COVID-19

De médico a paciente: su batalla con el COVID

En 21 días, Pablo Rascón sobrevivió al coronavirus. Pasó del asilamiento en su casa a una Unidad de Cuidados Intensivos donde permaneció seis días intubado, en condición crítica. Ahora ha retomado su vida y la atención a sus pacientes. ‘La vida sigue’, dice.

Texto: Rocío Gallegos / Fotografías: Gabriela Minjáres / La Verdad

Como médico Pablo Rascón Ortiz ha estado muchas veces en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) para salvar la vida de sus pacientes, pero nunca había permanecido en ella como enfermo en condición crítica hasta que se contagió de coronavirus.

“¿Dónde me contagié? No lo sé”, dice el especialista en coloproctología –la parte de la medicina que estudia las enfermedades que afectan al colon, al recto y al ano– al repasar las actividades que realizó los días previos a la manifestación de los síntomas en su cuerpo.

Lo único que recuerda es que trabajó en quirófanos de varios hospitales privados. Realiza cirugías en al menos cuatro en la ciudad.

“Por muchos cuidados y precauciones que tenemos (como médicos) pues realmente llega el momento en que en que las precauciones resultan insuficientes” comenta Pablo, de 46 años, al contar su historia como un sobreviviente de COVID-19.

Una de las cosas que dice más le sorprende es cómo de la noche a la mañana pierdes la salud, “se puede perder en cuestión de fracciones de segundos, en cuestión de muy poco tiempo”.

“Esta es sin duda la situación más difícil que he vivido, en cuanto riesgo y cuanto al deterioro de mi estado de salud”.

Por su experiencia, confirma que con el COVID, como con cualquier otra enfermedad, no hay absolutos. “No soy fumador, no soy diabético yo no tengo ninguna comorbilidad, o sea, digamos en lo teórico era un paciente que debía haber curado sin problemas”.

Enfermó el 14 de octubre, sus síntomas eran leves “sin dificultad respiratoria, con lo que casi todo el mundo empieza, con pérdida de olfato, fiebre, dolores musculares o sea un cuadro infeccioso común”.

Una prueba de diagnóstico de coronavirus le confirmó su autodiagnóstico: positivo a COVID-19. Una tomografía (TAC) que se realizó en sus pulmones también demostraba rastros de la enfermedad.

Entonces Pablo se aisló en su casa, donde vive con su esposa y su hijo, de menos de dos años. Pasó una semana bastante llevadera, cuenta, “ya estaba cantando victoria, decía si esto es el coronavirus que bueno que me toco light”.

Pero su historia estaba lejos de eso. La segunda semana empezó a tener “dolores de cabeza insoportables” y fiebre de hasta 40 grados “que no podía contrarrestar ni con dosis casi tóxicas de paracetamol”.

“Estaba llegando a ese límite de tiempo donde se suponía que la enfermedad ya se debería haber terminado y exactamente a los 9 días, la fiebre y el dolor de cabeza me rebasaron”, narra.

Con esos síntomas acudió a urgencias del hospital donde tiene su consultorio. Pidió que lo internaran, pero se topó con la incredulidad de sus compañeros que, dice, en un principio se resistieron a hospitalizarlo.

“Me decían no te ves tan mal, estás saturando oxigeno arriba de los 90”, recuerda, “pero yo me sentía muy mal”.

Lo que vivió después fue casi vertiginoso. Tras su insistencia lo hospitalizaron el 23 de octubre y dos días después ya estaba intubado en cuidados intensivos.

“Tuve una evolución digamos en espiral, o sea mis síntomas escalaron, mi falla respiratoria se agudizó y en cuestión de 2 días me desplomé”, dice Pablo, quien permaneció intubado seis días.

Ese tiempo estuvo totalmente inconsciente, sedado. “No tengo un solo recuerdo de esos días de intubación, pero he ido recreando la evolución de esos días por medio del testimonio de mi hermano, de mi esposa, de mis colegas, de la gente que estuvo al tanto de mi evolución”.

En una libreta anotó: “este día entre al hospital, este día me intubaron, este día me extubaron, este si me acuerdo (lo pasó), este día no”.

Por la información que le han compartido sabe que el miércoles siguiente a su hospitalización fue el día que tocó fondo, donde sus parámetros ventilatorios estaban muy elevados, su presión arterial estaba en el piso. Era un paciente en condición muy crítica.

Al sexto día intubado su condición cambio. Despertó.

“Me deteriore muy rápido, pero tuve la suerte también de recuperarme muy rápido y me retiraron del ventilador el viernes 30 de octubre o sea estuve intubado aproximadamente de domingo a viernes” dice revisando los apuntes donde ha recreado sus días con el COVID.

“Desperté desorientado, no sabía que había pasado, cuántos días habían trascurrido, desperté muy débil, me sentí adelgazado, perdí 12 kilos de peso, en unos cuantos días, me di cuenta que estaba en el hospital, donde tenía mi último recuerdo, entonces empecé a recapitular preguntando a las personas que estaban a mi alrededor qué había pasado”.

Pablo se fue recuperando poco a poco. Dice que estaba muy debilitado, por lo que duró otros días en terapia intensiva, para recuperarse. No recibía visitas y extrañaba a su esposa y su hijo. El 3 de noviembre regresó a su casa.

Conforme pasaron los días y con la ayuda de personas que estuvieron al pendiente de él pudo recrear los momentos que vivió en el hospital por el COVID-19, los lleva anotados en una libreta.

Así pudo enterarse que su nivel de oxigenación bajó hasta 70, que tuvo una crisis de agitación mental, también que enfrentó una especie de brote psicótico, por lo que tuvo un fenómeno violento con sus colegas que lo atendía, provocado como un efecto secundario de los medicamentos.

“Me han explicado que tuve una reacción violenta y hasta me da risa porque yo lo he visto en algunos pacientes”, comenta, “entonces cuando los médicos nos convertimos en pacientes a veces nos cuesta trabajo estar en ese otro lado”.

Afortunadamente ganó la batalla al virus.

“Sentí como una especie de alivio, me dije ‘de la que me salvé’, no podía creer que hubiese estado yo en una condición tan grave”, reflexiona, “si se genera esa sensación de qué grave estuvo, que cerca estuvo… pude no haber regresado”.

Le tomo un mes recuperarse, todo noviembre.

De vuelta a su consultorio y a la atención de sus pacientes, Pablo dice que está agradecido con el equipo médico que lo atendió porque se siente recuperado, fuerte.

Comenta que físicamente se siente muy bien, trabaja al 100 por ciento, “me recuperé totalmente”.

Solo lidia con el impacto emocional que aún le genera angustia por el hecho de que existe la posibilidad de que pueda volver pasar por esto de nuevo.

Aunque trata de no pensar en la posibilidad de volver a contagiarse, se cuida y trata de dormir más, de comer saludable y de descansar, advierte, que nunca va a poder controlar esa exposición al virus, aunque no atiende a pacientes COVID.

“Siempre les digo a mis pacientes: ‘la salud es lo más frágil que tenemos y no está garantizada’…me convertir en víctima de mis propias palabras”.

Ahora, dice “me siento muy agradecido y me siento muy afortunado de haber sobrepasado esta enfermedad”.

“La vida sigue”, afirma Pablo, mientras se alista para continuar con la atención de sus pacientes.

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