Crónicas de Juárez

El niño trompetista de Pancho Villa

Rafael Mendez tenía entre 9 y 10 años de edad cuando cautivó a Francisco Villa por la forma de interpretar las melodías que a él le gustaban más; el menor se convirtió en el cornetista oficial que tocaba las ordenes que el fiero general emitía a sus soldados durante sus batallas

Juan de Dios Olivas / Especial para La Verdad

En tiempos de la Revolución Mexicana, la familia Méndez, como muchas, otras fue arrastrada al conflicto bélico. A diferencia de las demás, no se unió  para empuñar un fusil y asesinar enemigos, sino para tocar la música que más le gustaba al general Francisco Villa y para alegrar a las tropas.

Los Méndez, entre los que se encontraba el pequeño Rafael, de apenas 8 años, eran músicos originarios de Jiquilpan, Michoacán, a quienes un día de 1914, después de celebrada la Convención de Aguascalientes, el centauro del norte los escuchó interpretar Las Tres Pelonas y decidió llevárselos.

Estaban las tres pelonas
Sentadas en una silla
Y una a otra se decían:
¡Que viva Francisco Villa!

Estaban las tres pelonas
Sentadas en un sillón
Y una a la otra se decían:
¡Que viva Álvaro Obregón!

Rafael, quien nació el 26 de marzo de 1906, rondaba los 6 años de edad cuando su padre Maximinio, un maestro de violín y mandolina, para amenizar fiestas de su pueblo organizó una orquesta con los miembros de su numerosa familia, integrada por 15 hijos y su esposa, Irene Arceo Gálvez.

Siendo el cuarto de los hijos, Rafael aprende a tocar la trompeta, el único instrumento que por su estatura podía manipular en ese entonces.

Cierto día, Villa los escucha y decide que irían con él. Hace que toquen todas las tardes para que sus tropas se alegren y hasta decreta una tregua en el campamento para escucharlos.

Después de tres meses de andar en “la bola”, el general promete a la familia Méndez dejarlos regresar a su pueblo, pero pidió que se quedara Rafael, el pequeño trompetista, refiere Alejandra Rosas Olvera, autora del libro ‘Rafael Méndez: Homenaje al trompetista mexicano’.

“El tenía entre 9 y 10 años de edad, porque desde que lo conoció, quedo cautivado por la forma de interpretar las melodías que a él le gustaban más y entonces por un periodo de entre 3 y 6 meses se queda solamente él acompañando a Pancho Villa durante sus batallas”, refiere la investigadora.

Así, el pequeño se convierte en el cornetista oficial que tocaba las ordenes que el fiero general emitía a sus soldados.

Villa y sus dorados

En cierta ocasión, cuando Villa le pide que amenice con una canción, Rafael no puede usar su corneta, debido a que estaba embarrada con miel de abejas, que con el sol se derrite e impide que la toque, por lo que el general enfurece y la estrella contra el suelo, luego se arrepiente y le manda comprar una nueva.

El niño también tenía su carácter. Un día se atrevió a decirle al general Villa que se iría a las tropas enemigas, porque “allá tienen muy nueva orquesta y yo quiero tocar con ellos”.

La furia del general no se hizo esperar, de inmediato lo mando al paredón donde fue colocado frente a un pelotón de fusilamiento. Al montar tiro los soldados verdugos, el general los interrumpe preguntándole al niño si todavía quería irse y si no había cambiado de parecer.

Todavía no terminaba de hablar cuando el pequeño trompetista contesto de inmediato que quería quedarse, de acuerdo con una anécdota que él mismo músico narró décadas después.

El jefe de la División del Norte tuvo compasión y un día cuando se preparaba para entrar en combate con sus trompas, decidió enviarlo de vuelta a casa y escoltado para que no se fuera a la orquesta del otro bando.

De vuelta en casa, su padre se opone a que toque la corneta porque tenía la creencia que desarrollaría tuberculosis, por lo que se escondía para tocar el instrumento.

En una anécdota de su niñez, recopilada por el historiador Ricardo Lugo Viñas y difundida en la revisa Relatos e Historias en México, el músico recuerda los años cuando aprendió a tocar.

“A los ocho años ya me estaba volviendo un problema en nuestra pequeña casa, habitada por mi familia numerosa. Mi madre, como buena irlandesa, pensó sin duda que yo era el ser que soplaba más fuerte y tenía el mejor sonido. Mi ambición, lanzada por este cumplido, me llevó a escalar una pequeña montaña cerca de la casa con mi cornetín en la mano, para darle serenata a todo el mundo”, recuerda.

En la cima de la montaña, señala, tocó con todas las fuerzas de su corazoncito de ocho años, luego inició el descenso hasta llegar a la mitad del camino, donde se había instalado su hermano menor para disfrutar del concierto.

“Bajar el cerro siempre es agradable y yo iba feliz pensando en que para ese momento seguro yo ya era famoso entre las multitudes que me habían escuchado en el pueblo. Ahí recibí mi primera lección sobre los efectos que el viento y el espacio tienen sobre el sonido. Mi hermanito me recibió diciéndome: ‘¿Y por qué no tocaste?’. Después de esta experiencia frustrante, mi orgullo se redujo y durante más de un año tuve que soportar el apodo que me puso mi padre: “El pianísimo Méndez”.

En 1918, Rafael se separó de su familia y comenzó a trabajar como músico en las carpas de circos Atayde, Alegría y Modelo, acompañando los actos de gimnasia artística y recorriendo el país.

En el 1920 regresa a Jiquilpán, a la Orquesta de su padre, y un año después se une al Ejército, el que deja en 1926 después para viajar a Estados Unidos, donde en Gary, Indiana, trabaja en minas de acero antes de mudarse a Flint, Michigan. Ahí, en 1926 trabaja en una fabrica de la automotriz Buick, donde se acomoda en la orquesta de la misma empresa, tocando la trompeta.

***

En una tienda de instrumentos musicales Rafael prueba una trompeta a insistencia del dueño del negocio, justo en el momento en que Russ Morgan, director de la orquesta del teatro Capitol, lo escucha casualmente y lo contrata como trompetista solista por 125 dólares semanales.

Con la orquesta de Morgan recorre Estados Unidos entre 1927 y 1937, y actúa en programas de televisión y radio, como en el del famoso Bing Crosby.

Rafael Méndez también trabajó con la orquesta del teatro Fox, con orquestas alemanas y latinas y comenzó a ganar dinero para enviar a su familia en México y comprar dos autos.

En esa etapa transcribe música para trompeta de piezas clásicas para violín y piano, de gran dificultad interpretativa, como obras de Paganini, Brahms o Haydn.

Su virtuoso dominio le permite interpretar lo mismo pasodobles que música popular de mariachi y sonecitos, jazz y música clásica, en orquestas o como solista que lo hacen diferente del resto de los trompetistas y se proyecta más a la fama.

Se convirtió en un showman, compositor, intérprete y arreglista, señala la investigadora Alejandra Rosas, en su libro ‘Rafael Méndez: Homenaje al trompetista mexicano’.

En Detroit, el músico de Michoacán trabaja para la orquesta del teatro Michigan y en 1934 aprende en una feria la técnica de respiración circular que lo ayudaría a perfeccionarse y alcanzar una mayor fama de virtuoso.

También es contratado en Los Ángeles por la Mutual Broadcasting System Orchestra. Y por la Metro-Goldwyn-Mayer Studios (MGM). El éxito continúa al firmar con Peleayz Records y adquirir en 1940 la ciudadanía estadounidense.

Con Decca Records graba como solista 154 álbumes y vende millones de discos de acetato y en las década de 1950s fueron numerosas grabaciones y transmisiones radiales y pasaba todo el año de gira en presentaciones, campamentos de verano, dando clases y clínicas.

Su carrera musical comenzaría a declinar a partir de 1956, cuando sufre ataques de asma y bronquitis y comienza a cancelar conciertos y después de 1964 decide retirarse por dos años.

Graba con una técnica nueva llamada multi-track que le permite grabar, separadamente del resto del acompañamiento, el disco Together con Almeida y Concerto for Méndez.  En esos años hizo famosas sus versiones de Moto perpetuo de Niccolò Paganini y su arreglo para la pieza Jesusita en Chihuahua, de Quirino Mendoza, que fue utilizada en la película Holiday in México (1964), dirigida por George Sidney.

Introdujo el gusto tanto en México como en Estados Unidos por los pasodobles y los clásicos del repertorio musical español, particularmente con la pieza La Virgen de la Macarena, original de Bernardo Bautista Monterde.

La investigadora Alejandra Rosas señala que también fue el primer ejecutante que tocó un programa completo con solos de trompeta en el Carnegie Hall de Nueva York en 1964, meca de los enormes artistas del mundo.

En su esplendor daba 280 conciertos al año por todo Estados Unidos, Europa, China, Japón y Argentina. Dirige la orquesta en programas de radio y televisión y participa en películas de Disney siendo su música la más importante de los estudios de Hollywood en su época.

En1967 graba en España con la sinfónica de Madrid varios discos y ese mismo año sufre un accidente en un partido de beisbol, donde le dan un batazo en la cara que le provoca fracturas y la perdida de dientes.

El virtuoso de la trompeta fallece un 15 de septiembre de 1981 en Los Ángeles, California, tras una vida de triunfos y en su honor se colocó una estrella en el paseo de los inmortales de Hollywood.

“El mejor del mundo”, fue considerado por la prensa internacional y era puesto por encima de figuras como Louis Armstrong.

Algunas de las interpretaciones de Rafael Méndez las puedes escuchar aquí

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Fuentes: Ricardo Lugo Viñas en Rafael Méndez, el más grande Trompetista, Relatos e Historias de México; Héctor Rodríguez Espinosa, La biografía olvidada de Rafael Méndez, el mejor trompetista del mundo; Rafael Méndez: Homenaje al trompetista mexicano, en fonoteca nacional.gob.mx; Músicos latinos que han abierto puertas… Rafael Méndez, en http://musinetwork.com/.

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