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La ceremonia de graduación de UTEP que abrió la frontera para las familias juarenses

Con el otorgamiento de excepciones, padres mexicanos de estudiantes en la Universidad de Texas en El Paso cruzaron desde Ciudad Juárez en medio del cierre histórico de la frontera de Estados Unidos con México, para celebrar con sus hijos la ceremonia de finalización de estudios universitarios

Texto: Lauren Villagran y Fotografía: Omar Ornelas / El Paso Times / Texto: Veronica Martinez / La Verdad

Heriberto Pérez Lara se sentó sobre la cama en su casa en Juárez atando meticulosamente los cordones de sus zapatos marrones de vestir. Su madre, Anayensi Lara Ruíz, alisó con la mano una camisa blanca de vestir planchada y colgada en su percha.

Recogió del cubrecama el birrete y la borla.

“Aparte de estos, ¿qué más tienes que llevar?” preguntó la mamá. La toga negra de Heriberto estaba colgada en el primer piso, en la sala, adornada con la estola anaranjada de la University of Texas at El Paso.

“Eso es todo”, respondió, mirando a la mamá que lo crió sola.

Como miles de mexicanos, Lara Ruíz no había podido cruzar la frontera entre Estados Unidos (EEUU) y México por más de un año por las restricciones a los viajes “no esenciales”.

Pero por un acuerdo entre la universidad y la agencia estadounidense, U.S. Customs and Border Protection – excepción repetida en menor escala en los campus de la University of Texas en el valle del Río Grande – la mamá de Heriberto tendría una única oportunidad de ver a su hijo, ciudadano de EEUU, cruzar el escenario de los graduados de la UTEP.

Se le llenaban los ojos de lágrimas continuamente.

De todos los ritos de inicio de la adultez, ella sabía que esta transición, de estudiante a profesional, marcaría un hito final entre la dependencia y la independencia.

Su único hijo, ahora de 23 años, soñó con trabajar para ESPN algún día como cronista de deportes. Le había inspirado su tío, Reynaldo Lara, periodista de TV Azteca conocido en Juárez, y por eso optó por estudiar el periodismo.

Durante cuatro años, Pérez Lara había transitado a diario entre su casa de dos pisos en un barrio aledaño a Gómez Moría, un bulevar bullicioso, lleno de vinotecas y cantinas, restaurantes finos y peñas de música a unas cuantas millas de la frontera. Se valía de un pase SENTRI para cruzar sin esperar en lo que frecuentemente resulta ser horas de hacer fila en los puentes internacionales.

 “Sostén esto”, dijo su mamá, pasándole a Pérez Lara la manga de su camisa nueva para quitarle las etiquetas. “Ya está. Es importante cerrar un ciclo para abrir otro”.

Anayensi Lara, at left, watches as her son, Heriberto Perez, prepares for his college graduation at UTEP at their home in Ciudad Juarez.

De rumor a los hechos

En marzo del 2020, el gobierno de Trump restringió los viajes “no esenciales” en los puertos terrestres de entrada de la frontera de EEUU con México, para reducir el tránsito entre los dos países durante la creciente pandemia del COVID-19.

Miles de familias en El Paso y en Juárez están conformadas por una mezcolanza de ciudadanos de EEUU y de México, mientras que otros hogares atraviesan la frontera con parejas e hijos dividiendo su tiempo entre casas en ambas ciudades. La región fronteriza de inmediato fue afectada profundamente por esas restricciones.

De hecho, los ciudadanos y residentes permanentes legales de los Estados Unidos podían continuar cruzando la frontera, mientras que los ciudadanos mexicanos, incluso los que contaban con visa de turista, no podían cruzar.

El miércoles pasado las restricciones fueron extendidas un mes más hasta el 22 de junio.

El cuerpo estudiantil de más de 24 mil estudiantes de UTEP incluye a más de 900 ciudadanos mexicanos que asisten a clases con visa de estudiante; a ellos también se les permitía cruzar bajo las restricciones. Pero la universidad también alberga a estudiantes cuya ciudadanía es estadounidense, pero que residen en México.

“Somos una de las universidades en Estados Unidos con el mayor número de estudiantes mexicanos”, dijo Arturo Barrio, director de colaboración y recaudación de fondos de la UTEP.

Para algunas familias del estado de Chihuahua, UTEP representa un umbral a la economía estadounidense para sus hijos, en particular para los que nacieron en Estados Unidos.

“La UTEP para nosotros es como una gran alberca de oportunidades”, dijo Horacio Estavillo, de 22 años, presidente de Visión México, un grupo que representa a estudiantes de México en UTEP. “Hay tantas personas aquí con el corazón dispuesto a ayudar a los estudiantes mexicanos”.

Pérez Lara nació en los Estados Unidos y fue criado y educado en Juárez, en escuelas públicas y privadas. Su madre, educadora de larga carrera, hace poco asumió el cargo de directora de una escuela primaria pública.

En parte, comentó Pérez Lara, sabía que una carrera en el periodismo de deportes lo podría llevar a lugares nuevos, entonces quería mantenerse cerca de casa lo más posible. Se matriculó en El Paso Community College, para luego transferirse en su penúltimo año universitario a UTEP.

Cuando fueron impuestas las restricciones en la frontera, se dio cuenta que podía cruzar entre ambos lados de la frontera, mientras que su madre no podía.

“Al comienzo resultó ser tan raro, porque esto nunca antes se había vivido – toda la desinformación, el que nadie iba a poder cruzar”, contó.

Él siguió viajando entre los dos países, a su empleo en el almacén Dillard’s en el centro comercial Sunland Park, para estudiar, antes que UTEP cancelara las clases en persona, o para hacer las compras quincenales a las que se había acostumbrado su familia, después de recibir su salario. De repente, el estudiante se encontró haciendo llamadas por video desde el Walmart en Cielo Vista, para que su mamá pudiera hacer las compras con él virtualmente.

“Con la frontera cerrada ya un año, yo sabía que iba a ser bien complicado que mi familia estuviera en mi graduación”, dijo Pérez Lara. “Después comenzaron a circular los rumores, que quizá podrían dejar que los padres cruzaran la frontera”.

‘Tania y su familia son Mineros’

“Bienvenidos a la Universidad de Texas at El Paso”, dijo lapresidenta de UTEP, Heather Wilson, pronunciando el nombre del estado en español, Tejas – en su discurso principal de la ceremonia el 14 de mayo.

Wilson, quien ha dicho que no hablaba español cuando asumió el cargo de presidenta de UTEP en el 2019, pronunció de comentarios en español su primer discurso de graduación.

Se dirigió a los estudiantes de las clases 2020 y 2021, ambas presentes debido a que las ceremonias de graduación el año pasado fueron canceladas, y se dirigió específicamente a los 360 graduados cuyas familias viven en México.

Lara Ruíz escuchó a Wilson desde las tribunas altas del lado este del estadio Sun Bowl, observando a su hijo en la línea de las 30 yardas.

Por optar por una educación universitaria, “Todos ustedes han abierto la posibilidad de una mejor vida para ustedes mismos y para sus familias”, dijo Wilson, cambiando al español. “Todos vivimos mejor porque vivimos en una comunidad con más educación”.

Los estudiantes de las distintas facultades, cuyos padres residen en México, habían hecho una campaña de peticiones que duró semanas para que la presidenta pidiera a Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unido (CBP, por sus siglas en inglés) una exención a las restricciones; también los profesores habían oído sus plegarias.

Otra estudiante de la facultad de periodismo, Marisol Chávez, envió a Wilson un email emotivo en abril, con la firma de 18 estudiantes más, incluyendo a Pérez Lara.

“De las ocho personas que nos permiten invitar a uno de los días más importantes de nuestras vidas, ninguna será la más importante para nosotros”, escribió Chávez, pidiéndole que “sea la voz de sus estudiantes” y que amplificara sus inquietudes.

Por su cuenta, Wilson había entablado conversaciones con CBP en El Paso hacía semanas ya.

Wilson subrayó los lazos binacionales que unen El Paso, y su emblemática universidad, a México, mediante una anécdota sobre una de las estudiantes que quería con desesperación que su madre estuviera presente en la ceremonia.

Tania Pamela Mariscal Quintana, egresada con dos títulos, en economía y finanza, perdió a su padre en un accidente automovilístico en el 2020.

Ella quería que su madre estuviera presente para verla aceptar formalmente el diploma. Pero su madre vivía en México y no iba a poder cruzar la frontera bajo las restricciones impuestas por la pandemia.

Wilson contó la historia de Mariscal Quintana en su discurso, cómo ella era la primera en su familia en buscar un título universitario en los Estados Unidos, y cómo ella ya había “Ya había reclutado a cuatro estudiantes más de su pueblo natal en México a ser Mineros (para ser alumnos de UTEP)”.

Dijo: “Tania y su familia son Mineros. Tania y su familia representan lo mejor de nosotros como Mineros”.

Si estuvieron presentes en la graduación las madres de Mariscal Quintana y Pérez Lara, fue porque Wilson logró un acuerdo con Héctor Mancha, director de CBP en El Paso. La presidenta universitaria le escribió una carta al director.

Y Mancha le respondió a su vez en una carta, que obtuvieron El Paso Times y Puente News Collaborative: “Las graduaciones son un hito que representa un gran logro y yo comprendo la importancia de compartir esta celebración con la familia”.

Mancha otorgaría la excepción solo a los padres de los graduados y sólo a los que tenían documentos válidos de viaje, como visa de turista.

Lara Ruíz cruzó a pie el puente Santa Fe horas antes de la ceremonia y por primera vez en 14 meses, vestida de traje negro con zapatillas, llevando consigo la carta que CBP había repartido a los padres.

Pérez Lara cruzó por separado en auto por el carril de cruce exprés SENTRI de la calle Stanton y le esperó a una cuadra en la acera frente a la estación de autobuses Los Limousines – un plan logístico de división y conquista que acostumbran usar los que cruzan frecuentemente la frontera para evitar largas esperas en los carriles regulares.

Reflexionó en lo que para él significaba tener a su madre en la ceremonia de graduación.

“Mis padres siempre han querido que yo estudie en los Estados Unidos”, contó. “Es muy importante que mi madre pueda estar allí. Ha sido mi mayor apoyo”.

Anayensi Lara approaches the Port of entry in Paso Del Norte bridge in order to be present for her son’s graduation. Her son, Heriberto Perez is one of hundreds of students who reside in Ciudad Juarez and were granted a special wavier by CBP in order for their parents to attend the graduation in El Paso, Texas.

‘Felicidades, corazón’

En Juárez, la familia extendida se había reunido en casa desde las 7 de la tarde para ver la ceremonia virtualmente. Una fotografía ampliada de Pérez Lara vestido de toga y birrete, con la estola anaranjada, estaba puesta sobre una tripíe.

El hermano de Lara, Reynaldo Lara, había montado un proyector para transmitir el evento en la pared, como pantalla.

La madre de Lara Ruíz y abuela de Pérez Lara, Ana María Ruíz, y la familia estaban sentados alrededor de las mesas que habían alquilado para la ocasión. Había dos pelotas playeras con el mensaje “Feliz Graduación” impresas, flotando en una alberca con azulejos.

La transmisión en vivo se cortó a media ceremonia, por una falla técnica en la transmisión desde UTEP. La familia buscó en línea otras señales de video, pero los enlaces colgados en los medios sociales conducían a la misma fallida transmisión en vivo de YouTube. En lo que los apellidos se acercaban más a “Pérez” y no se recuperaba la imagen, la familia se resignó a no verlo.

No lo verían caminar después de todo.

“Me hubiera encantado verle llegar al final”, dijo la abuela Ruíz, las mejillas humedecidas con lágrimas.

A eso de las once de la noche, Lara Ruíz y Pérez Lara llegaron en auto a la casa. Reynaldo Lara agarró su cámara de televisión montada en el hombre y corrió a abrazar a su sobrino, para después seguirle para captar el momento en que fuera recibido por sus amigos y el resto de la familia.

Con el birrete y su diploma en la mano, Pérez Lara atravesó el patio dándoles la mano y abrazando a los amigos y a los familiares hasta llegar a su abuela. Ella le extendió los brazos y le tuvo las manos entre las suyas.

“Felicidades, corazón”, le dijo, dándole un abrazo.

“Estoy muy orgullosa de él”, comentó. “Nunca dejó atrás los estudios”.

Dos hombres de mandil servían tacos de carne asada y al pastor en platos desechables. Lara Ruíz saludó a los invitados, sonriente.

La fiesta duraría hasta altas horas de la noche.

Anteriormente, durante el día, ella habló en alto de su preocupación, “Espero que encuentre un puesto que le guste”.

La pandemia había golpeado duro a Pérez Lara. Se preocupaba por salir con éxito en las clases virtuales y por encontrar un trabajo después de graduarse, dijo su mamá.

“Él me decía: Mamá, pero tengo que ser una persona productiva”, contó ella. “Yo le dije, ‘No te preocupes. Pongamos en Dios nuestras esperanzas. Se paciente’. Le digo a Heriberto: ‘Todo pasa por algo’. Cada uno tenemos el destino marcado”.

“La promesa que hacemos como padres”, dijo Lara Ruíz, “es de enseñarles a nuestros hijos que pueden tomar vuelo por su cuenta”.

Comuníquese con Verónica Martínez de La Verdad de Juárez en vmartinezmedia@gmail.com.

Comuníquese con Lauren Villagran en lvillagran@elpasotimes.com.

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Este contenido fue producida como parte de Puente News Collaborative, una asociación binacional de organizaciones de noticias en Ciudad Juárez y El Paso, de la que forma parte La Verdad

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