COVID-19

Las consultas médicas, del consultorio a la atención a distancia

Imagen ilustrativa: Engin Akyurt / Pixabay

A raíz de la pandemia por el coronavirus, el servicio de consulta médica privada, al que se estaba acostumbrado a recibir de manera presencial, tuvo que adaptarse para mantenerse a la distancia la atención de los pacientes

Karen Cano / La Verdad

Ciudad Juárez –Hasta antes de la pandemia por COVID-19, José Rodela, médico general, dice que siempre atendió a sus pacientes en su consultorio, de manera presencial, pero desde hace casi 10 meses su actividad cambió y tuvo que adaptarse a dar consulta a la distancia.

Con ayuda de la tecnología pudo mantener el servicio a sus pacientes y garantizar a sus pacientes acceso a la salud o el seguimiento a sus enfermedades, en medio de una crisis sanitaria desatada por el coronavirus.

“Si nos vamos un año antes, yo no me imaginaba que iba a estar dando consultas por videollamadas, pero en el pico de la pandemia empezaba a consultar a las 7 de la mañana y terminaba a las 11, entre videollamadas, Whatsapp, lo bonito es la satisfacción de estar sirviendo”, relata el médico Rodela.

No es el único. El desafío de adaptar su actividad al ámbito virtual se extiende en la comunidad médica de la ciudad, donde algunos de sus integrantes también han retomado con más frecuencias las visitas a domicilio.

“Yo creo que la medicina a distancia es una herramienta, pero nunca va a sustituir lo tradicional (…) esto que estamos viviendo nos va a tocar contarlo a futuras generaciones porque es muy particular”, considera Raquel Olivas, de la mesa directiva del Colegio de Médicos Generales de Ciudad Juárez.

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Consultas por videollamada, aumento en los costos de insumos y jornadas laborales de más de 12 horas son parte de los retos que médicos familiares han tenido que enfrentar en esta pandemia.

Aunque no todos los pacientes son vistos a distancia, la atención presencial se deja para aquellos que requieren forzosamente alguna auscultación, o el uso de algún equipo médico; para poder atenderles, ahora los especialistas de la salud deben de utilizar más equipo de protección del que requieren normalmente, lo que les aumenta sus gastos para poder ofrecer el servicio.

Esto sin contar que, debido a las restricciones de movilidad y concentración generadas por la pandemia, la mayoría de los consultorios particulares han estado cerrados, poniendo en auge las consultas a distancia o las visitas domiciliarias. Estas últimas generan también gastos de transporte adicionales y hasta un mayor riesgo de contagio para los profesionistas, considera Edgar Ángel Hernández, médico general y fisioterapeuta.

“Yo cerré mi consultorio, lo tenía dentro de un gimnasio (…) Es un reto porque muchas veces por el área fisioterapeuta tenía los aparatos del gimnasio, ahora les tengo que poner ejercicios en casa, en lo que respecta a la consulta general debo estar comprando material de protección personal para estar haciendo las consultas, más que nada ese es el reto al que yo en lo personal me he estado enfrentando”, relata Edgar quien cuenta con 13 años de experiencia.

Ante la desconfianza, la telemedicina y redes de apoyos

Para el médico Lorenzo Soberanes, vicepresidente del área de salud de la Cámara Nacional de Comercio en Ciudad Juárez y presidente del Clúster de Turismo Médico en la frontera, uno de los factores que ha dificultado la pronta atención de COVID-19 es la falta de confianza que se tiene en las instituciones de salud, especialmente en las públicas.

Esto a su vez, ha generado que la población que no quiere ir a un hospital por miedo a no ser atendida correctamente, o porque los servicios se encuentran saturados, haya derivado en la búsqueda de médicos por consulta privada.

“Es esa desconfianza a las instituciones de salud que además se la ganaron ellas, porque sí, realmente han sido ineficientes en el manejo de la situación y no es por culpa del personal médico sino por cuestiones operativas”, declara.

El médico José Rodela, comenta que en un principio de la pandemia él intentó continuar con sus servicios de manera particular, combinándolos con los que ejerce al interior de un hospital de la localidad, todo de manera tradicional.

No obstante, en el avance y aumento de los casos, su actividad dentro del hospital fue puesta en pausa y terminó concentrándose en los casos que llegaban a él de forma externa, fue entonces cuando las cosas empezaron a cambiar.

“Todo empezó a ser por llamada telefónica, pero en ocasiones algún paciente con un pie diabético, alguna roncha, una herida que se estaba infectando era necesario ver que estaba pasando, al principio me mandaban fotografías, pero pensé que tenía que hacer algo más dinámico y es cuando empecé a atender por videollamadas”, explica, refiriéndose a su servicio durante la pandemia, que en esta ciudad se originó a mediados de marzo del año pasado.

“Es algo nuevo, nos estamos adaptando porque les da miedo ir a una institución pública, a una sala de emergencia donde saben que una hora antes, tal vez, quien estuvo ahí traía ya el problema”, agrega el médico que se las ingenia para hacer llegar recetas a sus pacientes, colocándolas en el exterior de su vivienda para que de ahí las recojan.

El termino designado para esta actividad en dónde los pacientes son consultados o tratados vía remota es Telemedicina, y aunque en otras partes del mundo es una modalidad ya muy popularizada, en este país ni siquiera se cuenta con una regulación oficial al respecto.

“Todavía no está muy legislada esta situación, porque para la consulta ordinaria tenemos la Norma Oficial Médica, que nos dice que datos debe llevar la consulta, la exploración, pero en cuestión de videollamadas no está nada legislado y uno lo había escuchado como algo muy lejano, saber que este o tal colega había iniciado a realizarlas”, explica Raquel Olivas, que lleva nueve años como médica.

Existe un documento electrónico llamado Cédula de Instrumentos Jurídicos aplicables a la práctica de la Telesalud en México. Mismo que fue realizado la por Secretaría de Salud, y el Centro Nacional de Excelencia Tecnológica en Salud; cuya última actualización fue realizada en diciembre del 2019.

En el mismo, se indica que la Telesalud no es excepción a la regla y que esta práctica “se debe apegar a la normatividad aplicable y al momento histórico de nuestro país; por tanto, en su práctica diaria debe apegarse al marco normativo como cualquier otra actividad en el ámbito de la salud”.

De esto también habla el proyecto de la PROY-NOM-036-SSA3-2015, en el que desde hace cinco años instituciones de salud públicas y privadas estuvieron señalando la necesidad de una regulación específica en este campo, misma que hasta ahora no se ha desarrollado.

“No está uno enclaustrado, aunque no estamos atendiendo en persona a los pacientes, estamos en coordinación, apoyándonos, estoy un grupo que se llama Médicos y si en un momento dado alguien necesita una medicina extra nos lo comentamos, nos compartimos alguna experiencia, nos damos cuenta cuando un compañero se enfermó”, explica el médico José Rodela.

Abunda en que también esta misma comunicación les permite saber en qué sitios podría haber cupo en caso de un paciente requiera atención hospitalaria de inmediato, y les permite contactar de manera rápida a algún especialista en caso de que se requiriera por la complicación de cualquier enfermedad.

“Tampoco hemos parado en la capacitación continua, se han habilitado plataformas para continuar con sesiones mensuales, la capacitación ha estado muy bien y a través de los grupos informales donde comparten evidencias de artículos, experiencias personales, las redes de apoyo entre nosotros, ha sido muy buena”, considera Raquel Olivas.

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Aumentan cargas de trabajo y costos de insumos

Aunque con la consulta a distancia los detalles de cómo dar una receta o recibir un pago por el servicio aún se pueden resolver, se han implementado estrategias de envíos digitales y haciendo transacciones bancarias; aunque los entrevistados aseguran que existen cuestiones más básicas que competen al diagnóstico y no siempre pueden ser sorteadas.

La médica Raquel Olivas, quien además también labora al interior del Instituto Mexicano del Seguro Social, combina la atención remota con la presencial, priorizando el primer contacto de manera tradicional.

“En lo personal sigo haciendo visitas domiciliarias, la primera consulta necesito ver al paciente para poder auscultar sus pulmones y verificar su estado, para saber en qué momento estoy tomando al paciente, si al inicio o ya complicado, para armar un plan, ya lo subsecuente puede ser por mensaje, videollamada, todo lo que han sido revaloraciones”, relata.

Concentrada en su trabajo al interior de la Unidad de Medicina Familia 48, desde hace dos años que dejó de trabajar en un consultorio externo, aunque quedó con una lista de pacientes los cuales son quienes de manera ocasional le había solicitado servicio.

Cuenta que de esta forma podía atender a unos 4 pacientes al mes, en virtud sobretodo de corresponder a la confianza que estos mantenían depositada en ella.

“Pero aumentó exponencialmente la necesidad de la población y en lo personal fue de que ya no te puedes negar, claro qué si te da miedo, pero dices: voy bien protegida, sigo mis protocolos, vamos a continuar” dice la médica que le ha tocado atender hasta a 40 pacientes por mes, todos por COVID-19 positivos o sospechosos”.

Para las revaloraciones, dice, da una “pequeña capacitación” al familiar de paciente o al cuidador, le indica que parámetros debe de estar midiendo y le pide se los esté informando cada 8 horas a través de mensajería o llamadas.

Para ella, lo principal ha sido la protección a través de material como caretas y cubrebocas, además del frecuente lavado de manos. Todo esto genera gastos que en la actividad anterior a la pandemia no se tenían contemplados, y con el aumento de la demanda, también aumentan los precios.

Edgar Ángel Hernández comenta que antes un cubrebocas N95, el cual debe ser utilizado no más de 45 horas, y que es el que se utiliza para la protección contra el virus, antes podía costar alrededor de 30 pesos; ahora no baja de 100; lo mismo va para diversos insumos, aumentado así el costo total de la consulta.

“Varía mucho dependiendo de las consultas, pero en promedio, a domicilio, por paciente te gastarás unos 200 o 300 pesos de puros insumos, más aparte la gasolina y ya si es un paciente con COVID-19, pues tienes que muchas veces verlos en una fase aguda, usar un overol y luego un respirador, googles” cometa el médico, que asegura también carga con un aspersor con desinfectante para su sanitización constante.

No bajar la guardia

De marzo y hasta el corte de la última semana de diciembre de 2020, al menos 36 médicos han fallecido en el estado a consecuencia del COVID-19, según datos de la Secretaría de Salud Estatal.

La misma dependencia informó que hay unos 4 mil 899 contagios registrados entre el personal de salud, 714 son médicos.

“Yo no sé en qué momento me contagié si siempre me protejo”, apunta Lorenzo Soberanes, desde el último día de su incapacidad laboral.

Su padecimiento fue detectado durante la tercera semana de noviembre, y según comentó, sus previsiones pudieron hacer que el mismo lo detectara de forma oportuna, por lo que se aisló de inmediato y ha terminado su periodo de incapacidad la última semana de diciembre, ya dando negativo al virus.

Para él no era algo inesperado, pues dedicado a la medicina laboral, trabaja dentro de una empresa maquiladora, dónde la atención ya no sólo se brindaba a los trabajadores, también a sus familiares.

Todo esto es muy atípico, pues en un día de trabajo normal si atendía 4 pacientes eran demasiados, dice. Ahora con la pandemia llegó a atender hasta 25 pacientes diarios, entre trabajadores y familiares.

Cuenta que por andar en algunas gestiones en el Seguro Social se contagió. “Es parte de lo que tenía que suceder por la exposición a riesgo, no hay de otra, lo que no sé es que momento baje la guardia, siempre uso una careta, cubrebocas y todo el tiempo seguí las reglas, pero no sé en qué momento pude haberme contagiado”.

Señala que, durante la pasada pandemia, la de la Influenza H1N1 ocurrida en México a finales de abril del 2009, entre los médicos quedó establecido el protocolo de no saludar de mano, así como la premisa de la extrema higiene; sin embargo, nada de lo ocurrido entonces les hubiera preparado para lo que acontece en la actualidad.

“La situación es que aquí si me ha tocado ya pacientes que murieron estando como vulnerables (…) pacientes asintomáticos, que son quienes han propagado el virus. Luego veo a las personas pasar por la farmacia, sin cubrebocas, sin tomar la sana distancia. Uno como médico quiere atenderlos porque es la vocación de servicio, pero todo eso pone el riesgo nuestra vida”, dice.

“Esta enfermedad llegó para quedarse por lo que no hay que bajar la guardia y debemos seguir extremando nuestras precauciones, todos nos hemos enfermado o nos vamos a enfermar”, agrega.

laverdadjz@gmail.com

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