no basta su palabra para conseguir los beneficios legales que pretende.

Se necesitan pruebas, datos para acreditar que sólo cumplió órdenes, que los vergonzosos desvíos de dinero público fueron idea, obra y gracia de alguien más poderoso.

¿Tiene los elementos para conseguir beneficios en su proceso judicial? Está por verse. Hay, de entrada, elementos complicados: 

Si las filtraciones de sus abogados son reales, la percepción es que se trata de la continuación de una añeja vendetta, el pleito entre Miguel Ángel Osorio Chong y Videgaray, adversarios en la sucesión presidencial del gobierno pasado.

Rosario se la jugó con Miguel. ¿La dejaron sola en este proceso? Tal vez, pero era predecible. Es el momento del naufragio donde se escucha el desesperado grito de “¡Sálvese quien pueda!”.

Y aquí no aplica el clásico de que mujeres y niños van primero. Porque así son las bandas de delincuencia organizada. Porque ése es el estilo de la política donde Rosario Robles decidió participar, consciente, por voluntad propia.

Existe una frase atribuida a Pancho Villa para definir el trato a sus enemigos y, claro, el de su vida entera: el que los fierros agarra a los fierros se atiene.

Lo que viene es una carnicería. La desnuda claridad de una forma de entender la vida política, empresarial, de opinión pública y hasta del periodismo. 

Una idea más cercana a la ilegalidad que a la ética. A la comodidad del privilegio y corrupción antes que el bien común. Habrá que ver la danza de quienes se empeñan en defender este sistema. 

Se antoja una aburrida puesta en escena, los pasos ya ensayados, los viejos trucos del artista fracasado.

El innegable derecho al ridículo.

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