COVID-19

Ni las restricciones en la frontera frenaron el trasiego de drogas

Flujo de vehículos de Ciudad Juárez hacia El Paso, Texas, por el puente Paso del Norte-Santa Fe. Fotografía: Rocío Gallegos

Los grupos del crimen organizado se adaptaron a las circunstancias generadas por las medidas implementadas para contener la propagación de COVID-19 entre Estados Unidos y México, con la diversificación de sus patrones de operación mantuvieron el tráfico de drogas entre Ciudad Juárez y El Paso

Rocío Gallegos, Verónica Martínez, Gabriela Minjares / La Verdad

Ciudad Juárez– Las restricciones de movilidad terrestre impuestas por Estados Unidos en su frontera con México por el COVID-19 trastocaron la dinámica de estudiantes, turistas, compradores, trabajadores, formales e informales, y de miles de comercios, pero no detuvieron el tráfico de drogas entre Ciudad Juárez y El Paso.

Los grupos del crimen organizado se adaptaron a las nuevas circunstancias, superaron el cierre que provocó la disminución temporal del paso de cargamentos y el acumulamiento de este lado de la frontera, con la diversificación de sus patrones de operación.

Lograron su objetivo de cruzar las drogas con la sustitución de sus ‘pasadores’ mexicanos por estadounidenses y aumentaron el trasiego por áreas despobladas entre Anapra y San Jerónimo, así como por el Valle de Juárez, donde no hay puentes y hay poca vigilancia.

También, recurrieron a una nueva figura que emergió a mediados del 2020 dentro del crimen organizado: “el corredor”, una persona externa a la estructura de un cártel, que trafica la droga de manera independiente para distintos grupos y obtiene un porcentaje de las ganancias.

La entrada de drogas a Estados Unidos no se detuvo, se desaceleró al principio de la pandemia, obviamente los grupos delictivos hicieron algunos ajustes para modificar sus operaciones, dice Kyle Williamson, agente especial de la Administración de Control de Drogas, (DEA, por sus siglas en inglés), encargado en el sector de El Paso.

“Sabemos que los carteles continúan afinando sus capacidades”, afirma.

En esto coincidió Jorge Nava, fiscal del Distrito Zona Norte de la Fiscalía de Chihuahua, quien comenta que los cárteles buscaron la manera de lograr su objetivo: que la droga cruce hacia Estados Unidos y el cierre parcial de la frontera desde el 21 de marzo de 2020 “poco los detiene”.

Sobre las drogas estancadas, Nava dice que se observó principalmente durante los primeros meses de la implementación de la medida, lo que hizo a los grupos aumentar la venta de drogas al menudeo de este lado de la frontera.

Esta situación representó un desafío para las autoridades, porque aseguran que es la causa directa de un incremento en las adicciones, en el narcomenudeo y del repunte de homicidios en las calles de Ciudad Juárez.

En contraste, en El Paso se mantuvo el mercado de la droga sin resentir los efectos del estancamiento temporal al inicio de las prohibiciones en los cruces. La medida solo tuvo un impacto directo en el tráfico de dinero hacia México, por lo que grandes cantidades permanecen en territorio estadounidense, de acuerdo con la DEA.

Mientras el crimen organizado superó los obstáculos, los usuarios de drogas en ambos lados de la frontera enfrentaron un panorama adverso: el confinamiento, las dificultades económicas y emocionales frente a una mayor cantidad de droga a su disposición, que desataron una tormenta perfecta que incluso llevó a muchos a recaer, de acuerdo con personas que atienden a adictos.

Escena de crimen cerca de la frontera entre Ciudad Juárez y El Paso. Fotografía: Rey R. Jauregui

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Los estragos provocados por las restricciones impuestas en la frontera se resintieron casi de inmediato en Ciudad Juárez, una de las principales rutas para el trasiego de drogas.

De entrada, advierte la Fiscalía General del Estado (FGE), la ciudad se convirtió en un almacén de todo tipo de sustancias que a lo largo del último año se han dispersado en las calles bajo nuevos métodos, lo que disparó la violencia.

“Se ha quedado aquí mucha de la droga en las ciudades fronterizas, eso trae como consecuencia un mayor número de adictos, sobre todo jóvenes, porque la droga se sigue comercializando, si no es en Estados Unidos es aquí”, dice el fiscal Jorge Nava.

Jorge Nava Fiscal en la Zona Norte

En medio de este escenario, la Fiscalía destaca que la delincuencia ha mutado y las drogas ya no se venden al menudeo en lugares fijos como ocurría anteriormente, sino que ahora se ha extendido en las calles y se distribuye a domicilio cuando los usuarios hacen pedidos vía telefónica.

Para la DEA, esta nueva tendencia de distribución de drogas en las calles de Ciudad Juárez es preocupante, porque podría regresar a los escenarios de violencia ocurridos hace poco más de una década.

“Nunca habíamos visto esto y estamos muy preocupados de que esta distribución de micro nivel en Juárez pueda traernos de vuelta a una situación como la de 2010 o 2009”, explica Kyle Williamson, agente especial de la DEA en El Paso.

La distribución de la droga a consecuencia del acumulamiento que hay en la ciudad también ha provocado que haya una dispersión en el consumo de todo tipo de sustancias a nivel local.

María Elena Ramos Rodríguez, directora del Programa Compañeros, menciona que anteriormente había una especie de línea geográfica que delimitaba los sectores por el tipo de sustancia que se consumía, lo que dejó de ser visible en medio de la pandemia.

“Ahora vemos que esa línea cada vez es menos fija y que en sectores como el centro, en colonias viejas de Juárez, ahora se está consumiendo cristal también; y en sectores del nuevo Juárez, que se consumía cristal, ahora se está consumiendo también heroína, eso es lo que estamos apreciando”, expone.

Esta situación la atribuyen a que hay más droga en la ciudad, como lo detectaron al atender a unos siete mil adictos el año pasado.

Aun cuando las autoridades presumen que una cantidad no determinada de droga se encuentra estancada en la ciudad y aumentó la oferta en las calles, el mercado de Estados Unidos sigue siendo el principal objetivo.

Por ello, agrega el fiscal Nava, si bien el tráfico transfronterizo de drogas se interrumpió durante unos dos meses y medio después de las restricciones, al poco tiempo se reactivó con nuevos métodos y rutas para lograr el cometido “a como diera lugar”.

Menciona, por ejemplo, que han detectado que las estructuras del crimen organizado ahora buscan a los ciudadanos norteamericanos para cruzar las drogas a Estados Unidos, ya que ellos no tienen restricciones de movilidad en los cruces fronterizos.

“Este es uno de los principales fenómenos que nos deja el cierre de los puentes, que ahora hay más personas de nacionalidad norteamericana involucradas en esta dinámica delictiva para poder ingresar la droga hacia Estados Unidos”, dice.

Este patrón se ve reflejado en las estadísticas de personas detenidas en Ciudad Juárez por la presunta comisión de delitos contra el narcomenudeo en los últimos dos años.

Datos oficiales de la FGE indican que, en comparación con 2019, el año pasado se registró un aumento del 55 por ciento de estadounidenses detenidos por delitos relacionados con el narcomenudeo en la zona norte del estado.

La Unidad Especializada en Delitos contra el Narcomenudeo reporta la detención de 68 personas nacidas en Estados Unidos durante el 2020, 24 más que en el 2019 cuando se detuvieron a 44.

El fiscal Nava menciona que también han encontrado casos de estadounidenses que vienen a la ciudad para comprar droga para su consumo personal y buscan cruzarla por los puentes.

Otra novedad, revela el fiscal Nava, se presenta con la aparición de nuevas figuras que operan en la cadena del narcotráfico, a los que identifica como “corredores” y que tienen la característica de ser personas que no forman parte de ningún grupo delictivo, sino que trabajan de manera independiente.

“¿Cuál es la función de ellos? Recibir un cargamento de drogas a determinado grupo delictivo y llevarla bajo su responsabilidad hacia determinada ciudad de Estados Unidos, en algunos de los casos son ciudadanos americanos, pero es gente que ya se dedica a ello”, detalla.

Agrega que a estas personas las identificaron a mediados del año pasado, cuando registraron detenciones de estadounidenses con cantidades considerables de droga, principalmente sintéticas como el fentanilo y el cristal.

“Estas personas lo que nos dicen es: ‘yo no trabajo para ningún grupo, mi función es de corredor’; y bueno, explícame qué es ser corredor: ‘a mí me pagan personas de algún grupo delictivo o personas que trafican la droga de manera independiente, para que yo la pueda llevar hasta Estados Unidos, por eso me pagan un porcentaje de lo que yo cruce, pero yo le puedo cruzar droga al cártel de Jalisco, al de Sinaloa, al de Juárez’, esta también es una nueva modalidad”, dice.

Otra situación que han identificado como una consecuencia de la restricción de cruces en los puentes internacionales es que ahora hay un mayor tráfico de drogas en los sectores de Anapra hacia San Jerónimo y el Valle de Juárez, áreas que se han convertido en zonas de conflicto porque también son utilizados por la delincuencia organizada para el tráfico de personas.

Por ello, a un año del cierre de la frontera, el fiscal Nava considera que el tráfico de drogas de México a Estados Unidos sigue intacto.

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En esto coincide la DEA. En su reporte anual documenta que las operaciones de organizaciones criminales transnacionales de drogas no se vieron significativamente impactadas por las restricciones fronterizas implementadas ante la pandemia de COVID-19.

El cierre de los cruces internacionales tuvo un impacto en la importación de droga desde México solamente en los meses de marzo, abril y mayo, afirma Williamson. Esta tendencia fue también señalada por otras agencias consultadas, como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), así como Aduanas y Protección de Fronteras (CBP).

En febrero del año 2020 CBP decomisó 5 mil 607 libras –más de 2.5 toneladas– de sustancias controladas en los puertos de entrada entre El Paso y Ciudad Juárez. Con las restricciones de movilidad, para marzo se desplomó el aseguramiento de drogas casi un 50 por ciento, a 2 mil 596 libras –1.1 toneladas–.

La disminución continuó en abril y fue en mayo cuando se registró la cifra más baja con mil 473 libras –arriba de media tonelada–.

Este desplome coincidió con las primeras semanas de la implementación de las restricciones, para junio el panorama fue distinto.

“Ahora, todas las agencias de orden público en la frontera, estamos viendo un incremento significativo (en el tráfico de drogas) y ya estamos excediendo los totales (de decomisos) de los años fiscales 2019 y 2020. Eso no es normal”, dice Williamson.

En lo que va del año fiscal 2021 –de octubre a febrero–, CBP reportó el decomiso de un total de 7 mil 108 libras –3.22 toneladas– de metanfetaminas, cocaína, heroína y fentanilo en la frontera entre El Paso y Ciudad Juárez.

Esta cifra es casi equivalente a los decomisos del año fiscal 2020, cuando aseguraron 7 mil 176 libras –3.25 toneladas–. En 2019 incautaron 3 mil 617 libras –1.64 toneladas–.

En lo que va del año fiscal 2021, el fentanilo es el que registra el mayor crecimiento de decomisos entre Juárez y El Paso, seguido de la cocaína, la heroína y las metanfetaminas, de acuerdo con reportes de CBP.

Las autoridades estadounidenses también reportan que las restricciones terrestres en la frontera dificultaron el contrabando de dinero hacia México. En consecuencia, grandes cantidades monetarias permanecen en el sur de Estados Unidos en espera de su traslado a territorio mexicano.

Escena de crimen en la zona centro de Ciudad Juárez. Fotografía: Rey R. Jauregui

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Aunque fue un año atípico en el mercado de las drogas en Juárez y El Paso, las restricciones por el coronavirus generaron condiciones que dispararon el consumo de narcóticos y aumentaron los adictos en ambos lados de la frontera.

La demanda de drogas creció por la ansiedad que trajo una nueva forma de vida a partir de la pérdida de empleo, los efectos físicos y mentales del confinamiento y el distanciamiento social obligatorio por la pandemia.

“El estrés de estar en el encierro o del contagio probable, nos hace caer en una situación de estrés constante y eso puede llegar a ser un factor disparador para el consumo de sustancias”, dice Lizeth Gutiérrez, coordinadora de la Comisión Estatal de Atención a las Adicciones (CEAADIC) en la Zona Norte.

Esto se reflejó con un aumento en el número de personas que grupos de atención a adictos reportaron en el último año, como el Programa Compañeros que registró un 20 por ciento más en su servicio.

De acuerdo con una encuesta sobre el consumo drogas levantada por el Fideicomiso para la competitividad y Seguridad Ciudadana (FICOSEC) al 2019, en Ciudad Juárez hay 53 mil usuarios frecuentes.

Aunque el fiscal Nava estima que hay un 30 por ciento más de adictos que no aparecen en registros de detenciones, ni de investigación y tampoco han estado sujetos a un proceso de rehabilitación.

En El Paso se reportan también más adictos, pero principalmente más consumidores que en el último año han recaído en medio de la crisis por el COVID.

“La pandemia sí tuvo afectación en las personas que estaban en recuperación de adicción de alguna droga o de alcohol, porque el estrés, el desempleo y la crisis que enfrentamos agravan la situación y muchos vuelven a recaer”, dice Guillermo Valenzuela, director operativo de Aliviane, una organización sin fines de lucro que ofrece servicios de rehabilitación y prevención de adicciones.

La situación desató en ambos lados de la frontera una crisis en la atención de consumidores de drogas tanto en los servicios médicos como en centros de apoyo, por las limitaciones que se impusieron ante la pandemia.

Las nuevas disposiciones para prevenir el coronavirus y el temor al contagio provocaron una menor oferta de tratamiento para los consumidores de droga aunque había un mayor número de adictos, expone María Elena Ramos, de Compañeros en Juárez.

Algunos centros cerraron, otros limitaron su capacidad, otros trasladaron sus terapias a plataformas digitales a las que no tienen acceso los adictos y algunos más pedían la prueba de COVID para otorgar el servicio.

Tan solo en los establecimientos residenciales de atención a las adicciones registrados ante la autoridad en Ciudad Juárez reportaron una caída en sus pacientes al pasar de 5 mil 700 en 2019 a 5 mil 400 el año pasado.

En El Paso, Michael Jiménez, director del Centro Victoria ubicado en la zona centro, dice que el COVID también hizo más difícil ayudar a los adictos. “Ahora tienen que hacerse una prueba y entre el momento que deciden pedir ayuda al momento en que consiguen hacerse la prueba mucha gente no vuelve. Ahora en vez de recibirlos directamente tenemos que referirlos a otro lugar para que se revisen”.

El panorama representa un desafío al cumplirse un año de las restricciones en los cruces de la frontera, porque el trasiego de drogas, el narcomenudeo y las adicciones son señalados por las autoridades como la causa de la violencia en esta frontera que en el 2020 dejó mil 646 asesinatos.

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Esta contenido fue producida como parte de Puente News Collaborative, una asociación binacional de organizaciones de noticias en Ciudad Juárez y El Paso, de la que forma parte La Verdad

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