COVID-19

Pese al impacto del COVID en la frontera, Estados Unidos y México poco hicieron para trabajar juntos

Un flujo constante de peatones cruza el Puente Internacional Paso del Norte hacia Juárez en octubre de 2020. Ambas ciudades estaban lidiando con un enorme aumento de casos de COVID-19 en ese momento. Fotografía: Corrie Boudreaux/El Paso Matters

Molly Smith / El Paso Matters

Cuando el presidente de México viajó a la Casa Blanca el verano pasado, Verónica Escobar, representante de la Cámara de Representantes, urgió al presidente Donald Trump que pusiera como prioridad en las discusiones una respuesta binacional al coronavirus.

Pero aquel tema no surgió durante su conversación el 8 de julio, 2020, según la lectura de su primera reunión en persona desde el inicio de la pandemia.

El virus era un destello en los comentarios públicos proferidos por Trump y Andrés Manuel López Obrador como para marcar el comienzo de un acuerdo comercial revisado. “También hemos colaborado en la lucha contra el coronavirus”, dijo Trump, notando que los Estados Unidos había enviado a México 600 ventiladores, con más destinados a llegar.

Cuando se les preguntó a los expertos y a autoridades locales cuáles fueron los esfuerzos federales realizados para controlar la propagación del virus en comunidades que se extienden de ambos lados de la frontera de EEUU–México, señalan un solo esfuerzo: las restricciones fronterizas, vigentes desde el 21 de marzo, 2020, principalmente por instancias del gobierno estadounidense.

“Yo le di la alarma al gobierno de Trump desde muy temprano, pero no podía ser más claro que el expresidente no tenía una estrategia nacional”, dijo Escobar, refiriéndose a su insistencia por mantener protegida la región de El Paso-Juárez. La estrategia de él, agregó, fue la de “rendirse ante el virus”.

Ausente una estrategia binacional de salud pública, las comunidades fronterizas de Texas, las cuales tienen algunos de los índices más altos de pobreza y grandes números de residentes sin seguro médico, estuvieron entre las comunidades más golpeadas por el virus. Desde el primero de julio, los condados de El Paso e Hidalgo han tenido los índices de mortalidad más altos por COVID-19 de todos los condados urbanos de la nación.

Una enfermera de ambulancia ajusta la máscara de oxígeno de una paciente mientras esperan para saber si se le concederá el ingreso al Hospital General en Juárez en noviembre de 2020. Fotografía: Corrie Boudreaux/El Paso Matters

Autoridades de salud en Chihuahua y en Texas han reportado más de 5 mil 300 muertes en la región de El Paso-Juárez, que alberga 2.2 millones de personas – una población algo menor a la del condado Harris, que es el doble en extensión.

“Esto es lo que ocurre cuando no nos consideramos realmente una sola región que comparte lo bueno y lo malo, y cuyas necesidades apuntan a los niveles más altos de gobierno, dijo Escobar.

Inexistentes las agencias de cooperación

Pese a que los países tienen en común una frontera de 2 mil millas de largo, la falta de colaboración binacional no es ninguna sorpresa, dijo Tony Payán, director del Centro para Estados Unidos y México del Instituto de Políticas Públicas Baker de la Universidad Rice, en Houston.

“Trump no creía, realmente, en colaborar con otros países”, dijo. Trump y López Obrador comparten una perspectiva similar en cuanto al coronavirus, con minimizar públicamente su severidad, con rechazar las mascarillas y con seguir realizando asambleas políticas, incluso después de que ambos contrajeran el virus. Estados Unidos tiene el mayor número de muertes por COVID-19, mientras que México ocupa el tercer lugar.

La colaboración binacional se vio impedida por agencias coordinadoras mal financiadas e inexistentes, dijo Payán, señalando el cierre en 2014 de la oficina de campo de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud en El Paso, cuyo enfoque era las enfermedades infecciosas en la región de la frontera.

“Cuando desmantelas las organizaciones que podrían haber tenido los recursos, el presupuesto, el personal, el conocimiento y la sabiduría organizacional para sentarse y considerar a fondo la pandemia, sus patrones y qué hacer al respecto, no tendría que sorprender que las ciudades y la población fronteriza se quedaron solas”, explicó Payán.

Residentes de Juárez esperan comprar oxígeno en octubre de 2020 para sus familiares enfermos con COVID-19. Los hospitales de Juárez estaban casi a su capacidad y el oxígeno se había vuelto escaso en la ciudad. Fotografía: Corrie Boudreaux/El Paso Matters

Escobar busca con ahínco mayor financiación para la Comisión Fronteriza de la Salud Estados Unidos-México, la cual depende del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) y ofrece “el liderazgo necesario para desarrollar acciones coordinadas y binacionales”, para mejorar la salud por toda la región fronteriza, según su página web.

El gobierno de Trump “paralizó” la sección estadounidense de la comisión, dijo Eva Moya, profesora asociada de sociología en la

Universidad de Texas en El Paso. La oficina de la comisión en El Paso ha perdido personal y la comisión estuvo sin administrador durante gran parte de la pandemia, dijo.

Es escasa la información sobre las actividades y niveles de financiación de la comisión. HHS no respondió a solicitudes para entrevistar a los miembros de la Comisión Fronteriza de Salud.

El doctor José Manuel de la Rosa, rector y vicepresidente de servicios de extensión y participación comunitaria del Centro de Ciencias de la Salud de El Paso de la Universidad Texas Tech, dijo que no pudo expresarse en su rol como miembro de la comisión. Ha servido en la comisión desde que fuera nombrado por el presidente George W. Bush en el 2003.

La coordinación binacional se ha dado mayormente a nivel local, con compartir información entre autoridades locales, universidades y organizaciones sin fines de lucro, explicó.

“No veo presencia de liderazgo alrededor de la frontera entre EEUU y México”, dijo Moya. “No veo programación conjunta con nuestras contrapartes de México”.

Este mes, Escobar volvió a presentar un proyecto de ley que dirige que la comisión desarrolle un plan estratégico binacional para determinar cómo la frontera “debería fortalecer su respuesta al COVID-19, con énfasis en las pruebas, la trazabilidad de contactos, y otras medidas de prevención y control de las infecciones”. El proyecto de ley también dirige a la comisión a crear un plan para la distribución de la vacuna por toda la región fronteriza.

Esfuerzo locales están limitados en ambos lados de la frontera

Secretario de Salud del estado de Chihuahua, Eduardo Fernández, recorrió los sitios de vacunación masivos del Centro Médico Universitario de El Paso de UTEP el mes pasado para aprender de las mejores prácticas.

UTEP ha aceptado compartir su software para la registración y las citas para la vacuna con autoridades de la salud de Chihuahua para acelerar el despliegue de la vacuna en Juárez.

Funcionarios de Salud del estado de Chihuahua visitaron la clínica de vacunación en la Universidad de Texas en El Paso, el 22 de febrero, para aprender sobre las mejores prácticas para prepararse cuando hay un suministro constante de vacunas en México. Fotografía: Angela Kocherga/KTEP Public Radio y El Paso Matters

El despliegue de la vacuna en México ha sido lento, obstaculizado por escases y demoras en el suministro. Ha logrado vacunar a los que trabajan en la atención médica y ahora se enfoca en las personas mayores de 60 años.

Las autoridades en El Paso se vieron limitados en su capacidad de crear una estrategia cohesiva de salud con sus contrapartes en Juárez, dijo el juez del condado de El Paso, Ricardo Samaniego.

“El momento en el que hubiéramos entrado en un enfoque regional, entonces habríamos podido crear pautas regionales – no se puede, realmente, crear pautas regionales con tan informal relación frente a la lucha contra el COVID-19”, opinó.

Durante el verano, el entonces alcalde de Juárez, Armando Cabada, pidió ayuda al alcalde de El Paso y al juez del condado con abastecer a su ciudad con materiales para las pruebas, pero restricciones federales impidieron que El Paso lo hiciera, al igual que con otras provisiones médicas.

Con limitaciones en las pruebas al público, y pruebas privadas fuera del alcance de muchos, lo que hizo Juárez fue enfocarse en una campaña de prevención.

Si bien en algunos momentos las medidas contra el coronavirus de cada ciudad fueron reflejo la una de la otra, discreparon después que el gobernador de Texas, Greg Abbott, privó a las autoridades locales de su capacidad de imponer restricciones contra las empresas.

El impacto de las restricciones al cruce de la frontera

El cierre de la frontera terrestre entre EEUU y México al tránsito “no esencial” ha sido una medida fallida para limitar la propagación del virus, según los expertos.

Siguen cruzando libremente los ciudadanos y residentes permanentes de Estados Unidos y también los que tienen visa de trabajo. Si bien el número de personas que cruza no está en los niveles previos a la pandemia, son decenas de miles las personas que cruzan por mes, tanto así que cuando entró en auge el número de casos de infección en el otoño, el alcalde de Juárez imploró al gobierno de México – sin éxito – que prohibiera que los ciudadanos estadounidenses entraran al país por razones “no esenciales”.

Escobar tiene esperanza que el gobierno de Biden adopte medidas binacionales válidos para eliminar el virus a lo largo de la frontera. Se sintió alentada por la solicitud que hiciera López Obrador por ayuda en obtener vacunas cuando se reunieron los presidentes virtualmente el primero de marzo.

“Me parece que dio un buen paso el presidente de México al reconocer que debemos colaborar”, dijo Escobar. “Pero sí quiero que México haga prioridad de (vacunar) las comunidades fronterizas, porque si vamos a ayudar a nuestro vecino, mi perspectiva es que la ayuda tiene que inundar las zonas donde estamos más estrechamente entrelazados”.

El jueves la Casa Blanca dijo que los Estados Unidos tiene pensado prestar 2.5 millones dosis de la vacuna AstraZeneca a México. Aquella vacuna aún no ha recibido aprobación para uso en Estados Unidos.

El gobierno de Biden ha dicho que compartirá excedentes de vacunas con otros países una vez que todos en Estados Unidos estén vacunados.

Más allá de compartir vacunas, Estados Unidos tendrá que volver a construir los canales de comunicación y coordinación binacionales, dijo Moya.

“Las enfermedades y sus riesgos no conocen fronteras – viajan a su antojo, surten impacto a su antojo y matan a su antojo”, dijo. “En términos de la salud, es posible que tengamos una oportunidad increíble para cooperar, colaborar y comunicarnos”.

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Este contenido fue producido como parte de Puente News Collaborative, una asociación binacional de organizaciones de noticias en Ciudad Juárez y El Paso, de la que forma parte La Verdad

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