Opinión

Una violencia extrema creciente

Mientras socialmente los ataques con ácido a las mujeres y otras violencias machistas se invaliden, nieguen, oculten o ignoren, la violencia feminicida continuará avanzando con el aliciente de la impunidad

Celia Guerrero / Twitter: @celiawarrior

Entre las violencias machistas y feminicidas más crueles e invisibilizadas —y cada día más recurrentes en México— están los ataques con sustancias corrosivas o ácidos que producen no solo dolor inmediato a las víctimas, sino que quienes los idean y realizan pretende un daño de por vida a partir de la desfiguración del rostro y cuerpo de las mujeres, con consecuencias a la salud física y emocional permanentes, o en ocasiones la muerte.

Carmen Sánchez, quien sufrió un intento de feminicidio de este tipo por parte de su expareja en 2014, en el Estado de México, y que durante años ha tenido contacto con otras víctimas como ella en toda la República, recién creó una fundación que lleva su nombre, enfocada en la atención de estos casos. 

En su página de Facebook Carmen habla de 20 ataques con ácido a mujeres, de 2000 a 2020 en México, retomados en medios de comunicación. El año en el que más detectó fue en 2018: contabilizó 7. En el último año registró 3 ataques.

Otros datos que también resaltan son el parentesco o relación de las víctimas con los agresores: la mayoría fueron parejas o exparejas sentimentales de las mujeres al momento de los ataques; y la edad de las víctimas, que resultan ser —de hecho— mujeres jóvenes.

Este último dato tan importante es uno de los aspectos que menos se señala. No es casual que a nivel social y en el discurso se condenen —hasta cierto punto— los ataques, pero se olvide problematizar la arista del mandato de belleza o feminidad, sobretodo cuando se conoce por el testimonio de algunas sobrevivientes que el agresor pretendía no solo hacerle daño físico y emocional directo, sino que existía una intención de cambiar la percepción social que se tiene de ella. 

Los ataques con ácido a mujeres pueden tener una intención feminicida o realizarse como mensajes explícitos de intento de dominación del cuerpo de la víctima, muestras de terror dirigida a otras y otros, una reafirmación machista de mandatos y roles. Pero no son considerados delitos en el Código Penal Federal, aunque puede ser agravante de lesiones u homicidio por el caso de uso de sustancias nocivas. En algunos estados como Oaxaca, la Ciudad y el Estado de México, han sido las víctimas quienes en años recientes han impulsado cambios para incrementar las penas.

Uno de los casos más recientes y más sonados es el de María Elena Ríos, la joven saxofonista de Oaxaca, en septiembre de 2019. Aún con toda la atención mediática que se dio a este ataque con ácido y la presión que ello significó para las autoridades, no se ha dictado sentencia al agresor de María Elena. La generalidad en los casos que se han hecho públicos es que el delito no es juzgado con perspectiva de género y, claro, la impunidad. 

Con todo y la evidencia física permanente del daño las autoridades tienden a culpar y revictimizar a las mujeres, como sucede con otros delitos. Es el caso que relata Elisa Xolalpa, originaria de Xochimilco y también sobreviviente de tentativa de feminicidio de su pareja por ataque con ácido en 2001.

La agresión que Elisa vivió hace 20 años fue denunciada en el Ministerio Público de Benito Juárez, pero a la fecha la averiguación previa está “extraviada” y la Fiscalía General de la Ciudad de México continúa sin darle una respuesta sobre su localización, según cuenta en su testimonio

El asunto toma relevancia con la reciente detención del agresor de Elisa, aunque esta acción deriva de una denuncia posterior, de 2019 y por amenazas, presentada en la Fiscalía de Violencia Familiar. Mientras, el delito de tentativa de homicidio de 2001 continúa impune.

El estado es el reproductor de la violencia, se sabe. En particular en México las instituciones de justicia sostienen la impunidad, y con ello la perpetuidad —y sobre todo— el recrudeci miento de la violencia. ¿Cuál serían las consecuencias sociales del seguimiento de un procedimiento justo en el caso del ataque con ácido contra Elisa hace 20 años? No lo sabremos. 

Lo que sí queda claro es que mientras socialmente esta y otras violencias machistas se invaliden, nieguen, oculten o ignoren, la violencia feminicida continuará avanzando con el aliciente de la impunidad. La crecida de los ataques con ácido a mujeres en México es un claro ejemplo.

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