Opinión

“Comemos todas o ninguna”




abril 21, 2020

¿Cómo le hacemos para sostener la vida en medio de este escenario de pandemia desde una economía feminista? Tendríamos que plantear desde la sostenibilidad económica un equilibrio entre producción, distribución y utilización del producto social

Celia Guerrero
Twitter: @celiawarrior

Ciudad de México – Las mujeres organizadas y de grupos y colectivas feministas en la periferia de la Ciudad de México discuten cómo continuar presentes en el espacio público y en el imaginario social durante una epidemia que exige reclusión voluntaria y dirige toda la atención política al combate de un virus que amenaza con adelantar el colapso de la estructura como la conocemos. El encierro en casa —ya se ha dicho— no es lo mismo para hombres y mujeres. Mientras, en el caso de las mujeres precarizadas el confinamiento y exclusión de lo público continúan siendo circunstancias tan vigentes que su normalización social conlleva una peligrosidad absoluta. No es momento de paralizar las luchas de y por las mujeres, coinciden. Pero, ¿cómo continuar resistiendo desde las limitantes impuestas por una realidad material?

Lo primero que se impone, y además se agrega y rebasa en potencia a la propagación de la enfermedad misma, es la violencia. Y no sólo las violencias física y sexual, las más identificables; o la psicológica y emocional, que tienden a ser menospreciadas; también está la violencia económica, una que se traduce en hambre, mayor vulnerabilidad y limitaciones físicas inmediatas.

Ante este escenario, la Colectiva Moradas, integrada por feministas de Nezahualcóyotl, Estado de México, ha optado por armar despensas de alimentos y artículos básicos para mujeres de su entorno que debido a la contingencia se han quedado sin sustento. Acá cabe un paréntesis: la primera de las acepciones del nombre sustento se refiere a aquello necesario para el sostenimiento de la vida.

“Comemos todas o ninguna”, anuncia el cartel de Colectiva Moradas que circulan en redes sociales para convocar a las donaciones [click aquí]. Estas mujeres están resolviendo el cómo continuar presentes en el espacio público e imaginario social, cómo resistir y cuidarse entre todas durante el confinamiento, y en el fondo se están preguntando y le están dando respuesta a una de las grandes interrogantes de la economía feminista: ¿cómo le hacemos para sostener la vida? Todo ello en medio de este escenario de pandemia.

Hace unas semanas, Angela Davis y Naomi Klein sostuvieron una charla transmitida en línea alrededor de la crisis global aumentada por el coronavirus, recordando que quienes nos sumergieron en ella no serán quienes salven al mundo de ellos mismos. La discusión giró en torno a la facilidad con la que las instituciones públicas y privadas son capaces de controlar nuestras vidas a través de políticas restrictivas y discriminatorias.

En México, así como los feminismos señalaron recientemente con #NoMeCuidanMeViolan que las instituciones patriarcales no son capaces de proveer seguridad a las mujeres y ese vacío hace necesaria la autodefensa feminista; ahora nos conviene hablar de las estrategias comunitarias de búsqueda del sustento que no podemos seguir esperando provengan del Estado.

Desde la economía feminista, la propuesta de sostenibilidad de la vida humana es un concepto amplio que enmarca toda una discusión sobre la reproducción, el trabajo de cuidados y el mantenimiento de la vida y el bienestar, explican Cristina Carrasco y demás autoras en El trabajo de cuidados. Historia, teoría y políticas.

La sostenibilidad como proceso implica: sostenibilidad económica, ecológica y social, y “no sólo hace referencia a la posibilidad real de que la vida continúe… sino a que dicho proceso signifique desarrollar condiciones de vida, estándares de vida o calidad de vida aceptables para toda la población”, exponen.

Luego, si la propuesta es repensar las problemáticas acarreadas por la emergencia sanitaria desde una economía feminista, tendríamos que plantear desde la sostenibilidad económica un equilibrio entre producción, distribución y utilización del producto social. Un “comemos todas o ninguna”, ahora más que nunca, como objetivo a inmediato y largo plazo.

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