Opinión

La foto más deseada de García Cabeza de Vaca

El destino alcanza a Francisco Javier García Cabeza de Vaca, el polémico personaje a quien la FGR busca para aprehenderlo. Su caso es un ejemplo de la convulsa vida política en el preámbulo de la elección del 6 de junio

Alberto Najar / Twitter: @anajarnajar

La imagen le persigue desde hace décadas: Francisco Javier García Cabeza de Vaca sostiene una ficha de identificación del Departamento de Policía de Mc Allen, Texas.

La foto fue tomada en 1986 después de que el entonces joven de 19 años de edad fue detenido junto con tres personas más, acusadas de robar, con armas, un auto en esa ciudad fronteriza.

El caso no pasó a mayores, e inclusive la fotografía permaneció archivada por varias décadas.

Hasta 1998, cuando el personaje pretendió ser candidato del Partido Acción Nacional (PAN) a la presidencia municipal de Reynosa, Tamaulipas. 

Esa vez, García Cabeza de Vaca se quedó con las ganas de gobernar la ciudad donde vivía, pero lo consiguió años después. Luego fue elegido senador y después se convirtió en gobernador de Tamaulipas.

La imagen del momento de su fichaje policíaco apareció de vez en vez y ahora vuelve de nuevo, con más fuerza.

La Fiscalía General de la República (FGR) obtuvo una orden de aprehensión contra el militante del PAN, a quien acusa de defraudación fiscal equiparada.

La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) ordenó congelar sus cuentas bancarias, y el gobierno de Estados Unidos informó que el nombre del personaje aparece en varias investigaciones del FBI.

Una situación compleja para el exsenador, vinculado al escándalo de sobornos por el caso Odebrecht, a quien distintas operaciones legalistas han salvado del escándalo.

Formalmente García Cabeza de Vaca fue desaforado por la Cámara de Diputados, pero la mayoría panista del Congreso tamaulipeco rechazó la disposición y optó por mantenerlo en el cargo.

El caso llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que emitió un fallo confuso, sin atender el fondo del problema y que hundió aún más el tema en el limbo político.

Para algunos, sobre todo opositores al presidente Andrés Manuel López Obrador, el personaje todavía es gobernador y conserva la inmunidad del cargo.

En el gobierno federal y la FGR, en cambio, consideran a Francisco Javier García como un ciudadano más y por eso la orden para su captura.

En tal escenario revive la vieja imagen del joven García Cabeza de Vaca. Pero ciertamente no es la foto que más desean en Palacio Nacional.

Los señalamientos en contra del panista no son nuevos. Desde sus primeras incursiones en la política le han acompañado acusaciones de presuntos vínculos con grupos criminales en su estado.

Pero nunca hubo elementos para superar la denuncia mediática, hasta el actual gobierno que documentó su participación en la entrega de sobornos para aprobar la Reforma Energética.

Es el antecedente más cercano del proceso que ahora enfrenta el militante del PAN quien ha sido un crítico severo de López Obrador.

También promotor del bloque de gobernadores rebeldes, miembros de la llamada Alianza Federalista que ha saboteado algunos de los programas y acciones del gobierno federal.

García Cabeza de Vaca es un entusiasta promotor de la pretendida rebeldía y no sólo con discursos. 

Según expertos en seguridad, una de las razones de la incontrolable ola de violencia en suelo tamaulipeco es la escasa cooperación del gobierno local con las operaciones contra el narcotráfico.

Desde el primer día de su gobierno el político decidió hacerse cargo del problema -a su manera- y creó una policía especial para atacar a la delincuencia organizada.

Se trata del Grupo de Operaciones Especiales de Seguridad Pública (GOPES), una polémica corporación que es acusada de cometer abusos, extorsiones, secuestros y colaborar con bandas de tráfico de drogas.

Los Negros, como se conoce al Grupo, son señalados de ser un cartel más en Tamaulipas, pero no es la única corporación con ese sambenito.

También se ha señalado al Centro de Análisis, Inteligencia y Estudios de Tamaulipas (CAIET) como un grupo delictivo. De hecho, algunos de sus integrantes están prófugos, otros detenidos y varios más son testigos colaboradores en expedientes criminales.

A esto se suman las historias de compras irregulares de propiedades, los negocios de su familia y el asesinato de colaboradores o guardaespaldas suyos.

Parte del expediente es conocido en México, pero no es el único: desde hace tiempo existen versiones no desmentidas de investigaciones sobre actividad criminal en Estados Unidos.

Con tales señalamientos se antoja difícil una defensa mediática del personaje. Pero la hay, aunque no está claro si los oficios de sus aliados le ayudarán… O pueden hundirle más.

Es el caso, por ejemplo, del impresentable Felipe Calderón y su lugarteniente, Javier Lozano, quienes de nuevo extravían la memoria y juran, desde la comodidad de Twitter, que el caso García Cabeza de Vaca es una prueba de la dictadura que encabeza AMLO.

El objetivo es claro: crear la narrativa de que su amigo es un perseguido político.

Quien sabe si la estrategia dé resultados sobre todo por el enorme desprestigio de estos personajes, con su historial lleno de agravios, abusos, corrupción, violencia, sangre.

Mientras, el expediente judicial sigue su curso. El coordinador del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en el Senado, Ricardo Monreal, ya adelantó un eventual proceso para desaparecer los poderes en Tamaulipas.

La oposición, claro, se niega e inclusive el Congreso Tamaulipeco amenaza con encarcelar al juez que obsequió la orden de aprehensión.

El telón, pues, ha corrido y la puesta en escena empezó a tambor batiente.

Por lo pronto, el destino de Francisco Javier García Cabeza de Vaca está en el aire. Se desconoce el lugar donde se refugia.

El debate político no va a cesar y es muy posible que, si es detenido, se profundice.

Al final del día, lo único claro es que el militante del PAN, amigo de Felipe Calderón, participante en el escándalo de sobornos de Odebrecht y legalmente indiciado por la FGR, se ha convertido en botín político.

Para sus defensores, ávidos de una bandera para ganar unos votos, el caso del tamaulipeco es oro molido en su estrategia de propaganda.

También para el gobierno del presidente López Obrador que necesita de un caso exitoso, concreto en la larga lista de expedientes judiciales de su cruzada contra la corrupción.

Y para ambos bandos urge, también, la fotografía de Francisco Javier García Cabeza de Vaca tras las rejas.

*****

Alberto Najar. Productor para México y Centroamérica de la cadena británica BBC World Service.
Periodista especializado en cobertura de temas sociales como narcotráfico, migración y trata de personas. Editor de En el Camino y presidente de la Red de Periodistas de a Pie.

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