Mujeres

Defensoras de derechos humanos en Ciudad Juárez: una labor contra la indiferencia

Cristina aboga por las personas migrantes; Lydia por las mujeres en situaciones de vulnerabilidad y Olivia, desde la académica y la abogacía lucha por la justicia, las tres mujeres nos comparten sobre su luchan por los derechos humanos

Iván Gómez Cruz / La Verdad

Cristina Coronado ha sido una defensora de los derechos humanos de los migrantes desde 2014. Inicio en El Paso, Texas, y en el 2018, extendió su actividad en Ciudad Juárez, cuando comenzaron a llegar las primeras caravanas de centroamericanos.

Todos estos años ha prestado sus servicios a través del Ministerio de Movilidad Humana, y a unos días del Día Internacional de las Defensoras de los Derechos humanos – conmemorado el 29 de noviembre–, en entrevista para La Verdad habla sobre su labor y los riesgos que enfrentan las defensoras en una comunidad fronteriza como Ciudad Juárez, aunque confiesa que no se había considerado a sí misma como tal.

“Es la primera vez que analizo la cuestión desde esta perspectiva. Yo lo hago desde la fe. Para mí es una cuestión de servicio, de la dignidad humana y del reconocimiento de que todos somos iguales”, expone. “En este mundo muchos quedan totalmente excluidos, y sobre todo los migrantes, pues se ven forzados a abandonar sus países y sus vidas por intereses mucho más allá de lo que podemos reconocer”.

Cristina Coronado, mujer defensora los derechos humanos de los migrantes. Fotografía: Rey R. Jauregui

Para Cristina, el significado de trabajar en la defensa de los derechos de los migrantes es visibilizar la desigualdad de la distribución de la riqueza; que muy pocos tienen mucho, que la mayoría tiene poco, y que dentro de esa mayoría hay algunos que no tienen nada.

“Es una lucha común, por el mundo, por nosotros mismos, porque en un mundo desigual no sé quién puede dormir tranquilo”, afirma.

La mujer detalla que la indiferencia de la comunidad y la irresponsabilidad del Estado, representan los principales retos a los que se enfrenta el Ministerio de Movilidad Humana en su labor de velar por los derechos de los migrantes.

Comenta que dentro de los tres niveles de gobierno se maneja un discurso de defensa hacia los derechos y para el progreso de la comunidad, pero señala que en la práctica los gobernantes están muy alejados de eso.

Lydia Cordero, directora de la asociación civil Casa Amiga Esther Chávez Cano, defender a mujeres en situaciones de vulnerabilidad. Fotografía: Cortesía

Si alguien conoce que ser defensora de derechos humanos en Ciudad Juárez es una labor riesgosa es Lydia Cordero, directora de la asociación civil Casa Amiga Esther Chávez Cano, quien lleva 20 años dedicada a defender a mujeres en situaciones de vulnerabilidad. Fotografía: Cortesía

Su labor representa una dicotomía de sentimientos, dice. Expone sentirse honrada por poder auxiliar a mujeres necesitadas, por ser de las personas que alzan la voz a nombre de ellas y porque su asociación es a la que acuden en primera instancia cuando se encuentran en una situación que las pone en peligro; pero también comenta que las condiciones en las que se desempeña no son las más adecuadas.

“En el estado y en el país, uno de los principales obstáculos en este momento, tiene que ver con el descrédito y el desprestigio que se hace del Gobierno Federal hacia quienes hacemos defensa de los derechos humanos y en particular de las mujeres”, señala. Hay discursos muy fuertes a nivel federal en contra de quienes exigimos mejores condiciones de vida, dignidad y seguridad para las mujeres”.

Ese desprestigio se ve reflejado en la falta de recursos institucionales y en los recortes presupuestales para apoyar a las organizaciones y darle mantenimiento a los espacios que son para las personas que acuden en busca de ayuda, explica en entrevista.

“Justo ahorita estoy esperando a una mujer que la está acompañando la policía por sus hijos, y de aquí ya ingresamos al refugio. Entonces imagínate lo que significan todas estas gestiones, el proceso, el tener un espacio digno para recibir a estas mujeres”, comenta Lydia.

Las necesidades son muchuas y los recursos pocos, por lo que asegura que muchas organizaciones defensoras de los derechos humanos se han visto en la necesidad de cerrar, a pesar de que son necesarias porque cubren las deficiencias del gobierno en materia de seguridad, de acompañamiento, de asesorías, de atención a víctimas de violencia y a sus familias.

Tanto Lydia Cordero como Cristina Coronado coinciden en que para defender los derechos humanos no es necesario pertenecer a una organización.

Olivia Aguirre Bonilla, abogada y académica. Fotografía: Cortesía

Un ejemplo de ello es el caso de la abogada y académica Olivia Aguirre Bonilla, quien, sin ser parte de una organización civil, desde hace 15 años ha velado por los derechos humanos, a través de lo jurídico y de la docencia. Olivia menciona que su función ha sido educar y denunciar, promover y educar sobre estos derechos.

En entrevista para La Verdad, la abogada expresa que se ha enfrentado a la burocracia del Estado en temas de acceso a la justicia, para que llegue de manera pronta y expedita a las víctimas.

“Desde el ámbito donde yo me desenvuelvo, desde lo jurisdiccional y de litigio, me he enfrentado a juzgadores que realmente no tienen como punto medular la defensa de los derechos humanos y a la persona, y se supone que también ellos son defensores, pero parece que en ocasiones no se toman ese papel”, comenta Aguirre Bonilla.

También denuncia que en el ámbito institucional no hay realmente un respeto a las personas defensoras de los derechos humanos, pues señala que llegan a ser criminalizadas, amenazadas, objetivo de ataques y hostigamientos, e incluso asesinadas, cuando una de las obligaciones del Estado es prevenir este tipo de atentados hacia activistas.

Las luchas sociales traen consigo una incidencia política y cultural, comenta Olivia Aguirre; sin embargo, aclara que esa incidencia se consigue siempre y cuando la lucha sea legitimada, pues las luchas que no obtienen legitimación por la sociedad fracasan. “Todas las declaraciones, pactos y convenios de derechos humanos traen consigo una lucha social detrás”.

Lydia Cordero y Cristina Coronado también destacan el papel de quienes defienden los derechos humanos en la creación de instituciones y leyes que cada vez han propiciado mayor protección hacia la población.

“Juárez es una ciudad que ha sido emblemática por esto (la defensa de lso derechos humanos), por posicionar temas de seguridad para las mujeres a nivel internacional. El papel de las defensoras en Juárez y en Chihuahua ha sido ejemplo, incluso en otros países y en otros estados”, expresa Lydia Cordero.

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