Opinión

Marisela Escobedo, la madre de Rubí Marisol

En medio de una justicia selectiva, la dignidad se presenta como el recurso más poderoso. La unidad como estrategia y fuerza de lucha social.   Y la memoria, como el mayor símbolo de exigencia de justicia

Imelda Marrufo Nava

Conversamos en el pasillo del salón hotel Fiesta Inn ubicado en la calle Paseo Triunfo de la República. Se llevaba a cabo el foro llamado Justiciabilidad convocado por legisladoras federales. Allí acudió Marisela Escobedo, invité a la madre de Rubí a exponer su caso, su hija fue asesinada por Sergio Barraza en 2008.

 Marisela se sirvió un café y yo otro, ambas conversamos por unos minutos. Dieciocho días más tarde, el 16 de diciembre del 2010, la asesinarían a las puertas de palacio de gobierno en la capital de Chihuahua.

César Duarte quedaría marcado como el gobernador que mandó retirar las velas y la placa aquellos lamentables días de luto.

El día que fuimos a manifestarnos por la liberación de Barraza Bocanegra fue el mismo día que varias defensoras presentamos el libro de Campo Algodonero. Nos congregarnos Norma Ledezma, María Elena Ramos, Lucha Castro, Andrea Medina, Julia Monárrez entre otras.

Marisela estaba acompañada de su hijo Juan, su familia y amistades que se encontraban en las oficinas de la representación de gobierno del estado.

Lucha me pidió que hablara con ella y le ofreciera asesorarla. Lo intenté, sin embargo, Marisela seguía en shock, aunque si pude hacerlo con otra de sus familiares.

Días más tarde, Gabino Gómez nos enteró que del Centro de Derechos Humanos de las mujeres (CEDEMH) fueron a encontrar a Marisela en una caminata que había emprendido hacia Chihuahua. Ellos pudieron hablar con la mamá de Rubí y brindarle su respaldo, también otras organizaciones se solidarizaron. El CEDEMH se convirtió en su coadyuvante y estuvo pendiente de Heidi, la hija de Rubí.

Tiempo atrás, antes de que absolvieran a Barraza, Marisela no había aceptado el apoyo que la organización Casa amiga le ofreciera. No tenía nada en contra de la organización social. Luego supe por ella, que tuvo una mala experiencia con una persona que le ofreció brindarle ayuda y la había defraudado.

Aquella vez que acompañé a Marisela a la reunión con el representante de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos tuvo la oportunidad de reclamarle a quien la había engañado, ante la mirada de quienes nos dimos cita en el Colegio de la Frontera Norte de Ciudad Juárez.

Marisela no se asumía integrante de grupo de víctimas o colectivo. Su cercanía la tuvo con Ricardo Alanís, padre de Mónica Janeth Alanís, víctima de feminicido, él era quien le convocaba para conversar en su casa. Allí se encontraba con Olga Esparza y acudía Norma Laguna. En algunas ocasiones tuve la oportunidad de que me sumaran.

Fue Bertha García, madre de Brenda Berenice Castillo, una de las madres de víctimas con quien Marisela construyó una relación más permanente.

Bertha tenía a su hija desaparecida, y junto con su hermano, acompañó  a Marisela en los recorridos para la búsqueda del prófugo Barraza.

En 2019, a través del periodista Marco Antonio Romero, el productor del documental Las tres muertes de Marisela se acercó conmigo y mis compañeras de Red Mesa para solicitar información para la investigación del documental de Netflix.

Supe que por motivos de tiempo mucha información no alcanzó a proyectarse en el documental. Durante los meses de mayo a diciembre del 2010 la madre de Rubí tuvo contacto con gente que seguramente tendrá muchas anécdotas que contar.

A 10 años del asesinato de Marisela permanece un contexto de violencia que cobra la vida de niñas y mujeres, de la misma edad que Rubí Marisol.

El Centro de Justicia para las Mujeres de Ciudad Juárez  (CEJUM) lleva el nombre de Marisela, su creación fue una lucha previa a la desaparición de Rubí,  y el impuso para que funcioné adecuadamente una lucha que continúa después del asesinato de su madre.

Queda para el recuento el avance del CEJUM como producto de una lucha social de las organizaciones.  El impulso de la Fiscalía Especializada de Género de Chihuahua otro avance, en el que mujeres como Norma Ledezma son voces rostros que permanecen insistentes. 

El caso que representó Red Mesa por el feminicidio de Karla Ivonne Pacheco tuvo sentencia condenatoria y el asesino está en prisión. Hay otros más similares a los que familias han tenido acceso a justicia, pero en proporción con los crímenes cometidos, son los menos.

La justicia tarda en llegar y Marisela fue asesinada pugnando por ella.

A 10 años del asesinato de Marisela la justicia sigue selectiva. Hoy vemos hasta a integrantes de partidos políticos evitando que se investigue a los suyos ante posibles actos delictivos. Intentan impedir a toda costa que conozcamos la verdad.

Primero el acceso al poder, la justica colocada como un accesorio que les estorba. Hoy se da protección a presuntos delincuentes con el manto de la impunidad.

10 años del asesinato de Marisela Escobedo y fue hasta este 2020 que se asignaron recursos significativos a la Fiscalía Especializada de Chihuahua.

Nosotras, como cada año vamos al panteón a limpiar la tumba de Marisela, le llevamos flores. En noviembre pasado la pandemia impidió que fuéramos a visitarla, pero ya regresaremos.

Rubí fue asesinada en un contexto de violencia contra las mujeres. Marisela, fue asesinada a la vista de todas y todos; y su asesinato quedó grabado.

En nuestra memoria están Rubí y otras muchas asesinadas como las victimas de feminicidio de Arroyo El Navajo en Juárez. Sus madres siguen unidas y permanecen en pie de lucha.

En medio de una justicia selectiva, la dignidad se presenta como el recurso más poderoso. La unidad como estrategia y fuerza de lucha social.   Y la memoria, como el mayor símbolo de exigencia de justicia que viaja por el tiempo al que no podrán matar.

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