Crónicas de Juárez

El asesinato de Madero

¡Bájese usted de una buena vez, carajo!, gritó el mayor de rurales Francisco Cárdenas… Eran las 10 de la noche del 22 de febrero de 1913, Francisco I. Madero, junto a José María Pino Suárez, fue asesinado luego de ser obligado a renunciar a la presidencia de México

Juan de Dios Olivas / Especial para La Verdad

A empujones e insultos aquel hombre de estatura pequeña, barba de piocha estilo francés, frente abultada y ojos expresivos, fue obligado a bajar del automóvil Protos, de manufactura alemana, tras ser trasladado a espaldas de la penitenciaría de Lecumberry, en la Ciudad de México.

¡Bájese usted de una buena vez, carajo!, gritó el mayor de rurales Francisco Cárdenas, quien un día antes había prometido torcerle el cuello a ese enano “que bastantes males ha hecho al país”.

Segundos después dos disparos rompían la quietud y terminaban con la vida de aquel hombre.

Atrás del vehículo, en un automóvil de lujo, Packard, que por años sería el preferido de la clase política mexicana, fue obligada a descender otra persona que fue acribillada sin misericordia de 13 balazos, cuando intentó escapar de la muerte y pedir auxilio.

Eran las 10 de la noche del 22 de febrero de 1913, Francisco I. Madero y José María Pino Suárez eran asesinados tras ser obligados a renunciar a la presidencia y vicepresidencia de México tres días antes. Mañana se cumplirán 108 años de ese crimen.

La escena es reconstruida por el escritor Ignacio Solares en forma novelada utilizando fuentes históricas, en su libro “Madero, el otro”.

Con estos asesinatos ordenados por el general Victoriano Huerta, la Constitución de 1857 pasó a ser letra muerta.

Al día siguiente se iniciaría en el país la etapa más sangrienta de la Revolución Mexicana, que culminó cuatro años después con la promulgación de la nueva y actual Carta Magna.

Huerta intentó cuidar las formas legales para llegar al poder, obligó al presidente y vicepresidente a renunciar y Pedro Lascuráin Paredes, el secretario de Relaciones asumió conforme el artículo 81 de la Constitución de 1857.

La Cámara de Diputados aceptó las renuncias en ejercicio de sus facultades, que le conferían el artículo 82 de la Constitución y el Poder Judicial, el ejército y los gobernadores de los Estados, excepto uno, reconocieron que el régimen nuevo continuaba sin interrupción el sistema de legalidad.

El nuevo presidente interino nombra a Huerta secretario de Gobierno y posteriormente renuncia para permitir que el militar asuma como Ejecutivo de la Nación, señala el investigador Daniel Barceló Rojas, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM en el compendio denominado “De la Caída de Madero al ascenso de Carranza”, editado con motivo del centenario de la Constitución por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones en México (INEHRM).

“En efecto, las formalidades constitucionales se habían observado impecablemente. Ni Madero ni Pino Suárez tuvieron la entereza de eludir la complicidad en la traición, negando sus renuncias; ni la Cámara de Diputados, donde había mayoría adicta a Madero, tuvo la gallardía de rehusar su aprobación a las renuncias. Todos colaboraron a colocar el puente por donde el traidor entró a la legalidad. Por eso el gobierno de Huerta no fue de usurpación (en el sentido jurídico)”, refiere.

Sin embargo, Huerta violó el marco constitucional, establece uno de los análisis recopilados por el investigador Daniel Barceló Rojas, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM en el compendio denominado “De la Caída de Madero al ascenso de Carranza”, editado también con motivo del centenario de la Decena Trágica y el Centenario de la actual Constitución, por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones en México (INEHRM).

La aprehensión del presidente y del vicepresidente Francisco I. Madero y José María Pino Suárez fue ejecutada sin orden emitida por juez competente, como lo establecía la Constitución de 1857.

“No se respetó el debido proceso legal. No hubo proceso alguno de suspensión de la inmunidad procesal penal de la que goza el presidente de la República por disposición constitucional, argumentos que se extienden asimismo al vicepresidente”, indica.

Señala que las renuncias de Madero y Pino Suárez enviadas al Congreso de la Unión fueron obtenidas por medios violentos —vicio de voluntad que las invalida de pleno derecho.

Ambos se encontraban bajo amenaza de muerte, así como de grave peligro sobre la República consistente en una potencial invasión de los Estados Unidos.

En el proceso de ascenso de Huerta se violó el fuero constitucional de un número de diputados leales al orden constitucional y al presidente Francisco I. Madero, quienes fueron aprehendidos sin orden judicial por órdenes del militar golpista y más grave aún fue que se perpetraron asesinatos selectivos de diputados maderistas como medida adicional de intimidación.

Otra violación fueron las convocatorias a sesión extraordinaria de las cámaras del Congreso de la Unión emitidas por Huerta y no por el presidente de la República, o a petición de las propias cámaras, en clara violación al ordenamiento normativo parlamentario.

Adicionalmente la sesión de la Cámara de Diputados no tuvo quórum legal; se apersonaron diputados suplentes a los que se contó para efecto del quórum y se omitió la convocatoria a elecciones extraordinarias para elegir presidente como ordenaba la Constitución inmediatamente después de verificada la ausencia absoluta del presidente y vicepresidente.

Las violaciones a la Constitución de 1857 fueron advertidas por las legislaturas de Coahuila y Sonora que señalaron que ni Pedro Lascuráin ni Victoriano Huerta asumieron por medios legítimos, por lo que los “desconocen” como tales, y ordenaron a los Ejecutivos de sus respectivos estados emprender la defensa del orden constitucional de la República.

El golpe de Estado fue rechazado de inmediato y generó una mayor convulsión en el país y se inicia una etapa sangrienta que culminaría el 5 de febrero de 1917 cuando se promulgó la nueva y actual Constitución Política de México, pionera en el mundo en incorporar los derechos sociales de los ciudadanos, que fueron postulados por quienes participaron en la primera Revolución del siglo XX.

Quienes la impulsaron, iniciaron la lucha la mañana del 26 de marzo de 1913 encabezados por Venustiano Carranza y su secretario particular, el capitán Alfredo Breceda, quienes redactaron en la Hacienda de Guadalupe en Ramos Arizpe, Coahuila, el llamado Plan de Guadalupe.

Ese mismo día, los jefes principales que lo siguen, firman el documento e inicia la segunda etapa de la lucha armada, la constitucionalista, para exigir la restitución del orden legal.

A mediados de julio del año siguiente los constitucionalistas logran sacar a Huerta del poder tras la batalla de Zacatecas en la que el general Francisco Villa resultó triunfador.

Sin embargo, pronto habría de desatarse una lucha armada entre villistas y zapatistas contra carrancistas, por diferencias irreconciliables.

En cuna de oro

El 30 de octubre de 1873, en la hacienda del Rosario, en Parras de la Fuente, Coahuila, nació Francisco Ignacio Madero, en el seno de una familia acaudalada que poseía una de las 10 fortunas más grandes del país.

Su padre, Francisco Madero, casado con Mercedes González, era hijo de Evaristo Madero, un empresario con negocios en Nuevo León y Coahuila, quien desde 1852 había iniciado en Monterrey con un próspero negocio de transportes. El caudal económico le generó una fuerte posición política que lo llevó a gobernar Coahuila entre 1880 y 1883, pero tras concluir su mandato, regresó a sus negocios.

A los 12 años, Francisco ingresa al colegio jesuita de San Juan, en Saltillo, donde permanece un año, ya que es enviado junto con su hermano Gustavo, al Saint-Mary’s College, en Saint Mary, cerca de Baltimore en Estados Unidos.

En 1887 sus padres lo enviaron a Francia, en compañía de Gustavo, para ingresar al Liceo de Versalles de París.

Al concluir sus estudios en 1892, visita Bruselas, Amberes, La Haya, Ámsterdam y Colonia, y después decide regresar a México.

En ese periodo conoce a Sara Pérez de Romero, quien se encontraba internada en el colegio de religiosas de Notre Dame, en San Francisco y con quien se casaría en 1902.

Francisco I. Madero junto a su esposa Sara

Madero candidato

Tras declarar Porfirio Díaz al periodista James Creelman que estaba dispuesto a dejar el poder y que México estaba preparado para celebrar elecciones, sin que se produjeran revoluciones, asonadas o levantamientos, e incluso que apoyaría la formación de un partido político de oposición, Madero lanzó el libro “La Sucesión Presidencial en 1910. El Partido democrático”.

En ese libro, Madero señalaba que la transformación que necesitaba el país debía restringirse a la lucha democrática por la libertad, la justicia, la participación y la representación, de manera pacífica y mediante la organización de un partido político que levantara las conciencias del pueblo.

Así, a finales de 1908 se empezó a reunir con Juan Sánchez Azcona, Heriberto Barrón, Francisco P. Sentíes y Benito Juárez Maza, con miras a fundar el Partido Democrático.

Después se les unirían profesionistas, intelectuales y periodistas independientes y el 22 de mayo de 1909 en la calle de Tacuba 78, en la capital del país, fundarían el Centro Antirreeleccionista de México.

En una primera gira, del 18 de junio al 11 de julio de 1909, visitó Veracruz, varios puntos de la península de Yucatán, así como Tampico y finalmente Monterrey; en la segunda gira, recorre su natal Coahuila; en la tercera, del 23 de diciembre de 1909 al 19 de enero de 1910, viaja a Querétaro, al Bajío y de la costa del Pacífico. También viaja a Ciudad Juárez, Chihuahua y Parral.

En su cuarto viaje, del 20 de marzo al 2 de abril de 1910, acude a Zacatecas, recorre la parte central del norte del país, y termina en Guanajuato.

En las principales ciudades del país, convoca a una reunión en la Ciudad de México y funda el Partido Nacional Antirreeleccionista, el cual lo postula como candidato a la Presidencia de México, llevando como formula al doctor Francisco Vázquez Gómez.

De gira, en cada ciudad la gente le apoya y siente seguro el triunfo; pero cerca de celebrarse las elecciones, Madero es detenido en Monterrey acusado de “ultrajes a la autoridad” y “conato de rebelión”.  Después es llevado a la cárcel de San Luis Potosí.

De esa manera, Porfirio Díaz se quitaba del camino al único candidato que amenazaba su poder y obviamente, resultaba ganador en las elecciones.

Camino a la Revolución

Desde su celda, donde fue recluido junto con Roque Estrada el 21 de junio de 1910, Madero fue testigo en carne propia del fraude electoral y comenzó a redactar el borrador del Plan de San Luis.

La madrugada del 6 de octubre de 1910, Madero, con ayuda de su hermano Gustavo, escapa de la Penitenciaría y se dirige a cruzar la frontera para refugiarse en San Antonio, Texas, donde ya era esperado por su esposa Sara y sus familiares.

Francisco I. Madero con sus familiares

Ese mismo día, junto con sus colaboradores Federico González Garza, Juan Sánchez Azcona, Enrique Bordes Mangel y Roque Estrada, revisan el borrador del Plan de San Luis y redactan el documento final.

En tanto, su hermano Gustavo viaja a Nueva York a comprar armas y conseguir fondos para la lucha armada convocada para las 18:00 horas del 20 de noviembre de ese año.

Desde el hotel Hutchins, en San Antonio, Francisco I Madero organiza la rebelión, el acopio de armas y pertrechos y prepara la ruta a seguir, llevando como principal objetivo la toma de ciudad Porfirio Díaz.

“Tengo absolutamente resuelto que la Revolución estalle el día 20 de noviembre (domingo) y me parece muy conveniente que usted y don Emilio o por lo menos usted, acompañado con su familia se venga a unir conmigo a territorio americano. En este caso mi proyecto será declarar a usted vicepresidente provisional de la República, así como yo me voy a declarar Presidente Provisional con facultades para declarar la guerra, pero con especial obligación de convocar a elecciones generales a los dos meses de terminada ésta”, escribía Madero al doctor Vázquez Gómez.

Madero tenía el ofrecimiento de su tío Catarino Benavides de tener listos 400 hombres que lo esperarían en la frontera, pero el 20 de noviembre al cruzar la frontera de Coahuila, junto con un puñado de sus seguidores, nadie lo esperaba.

Horas después, aparece Benavides, pero sólo con 10 hombres, por lo que ordena retirada y regresa a San Antonio pensando que el plan había fracasado y que el pueblo no había reaccionado como se esperaba.

Sin embargo, Chihuahua comenzó a arder con Pascual Orozco y Francisco Villa. Entonces Madero decidió regresar al país y ponerse a la cabeza del movimiento. En El Paso, Texas, establece un centro de mando y  cruza a México la noche del 13 de febrero de 1911.

En Casas Grandes, lidera el primer combate y aunque es herido y derrotado, es el último en retirarse del campo de batalla.

De ahí, se reúne en la hacienda de Bustillos con Villa y Orozco y parten a Ciudad Juárez, donde el 8 de mayo, mientras se inician las negociaciones con el gobierno de Porfirio Díaz, se inicia sin su autorización el combate que le daría el triunfo y expulsaría al dictador del país.

Sin embargo, la paz estaba lejos de lograrse, Madero “había desatado al tigre” y tiempo después también caería bajo sus “garras” al ser asesinado, dejando al país envuelto en la más sangrienta guerra que ha enfrentado desde la lucha por la Independencia.

***


(Fuentes: Alan Knight, La Revolución Mexicana; Pancho Villa, Fiedrich Katz; Martín González de la Vara en Breve Historia de Ciudad Juárez y su región; Francisco R. Almada y Armando B. Chávez en Visión Histórica de la Frontera Norte de México; Luis Aboites, en Breve Historia de Chihuahua; www.inehrm.gob.mx; www.sedena.gob.mx)

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