Juárez

Familiares de personas desaparecidas escudriñan el desierto

Poco antes de las seis de la mañana, madres y padres de víctimas de desaparición se preparan para caminar por varias horas en las faldas de un cerro, rastrean esta parte del desierto con la esperanza de encontrar, o no, señales de sus hijos.

Texto y fotografías: Favia Lucero / YoCiudadano

Ciudad Juárez, Chihuahua.— Poco antes de la seis de la mañana, cinco madres y dos padres de víctimas de desaparición forzada están preparándose para caminar por varias horas en las faldas de un cerro por el kilómetro 29, bajo el sol, cargando unas pesadas varillas de metal y con la esperanza, o no, de encontrar restos óseos de sus hijos o de otras personas que han desaparecido en la región. 

“Queremos encontrar, pero a la vez no queremos encontrar. No nos entendemos”, dice la señora Luz Elena Ramos de la Torre, madre de Daniel Armando Guzmán Ramos, quien desapareció desde el 6 de abril de 2012 en el municipio de Jiménez, Chihuahua.

La señora Luz y los otros seis familiares pertenecen al Colectivo Familias Unidas por la Verdad y la Justicia, que a su vez es acompañado por el Centro de Derechos Humanos Paso del Norte (CDHPN), organización que brinda apoyo legal y psicológico a familiares de víctima de desaparición forzada y sobrevivientes de tortura.

“…Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”, rezan las familias mientras la camioneta proporcionada por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas del Estado (CEAVE) arranca rumbo al kilómetro 29.

Con varillas en mano, las cuales entierran en zonas donde la tierra se vea irregular para identificar si se ha cavado un hoyo, los familiares descienden del vehículo para comenzar el rastreo de fosas clandestinas u osamentas.

Los acompañan diversas instituciones del Gobierno Estatal, la Comisión Estatal de Búsqueda a cargo de la licenciada Laura Moreno —la responsable de la diligencia—, la Fiscalía General Zona Norte, la Unidad de Personas Ausentes y la CEAVE.

Más de 20 elementos, intercalados entre familiares y representantes del CDHPN, son acomodados en una hilera para abarcar la mayor extensión del terreno desértico ubicado al norte del cerro. 

La licenciada encargada del rastreo les explica a las familias que, en caso de encontrar algo, deben levantar la mano y esperar a que llegue un perito para revisar y acordonar el área. Pero esto ya lo saben las familias. Algunas madres han participado en más de seis rastreos, aunque ellas piensan que son “poquitos”.

Tras agradecer la colaboración de las autoridades, la abogada Carla Palacios Flores, del CDHPN, les recuerda que los rastreos son acciones duras para las familias pero necesarias y en las que desean participar. 

“Solicito un minuto de silencio porque aquí, en este punto, ya hemos encontrado a una persona”, dice Palacios. Son las 8:04 de la mañana cuando Moreno da la indicación de arranque y todas las personas comienzan a caminar rumbo a las faldas del cerro.

Los familiares caminan lento, observan cada montículo de arena que les parezca extraño, entierran sus varas y, en ocasiones, cuando estas entran fácilmente en la tierra, proceden a oler la punta para identificar “si tiene ese olor”, refiriéndose al olor que emanan los cuerpos en descomposición. 

“Nosotros hemos tomado muchos cursos para esto”, dice el señor Manuel Favela, padre de Adrián Favela Márquez, quien fue desaparecido en octubre de 2012 en Ciudad Juárez. Continúa picando la tierra con mucha fuerza, tanta que sus manos comienzan a lastimarse.

Se identifican dos zonas con hierbas quemadas, una señal que no debe ser ignorada pues es una alteración al terreno. Dos elementos capacitados para esta tarea arman el georradar que les permite identificar si hay objetos diferentes a los habituales en diversas profundidades de la tierra. 

Palacios informa que en la zona norte se encontraron restos óseos, pero que fueron descartados ya que correspondían a animales, y con el georradar no se detectó ninguna alteración en las ubicaciones identificadas.

En la zona sur tampoco se encontró nada. Al estar más cercana a una carretera transitada, las familias opinan que es menos probable que se utilice ese espacio para abandonar o enterrar un cuerpo.

“No puede ser posible, ¿por qué no los dejan a la vista? ¿qué ganan con enterrarlos?”, lamenta la señora Luz, ya agotada de estar seis horas caminando en terrenos llenos de espinas y flores anaranjadas.

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Este contenido es publicado por La Verdad con autorización de YoCiudadano. Ver original aquí. Prohibida su reproducción.

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