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Ni Biden ni Trump: a México le irá igual con cualquiera de ellos como presidente en EU




septiembre 5, 2020
Foto: Dan Denis / Unsplash

El 3 de noviembre hay elecciones presidenciales en Estados Unidos. Donald Trump, quien parecía invencible hace unos meses, está en aprietos para reelegirse frente al demócrata Joe Biden. Es igual. La historia enseña que el destino de las relaciones binacionales es ajeno a la filiación del mandatario estadounidense. 

Texto: Alberto Nájar / Pie de Página

Ciudad de México.- ¿Qué va a pasar con la relación entre México y Estados Unidos después de las elecciones presidenciales de noviembre en ese país?

Es la pregunta que empieza a repetirse en foros políticos, académicos  y grupos empresariales mexicanos. Y la respuesta es: nada.

En algunos círculos se sigue con interés el movimiento de las encuestas en suelo estadounidense, sobre todo porque se asoma una posibilidad impensable al inicio de este año: Donald Trump, postulado por el Partido Republicano, puede perder la reelección ante un cada vez más popular Joe Biden, candidato del Partido Demócrata.

La forma como manejó la emergencia sanitaria por la pandemia de coronavirus, y el impacto de los escándalos acumulados en su presidencia empiezan a cobrarle factura.

En los últimos días el magnate empezó a repuntar en los sondeos electorales pero sigue en desventaja ante Biden, quien fuera vicepresidente en los dos períodos de Barack Obama.

A finales de 2019 Trump parecía tener bien asegurada su recámara y oficinas en la Casa Blanca. Pero ahora la moneda está en el aire, y eso inquieta a algunos en México, sobre todo por la peculiar relación con el presidente Andrés Manuel López Obrador.

¿Qué puede pasar si el perdedor de las votaciones del martes 3 de noviembre es quien llama amigo a AMLO? ¿Biden querría castigar de alguna forma esos vínculos aparentemente estrechos?

Y, por el contrario, ¿se mantendrá la misma actitud de Trump hacia México y su presidente?

En ambos casos lo más probable es que no pase nada nuevo, porque desde hace mucho la relación binacional va más allá de los mandatarios en turno.

Y para México en particular, coinciden analistas, el panorama después de la elección estadounidense es complicado. Gane quien gane las votaciones.

“México tiene retos brutales que serán supervisados, analizados sopesados por nuestro socio comercial más importante” explica Iliana Rodríguez Santibáñez, investigadora del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

“Cualquiera que llegue no la tenemos fácil. Vienen tiempos de mucho trabajo”.

La historia

En México muchos creen que al país le va mejor con un presidente del Partido Demócrata en la Casa Blanca que con uno del Republicano.

Una de las razones es la cercanía de este partido con grupos extremistas de ultraderecha. Pero en realidad no hay diferencia alguna. 

Algunos políticos republicanos promueven acciones y leyes antiinmigrantes pero al mismo tiempo fue un presidente de ese partido, Ronald Reagan, el único que promovió una amnistía para millones de extranjeros residentes en Estado Unidos sin documentos.

Fue en 1986. Muchos de los beneficiados fueron mexicanos. Desde entonces no ha ocurrido algo similar.

En cambio fue un popular y simpático presidente demócrata, William Clinton, quien impulsó la construcción de un muro en la frontera con México a partir de 1993.

El primer programa fue Operación Guardián, que implicó edificar la muralla en la frontera entre Tijuana, Baja California y San Diego, California. Paulatinamente se extendió hacia el este.

Cuatro años después, en 1997, empezó la Operación Río Grande, con un método similar: el muro se construyó desde Matamoros, Tamaulipas, hacia el oeste.

El resultado fue un enorme cerco, que obligó a quienes pretendían caminar sin documentos a Estados Unidos a caminar por los desiertos inhóspitos en la frontera central. Miles de personas han muerto desde entonces.

Y otro mandatario también popular en México, Barack Obama, aplicó programas masivos de deportación de migrantes. Más de dos millones de personas fueron expulsadas de su país en los dos períodos de su gobierno, entre 2008 y 2016. De ellos, unos 840 mil eran mexicanos.

En la relación comercial también hay matices. Un presidente del Partido Republicano, George Walker Bush, fue un activo promotor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Y en cambio un demócrata, Bill Clinton, obligó a los países socios, México y Canadá, a una renegociación del acuerdo.

Un asunto de congruencia. Históricamente la agenda política de los demócratas ha tenido un sentido social, cercano a causas consideradas liberales en Estados Unidos como defender los derechos laborales.

Pero eso les obliga a mantener la mirada hacia el interior de su país. “Preservan y protegen sus mercados y a sus ciudadanos sin importar las agendas bilaterales” dice la investigadora del ITESM.

Los demócratas “no son lo mejor que nos ha ocurrido, por ejemplo la reactivación económica siempre ha venido de manos republicanas”.

Nada cambia

Al final no importa quién sea el ganador de los comicios de noviembre, insisten especialistas. El próximo presidente de Estados Unidos deberá afrontar la intensa relación con su principal socio comercial.

El intercambio de mercancías entre ambos países supera, en promedio, los 500 mil millones de dólares anuales.

Unos diez millones de empleos estadounidenses dependen de los mexicanos, y hay regiones enteras que necesitan a los consumidores de este país para sobrevivir.

Es el caso de Texas, por ejemplo, que vende el 40% de su producción de carne de cerdo a los mercados mexicanos.

Otro ejemplo es el maíz amarillo, utilizado en México para la alimentación del ganado. El país es deficitario en la producción de ese grano de baja calidad –destinado para alimentar al ganado- pero lo compensa con importaciones de Iowa, Dakota del Norte, Kansas, Missouri y Nebraska, por ejemplo.

Los campesinos de esos estados dependen casi por completo de México, pero no es todo.

En Querétaro existe el mayor conglomerado de la industria aeroespacial en América Latina, y el segundo más importante para Estados Unidos.

De acuerdo con la Secretaría de Economía la mayor parte de los aviones de líneas aéreas internacionales del mundo tienen motores y otras partes construidas por mexicanos.

No es todo. En México se fabrican componentes fundamentales para la industria de guerra estadounidense, e inclusive en fábricas mexicanas existe una importante cadena de producción de patrocinada por el Pentágono, el cuartel central de defensa de Estados Unidos.

Sin contar, por supuesto, con la extensa cadena de fabricación de otros productos como automóviles, computadoras, teléfonos celulares, pantallas inteligentes de televisión y equipo médico como ventiladores.

Todos se producen en México. De esta extensa industria dependen millones de estadounidenses, la mayoría en regiones y estados que suelen participar intensamente en la vida política de su país.

¿Biden, el enemigo de AMLO?

Cada cuatro años, en la campaña por la elección presidencial de Estados Unidos, uno de los protagonistas centrales es México.

Es parte de los discursos políticos. Muchos de los candidatos a cualquier puesto, desde una alcaldía, escaño en el Senado o la presidencia del país, suelen utilizar la migración como parte de la retórica para conseguir votos, por ejemplo.

Y en México es práctica común que la retórica estadounidense sea fuente de controversia. Lo mismo sucede este año, aunque con algunas diferencias.

Una de ellas es la relación de Trump y López Obrador. En las últimas semanas no son pocos quienes advierten que el presidente mexicano puede pagar un alto costo en caso de que Joe Biden triunfe en los comicios de noviembre.

Algunos inclusive aventuran un eventual enfriamiento en los vínculos binacionales, una especie de sanción por la cercanía de AMLO con el magnate.

En el fondo es difícil que esto ocurra, aseguran especialistas. Y la razón más importante se llama política real.

Durante las campañas electorales en Estados Unidos son comunes las amenazas como las de Trump, quien pretende gravar el envío de remesas, o aplicar un impuesto a los automovilistas que ingresen a su país desde México.

Son discursos para ganar votos, dice la investigadora Rodríguez Santibáñez, que una vez en el poder se confrontan con la realidad.

Eso ocurrió con Trump en los últimos cuatro años, cuando no pudo conseguir fondos para terminar la construcción del muro fronterizo por ejemplo.

Y lo mismo puede ocurrir con Joe Biden si gana los comicios en noviembre, dice Silvia Núñez García, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Biden no tiene por qué ser un gran amigo de López Obrador pero tendrá que ser cortés”, explica.

“Se comportaría a la altura de las circunstancias sobre todo en la relación bilateral con uno de los principales socios comerciales con Estados Unidos”.

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Este trabajo fue publicado originalmente en Pie de Página que forma parte de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes consultar la publicación original.

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