Crónicas de Juárez

La toma de Ciudad Juárez

Los combates iniciaron a las 10 de la mañana del 8 de mayo de 1911… al mediodía del 10 de mayo todo había terminado. Sólo quedaban edificios en ruinas que todavía desprendían humo, negocios saqueados, viviendas destruidas y muros perforados por la metralla

Juan de Dios Olivas / Especial para La Verdad

–¿Qué piensa usted, compañero? ¿Qué debemos hacer respecto a la toma de Ciudad Juárez? Ya ve usted que el señor presidente (Francisco I. Madero) opina que no debemos atacar esa plaza, sino trasladarnos a Sonora– dijo el general Pascual Orozco al entonces coronel Francisco Villa.

—Debemos atacar la plaza– fue la respuesta tajante que dio Villa, según lo escrito en las memorias del Centauro.

Villa y Orozco acordaron enviar un piquete de soldados al mando de José Orozco a “torear” las avanzadas federales para provocarlos y obligarlos a disparar.

Y así, con un acto de desobediencia, se desencadenó la batalla que devastó la antigua Paso del Norte, destruyó sus edificios, desplazó a la población, dejó cientos de muertos y atrajo la atención mundial, pero, sobre todo, derrumbó la dictadura de Porfirio Díaz que por más de 30 años gobernó México.

Los combates iniciaron a las 10 de la mañana del 8 de mayo de 1911, tal como se planeó, con una escaramuza que provocó un tiroteo al sur de la ciudad al que paulatinamente se fueron uniendo más soldados de ambos bandos hasta volverse imparable.

Al menos, esto último era la respuesta que recibía Madero en la llamada Casa de Adobe, cada vez que exigía a sus mandos parar el fuego y privilegiar el diálogo que se tenía en ese momento en El Paso, Texas con representantes del gobierno de Díaz donde la renuncia del presidente no estaba en la mesa, pero fue puesta una vez que Juárez cayó en manos de los maderistas.

El combate no cesó y al mediodía del 10 de mayo todo había terminado. Sólo quedaban edificios en ruinas que todavía desprendían humo, negocios saqueados, viviendas destruidas y muros perforados por la metralla.

Cientos de cadáveres de quienes tomaron un bando u otro también formaban parte del panorama desolador del que ni la misma Misión de Guadalupe se salvó.

La Casa de Adobe

En abril de 1911, tras meses de combates en distintas regiones del estado, el ejército que Francisco I. Madero logró reunir tras lanzar el Plan de San Luis y convocar a levantarse en armas el 20 de noviembre de 1910 en contra de la dictadura de Porfirio Díaz, se dirigen a la frontera.

Después de tomar la estación de tren Bauche ubicada al sur de Ciudad Juárez, acampan al poniente de la localidad, al sur del río Bravo, frente a la Smelthing and Refining Company (Asarco).

Francisco I. Madero en la Casa de Adobe

Ahí eligen como cuartel general la casa rústica a la que llamaron “Casa de Adobe”, desde donde se organizan en brigadas que rodean la ciudad mientras sus jefes liderados por Francisco I. Madero –meses atrás candidato a la Presidencia de la República– negocian la paz y condiciones favorables a la lucha que emprendió.

El sitio dura semanas, tiempo en que los habitantes de El Paso y del mundo entero ven la Revolución como un espectáculo a través de los periódicos de la época, mientras el gobierno estadounidense moviliza 20 mil soldados a la región por si acaso alguna bala atravesaba la frontera.

La espera que dieron las negociaciones de paz y los ofrecimientos de Díaz generaron un letargo entre los combatientes cuya desesperación era percibida por Villa y Orozco, quienes deciden atacar la ciudad sin la autorización de Madero, el líder del movimiento armado que estaba a punto de claudicar.

“Nosotros al oír el tiroteo, e ignorantes en lo absoluto de lo que pasa, mandamos un poco de gente a ver qué está sucediendo, pero con instrucciones precisas de reforzar el fuego de los nuestros. Los federales a su vez, tendrán que enviar refuerzos a los suyos, y de esta manera se va prendiendo la mecha, hasta que ya no sea posible contener a nuestra gente que, como usted sabe, está ardiendo de entusiasmo para echarse sobre Juárez”, planteó Villa a Orozco.

“De preguntar Madero le diremos que ya no hay más remedio que organizar las fuerzas y entrar decididamente al asalto y toma de la población y encontrar la victoria o la muerte”, añadió.

Así, conforme con lo planeado, el 8 de mayo inician las escaramuzas y pronto el tiroteo invade todos los frentes donde se encontraban los federales defendiendo la ciudad.

Al llegar Villa y Orozco de El Paso a la Casa de Adobe, fingen desconocer la situación escucharon a Madero.

“¡Qué ha de pasar, hombres! Que ya unos de nuestros muchachos se están tiroteando con los federales. Vayan ustedes y retiren esa gente ¡inmediatamente!”, les ordena Madero.

Ambos mandos maderistas se dirigen a los frentes de batalla, pero lejos de ordenar replegarse, mandan reforzar el ataque sobre los 17 puntos de defensa de los federales.

La investigadora Sandra Bustillos en su artículo ‘La Revolución Mexicana en Ciudad Juárez’ cita a el historiador local Felipe Talavera para señalar que la ciudad estaba resguardada en 17 puntos estratégicos ante la embestida revolucionaria. El comandante de la plaza era el general Juan J. Navarro, ‘el Tigre de Cerro Prieto’, que se destacó por su crueldad.

Los puntos de defensa estaban ubicados de la siguiente manera:

1.-El cuartel del Quince, en las actuales calles de Manuel Acuña, Altamirano y Rayón.

2.-Fuerte Hidalgo, en la Escuela Técnica núm. 1, de las calles Artículo 23 y Francisco Sarabia.

3.-Calle Lerdo y Cerrada del Teatro.

4.-En las Oficinas generales de Correos, calle Mariscal y 16 de Septiembre.

5.-Edificio de la Cárcel, en las calles 16 de Septiembre, Mariscal, Guadalupe Victoria y Donato Guerra.

6.-Edificio de la Aduana, en la calle 16 de Septiembre.

7.-Estación del Ferrocarril.

8.-Misión de Guadalupe.

9.-Escuela No. 28, en las calles Galeana y Constitución

10.-Vía elevada en las calles Insurgentes y Constitución.

11.-Inmediaciones del mercado Juárez, para defender el acceso desde San Lorenzo.

12.-En la calle María Martínez y Arteaga.

13.-Puente del Ferrocarril Central Mexicano.

14.-Puente del Ferrocarril Noroeste de México.

15.-En la Avenida Lerdo.

16.-En el Viejo Molino de Montemayor, al inicio del actual viaducto Díaz Ordaz.

17.-Avenida Ferrocarril, frente a la plaza de toros ‘Hermanos Samaniego’.

Los rebeldes atacan en los tres días el cuartel del Quince, en las calles Manuel Acuña y Altamirano, el fuerte Hidalgo, las oficinas de Correos, en Mariscal y 16 de Septiembre, el edifico de la Ex Aduana, la cárcel, la estación de ferrocarril, la misión de Guadalupe y las trincheras que los defensores tendieron en torno a la ciudad.

Paulatinamente, las brigadas rebeldes se unen al combate para apoderarse de la plaza defendida por 750 federales.

El 9 de mayo, para evadir el fuego de las ametralladoras y cañones, los maderistas se abren paso entre las casas de adobe utilizando barras de hierro y dinamita.

Mientras unos ocupan techos y ponen fuera de combate a los tiradores de los federales, otros tumban muros y avanzan.

Ese día Francisco Villa combate con 650 hombres desde la madrugada por el sur de la ciudad a lo largo de la vía del ferrocarril.

Los rebeldes a su paso lanzan bombas de mano hechas con tubo de cobre para la conducción de gas o agua con dinamita y clavos adentro. Al anochecer la ciudad está prácticamente tomada.

Por la mañana del 10 de mayo, los federales están maltrechos y los efectos de la fatiga son evidentes. A las 3 de la tarde de ese día, el comandante de la plaza, general Juan Navarro, se rinde y entrega su espada al teniente coronel Félix Terrazas.

Luego de esos tres días, Juárez quedaba destruida, pero en el resto del país el porfirismo se derrumbaba y México entraba de lleno a una nueva era, no sin antes atravesar por un período de guerra civil.

El 21 de mayo se firman los Tratados de Ciudad Juárez en el exterior de la Aduana Fronteriza (hoy Museo de la Revolución en la Frontera) y días después, Porfirio Díaz abandona el país después de 33 años de gobierno.

Juárez antes de la Batalla

En pleno auge económico, industrial y político, la noticia del levantamiento armado del 20 de noviembre de 1910, sorprendió a los juarenses.

Las calles tenían alumbrado público, la población teléfono, circulaban automóviles, el tranvía y la actividad comercial e industrial habían hecho de Ciudad Juárez una de las urbes más importantes del país, comparada solo con Atlanta, Georgia y superior a Monterrey, Nuevo León, así como de la mayoría de las poblaciones de México.

El ferrocarril, su principal medio de comunicación, conectaba con Nueva York y había hecho que esta ciudad tuviera la Aduana más importante del país, lo que motivó que los maderistas la tuvieran como objetivo para dar el golpe más fuerte al Gobierno de Porfirio Díaz.

Desde aquí se transportaba la carne de Chihuahua, el algodón, mezclilla, whisky, se comercializaba de todo y la Aduana registraba grandes recaudaciones de impuestos.

Cosmopolita y con una población que gozaba de un buen nivel de vida, superior al de cualquier ciudad de México, los habitantes de Ciudad Juárez vieron en un principio cómo la revolución mexicana amenazaba su bienestar, “todos eran porfiristas”. Lo anterior quedó plasmado en periódicos de la época; pero en un par de meses los revolucionarios ganaron simpatías entre la población al grado de que lograron apoyo para la toma de Ciudad Juárez.

Las huestes maderistas llegaron a la ciudad en 1911 y el 8 de mayo de ese año empezaron los combates para tomar la ciudad, lo que se vino logrando el 10 de mayo.

Ante el panorama que se veía venir, los ricos de la ciudad se refugiaron en El Paso, Texas, mientras que la población se mantuvo a la expectativa auxiliando en lo que podía a las tropas insurgentes.

El principal objetivo de los revolucionarios fue la Aduana, por los recursos que recababa el Gobierno Federal a través de la aplicación de impuestos a la importación y exportación de productos.

De ello, los actores de la Revolución Mexicana tenían conciencia, e incluso ya existían antecedentes con los hermanos Flores Magón de tomas de aduanas para hacerse de recursos y armar una revuelta, pero fracasaron y fueron apresados.

La importancia de esta frontera también quedo a la vista en la entrevista de los presidentes de México y Estados Unidos, Díaz y Taft, unos años antes de la revuelta armada.

Sin embargo, el auge que experimentaba la ciudad en esa época terminó con la Revolución. Se destruyeron comercios, almacenes y fábricas. La ciudad se rezago por décadas.

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Fuentes: Alan Knight, La Revolución Mexicana; Pancho Villa, Fiedrich Katz; Martín González de la Vara en Breve Historia de Ciudad Juárez y su región; Francisco R. Almada y Armando B. Chávez en Visión Histórica de la Frontera Norte de México

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