Opinión

Medio sexenio

Mi impresión es que Marko Cortés cayó en la agenda de la sucesión adelantada del Presidente y mandó su propia lista, que no es de presidenciables sino de buenos deseos: una lista para no quedarse atrás, pues. Su lista evidencia que PRD, PRI, PAN e incluso sumando a Movimiento Ciudadano tienen muy poco para echar mano.

Alejandro Páez Varela

El fin de semana, quizás forzado por las inercias de la sucesión adelantada por el Presidente de México, Marko Cortés, dirigente nacional del PAN, dio a conocer la lista de precandidatos de su partido, la mayoría gobernadores y varios de ellos muy cerca de dejar el cargo. Nombra a la Gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván; al Gobernador de Yucatán, Mauricio Vila Dosal; al de Guanajuato, Diego Sinhue Rodríguez; al de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca; al mandatario saliente de Querétaro, Francisco Domínguez; a Santiago Creel, vicepresidente de la Cámara de Diputados; al líder del PAN, Juan Carlos Romero Hicks, y a Ricardo Anaya Cortés.

Me pareció una lista-de-buenos-deseos más que de presidenciables. Y además, una lista sin sorpresa, floja, que apenas retrata las figuras más sobresalientes del panismo en este momento. Aunque falta tiempo para el proceso electoral, la caballada –como solía llamársele– de los panistas es flaca y además, vulnerable. Al menos la mitad de ellos ha sido abiertamente señalado en expedientes por corrupción e incluso varios han librado hasta ahora la prisión por la inoperancia de la Fiscalía General de la República, pero no porque falte sustento a la investigación. En ese sentido, un buen ejemplo es García Cabeza de Vaca, quien parece disfrutar sus últimos meses, semanas o días de libertad. La lista es pobre y vulnerable, pero es lo que hay. Y está manchada por esa generación de panistas vinculados con dinero sucio.

Hay que recordar que para 2024, el PAN irá con el PRI y el PRD. De las sobras perredistas no creo que salga una figura que compita con la lista del PAN. Del PRI hay varios apuntados. Al menos están Miguel Ángel Osorio Chong, Alfredo del Mazo Maza, Rubén Moreira. Todos muy sobados, desgastados.

Movimiento Ciudadano tenía más o menos resuelta su candidatura presidencial para 2024. Enrique Alfaro parecía posicionado para llegar con cierta facilidad. Pero se le ha complicado. Samuel García y Luis Donaldo Colosio hijo han emergido desde Nuevo León como figuras más viables que el mismo Alfaro. En las últimas encuestas se ve a Alfaro en un lejano tercer lugar frente a sus otros dos compañeros de partido. Colosio, quizás arrastrado por el peso de su apellido, aparece en un primer lugar con niveles de popularidad que ya quisiera no solo Alfaro o García: cualquiera en la oposición. Falta (y aplica para varios de los destapados por el PAN) que mantengan su brillo durante el ejercicio de Gobierno, pero sin duda el Movimiento norteño se ha impuesto sobre el de Jalisco, que batalla incluso para conservar lo que había ganado. Esto complica las cosas porque los del norte no tienen credenciales ni edad para competir, y Alfaro encabeza un gobierno con muy, pero muy poco brillo.

Recapitulando. De los despojos del PRD no sale nada; en el PAN, flaca y muy vulnerable caballada; el PRI… híjole: algunos dudan incluso que llegue vivo a 2024 porque podría perder Hidalgo, Estado de México y Coahuila antes de las presidenciales. Y a MC se le cayó la apuesta para la presidencial siguiente.

Pues si lo aceptan, si todavía hay quien crea en él, Ricardo Anaya se apunta y anda sobres. Digo, son públicas las dudas que hay sobre su honestidad, y tiene fama de traicionero pero allí está. Y está Margarita Zavala, impulsada por su esposo pero desinflada por ella misma, es decir, por la realidad. Estaba Claudio X. González que se descartó a sí mismo. Está Santiago Creel, que es tan aburrido como una galleta salada sin sal. Está Maru Campos, si es que logra quitarse ese olor pegajoso a César Duarte y hace un buen papel en Chihuahua. Está… no sé. ¿Quién más está?

Mi impresión es que Marko Cortés cayó en la agenda de la sucesión adelantada del Presidente y mandó su propia lista, que no es de presidenciables sino de buenos deseos: una lista para no quedarse atrás, pues. Su lista evidencia que PRD, PRI, PAN e incluso sumando a Movimiento Ciudadano tienen muy poco para echar mano. Mi impresión es que se va a requerir mucha imaginación y muchas ganas para presentar a alguien en 2024.

¿Quién para la presidencial? Qué pregunta. Muchos dicen que el candidato dependerá de quién mande Morena. Quizás lo que le queda a la oposición es recurrir a un candidato externo; uno que los una y que los represente. Está Juan Ramón de la Fuente (cada 6 años está). Algunos mencionan a Lorenzo Córdova (dicen que si hay Reforma Político-Electoral sí irá). Unos dicen que Ricardo Monreal les haría el favor; honestamente no creo que se lo acepten. Y otros especulan con que Marcelo Ebrard optará por un frente contra Morena si no queda él y a ése, si es lo que se dice, sí creo que lo acepten.

La falta de candidatos presidenciales en la oposición refleja el fondo: que no es un tema de candidatos; es un tema de los partidos. Están en una muy seria crisis moral y ética. Una crisis de definición: del qué son, qué buscan; incluso una crisis de identidad y de quiénes han sido. Y mientras no resuelvan esa crisis interna, o justamente porque no hay quién resuelva esa crisis interna es que no hay cuadros rescatables. Siento a la oposición en el centro de un vórtice, flotando violentamente en círculos, desmembrada; tratando de darse coherencia dentro del remolino. Nunca ha pensado, quizás, en salirse del remolino. O quizás sea el remolino mismo.

Quedan tres años al sexenio. ¿Quién nos dice que en esos tres la oposición hará lo que no hizo en los pasados tres?

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Alejandro Páez Varela. Periodista, escritor. Es autor de las novelas Corazón de Kaláshnikov (Alfaguara 2014, Planeta 2008), Música para Perros (Alfaguara 2013), El Reino de las Moscas (Alfaguara 2012) y Oriundo Laredo (Alfaguara 2017). También de los libros de relatos No Incluye Baterías (Cal y Arena 2009) y Paracaídas que no abre (2007). Escribió Presidente en Espera (Planeta 2011) y es coautor de otros libros de periodismo como La Guerra por Juárez (Planeta, 2008), Los Suspirantes 2006 (Planeta 2005) Los Suspirantes 2012 (Planeta 2011), Los Amos de México (2007), Los Intocables (2008) y Los Suspirantes 2018 (Planeta 2017). Fue subdirector editorial de El Universal, subdirector de la revista Día Siete y editor en Reforma y El Economista. Actualmente es director general de SinEmbargo.mx

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