Opinión

Fentanilo, lo que se puede prevenir

Por primera vez en muchos años, México está todavía a tiempo de impedir que el problema del consumo del fentanilo que ya azota Estados Unidos se convierta en una crisis de dimensiones inimaginables

Itzel Ramírez

Bastan 40 o 50 pesos para comprar en Tijuana, Juárez, San Luis Río Colorado y otras ciudades fronterizas del norte de México una dosis de heroína, que muy probablemente esté rebajada con fentanilo, la droga que está en apogeo en Estados Unidos y que tiene a ese país en medio de una de sus peores crisis por las muertes por sobredosis.

El gasto, menor si se compara con lo que cuestan otras drogas, permitirá experimentar “placer y olvido de todas las preocupaciones”, “relajamiento”, que “todo pasaba de manera muy lenta”, “felicidad y que me salía de mi conciencia”, según contaron consumidores de fentanilo en el estudio “Cuqueando la Chiva: contextos del consumo de heroína en la frontera norte de México”, realizado por el Instituto Nacional de Psiquiatría.

Uno de los mayores problemas para la salud pública es que el fentanilo es utilizado también para ‘cortar’ otras drogas, como la heroína y la cocaína, por lo que muchas personas están consumiendo inconscientemente una sustancia mucho más adictiva y potente y letal.

La relativa facilidad de su producción (en laboratorios clandestinos), los altos beneficios económicos que produce en contraste con otras sustancias y el ‘enganche’ que produce en quienes lo consumen, además de la creciente demanda de opiáceos en Estados Unidos, han hecho del fentanilo la droga en auge.

Controlada su producción, distribución y venta por cárteles, el fentanilo comienza a vivir un periodo de lucha particular, con grandes aseguramientos a ambos lados de la frontera y con estrategias encaminadas no solo a las detenciones, sino a lo que parece un combate estratégico (financiero y logístico) para frenar el tráfico de esta droga.

Mientras en Estados Unidos aumentan los aseguramientos, que en este año suman ya 2.2 toneladas y los operativos para frenar su consumo, en México se han detectado algunas de las rutas y modus operandi que usan las organizaciones criminales para traficar el fentanilo o los precursores para su elaboración.

Aunque los más recientes estudios realizados en México indican que el consumo de esta sustancia no es todavía masivo, los crecientes decomisos registrados por autoridades y el modus operandi del tráfico de fentanilo revelan su crecimiento, aunado a la peligrosidad que supone una sustancia altamente adictiva y potencialmente letal.

En 2017, el fentanilo estuvo relacionado con el 59.8 por ciento de las muertes por sobredosis registradas en Estados Unidos, donde siete años antes el porcentaje llegaba apenas al 14.3 por ciento, según las cifras del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA por sus siglas en inglés). Para 2018, el porcentaje era ya de 67 por ciento, mientras que en Canadá el 80 por ciento de las sobredosis estuvieron relacionadas con el consumo de fentanilo, de acuerdo con la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

En México, el Departamento Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), también ha ligado el incremento de sobredosis por heroína con el uso del fentanilo, en su mayoría desconocido por los usuarios.

Ante un consumo relativamente marginal, es necesario advertir lo que se vive en Estados Unidos para aprender de aquella experiencia y evitar que se repita en México.

En San Francisco, por ejemplo, el uso del fentanilo es ya una de las mayores crisis sanitarias que ha vivido la ciudad californiana: el año pasado se registraron 713 muertes por sobredosis relacionadas con esa sustancia, frente a las 257 causadas por COVID-19.

Con una política menos restrictiva que otras regiones, las autoridades de San Francisco se han enfocado en proveer de jeringas nuevas y medicación para tratar las sobredosis, como una manera de prevenir las muertes en una ciudad con severos problemas de acceso a la vivienda y desigualdad –con un territorio compartido entre Silicon Valley como meca de las fortunas del nuevo milenio y las miles de tiendas de campaña de personas sin hogar–.

Analizado el gran problema que enfrenta Estados Unidos, es oportuno que las autoridades mexicanas se pregunten qué tan a tiempo se está de evitar una crisis de consumo de fentanilo.

Si hasta ahora los operativos en puertos marítimos mexicanos han logrado en alguna medida frenar la llegada de precursores para la producción de la droga, también es momento de que se evalúe una aproximación más integral para atender el consumo y evitar las muertes por sobredosis.

Es evidente que 15 años de la guerra contra el narco no han funcionado (véanse las cifras de homicidios dolosos y desapariciones), es necesario que se abran nuevos panoramas para atender el problema del tráfico de drogas y, sobre todo, del consumo de estas sustancias por el impacto que tiene en la sociedad.

También urge que se persiga no solamente a los capos de la droga –que son presentados casi como villanos solitarios responsables de todos los males del país–, sino a funcionarios y empresarios que sin lugar a dudas participan del tráfico de sustancias.

Tal vez por primera vez en muchos años, México está todavía a tiempo de impedir que un problema que ya azota Estados Unidos se convierta en una crisis de dimensiones inimaginables… al fin que soñar no cuesta nada.

PANORAMA

El pasado 23 de abril, dos jóvenes intentaron ingresar al parque de diversiones Six Flags México con un arma calibre 22 y 28 cartuchos útiles.

Uno de los involucrados ya ha sido liberado por ser menor de edad, aunque la Fiscalía de la Ciudad de México ha informado que pedirá orden de aprehensión para él, mientras que la mujer de 20 años que lo acompañaba se encuentra todavía detenida por las autoridades, debido a que ni ella ni el adolescente contaban con permiso de portación de arma de fuego ni pudieron acreditar la posesión legal.

Que el tráfico y uso de armas está fuera de control en México no es noticia, pero que ahora se pretenda entrar con ellas a lugares públicos sí que es escalofriante; por desgracia, el tema quedó enterrado, casi como anécdota. Qué desolador pensar que nada hemos aprendido. 

***

Itzel Ramírez. Periodista con estudios en Ciencia Política y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sus trabajos periodísticos han sido publicados en Reforma, El Diario de Juárez y La Verdad. Actualmente realiza consultoría, investigación, análisis y diseño de políticas públicas y construcción de indicadores de evaluación.

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