Opinión

Derechos Humanos, retrocesos y agenda pendiente




diciembre 10, 2020

Es el momento propicio para conocer y recordar las luchas dadas por otras antes que nosotras. Se requieren articulaciones colectivas formadas, informadas y capacitadas

Imelda Marrufo

Este 10 de diciembre se conmemoran 72 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que adoptara la Asamblea General de las Naciones Unidas. 

El proceso para reconocer los derechos humanos implicó un gran consenso social para establecer acuerdos que reconocieran las diferencias religiosas, de identidad cultural, de edad, orientación sexual, identidad de género y condición migratoria, entre muchas otras.

En la Declaración se estableció que los derechos humanos eran “para todos”, sin embargo, el para todos se tradujo tal cual, es decir, para todos los hombres. Su aprobación no generó de facto el reconocimiento ni la garantía de los derechos para las mujeres. Pasaron tres décadas de debates para que esto ocurriera.

El modelo de derechos se basó en un modelo masculino que no tomó en cuenta las circunstancias específicas de las mujeres. Por el contrario, en la legislación mexicana encontramos una normatividad altamente discriminatoria, a las mujeres se les consideraba propiedad de los hombres.

Cabe relatar que hasta hace pocos años era más penado matar a una vaca que a una mujer. Además, se justificaba el asesinato de las mujeres como un acto para” lavar el honor” de los perpetradores feminicidas.

Durante la Conferencia Mundial de los Derechos Humanos realizada en Viena en 1993, se definió que todas las personas poseen una dignidad humana inherente y tienen por igual derecho a disfrutarla, por lo que es responsabilidad de los Estados protegerla y garantizarla. Se reconocieron específicamente los derechos humanos de las mujeres, así como las obligaciones de los Estados de protegerlos, promoverlos y garantizarlos.

El concepto de “los derechos de las mujeres son derechos humanos” cobró fuerza por los movimientos feministas articulados que dieron sendas luchas para exigirlos.  Si los derechos son inherentes a todos los seres humanos, ¿no son las mujeres humanas?, entonces, ¿qué caso tenía pugnar por ellos? Siguiendo esa reflexión, mi maestra Alda Facio – jurista internacional – refiere que las mujeres tenemos poco tiempo de ser consideradas como humanas.

La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres, (CEDAW) de la ONU, considerada la carta internacional de los derechos de las mujeres se aprobó hace apenas 41 años.

La defensa de los derechos de las mujeres tuvo que llegar a la Corte Interamericana de Derechos humanos, con lo cual se convirtió en criterios obligatorios que amplían el marco de derechos. Los casos de Inés y Valentina, Atenco y Campo Algodonero son quizá algunos de los más conocidos.

Este año, la agenda de derechos humanos tuvo lamentables retrocesos. Las diversas instituciones nacionales creadas a partir de las luchas sociales sufrieron fuertes golpes.

A nivel nacional, los recortes al presupuesto de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas fueron del 75 por ciento.

La desaparición del Congreso del Fideicomiso para Reparaciones Integrales de Víctimas ordenada por el presidente de la república fue señalada por diversos movimientos de familiares como un acto de traición.

El Instituto Nacional de las Mujeres no se escapó de las disminuciones, la situación conllevó a la entrega de recursos de manera tardía y la carencia de fondos en una buena parte de las instancias municipales.

La Recomendación General No. 40 en materia de feminicidio presentada hace un año en Juárez brilla por su ausencia, la Sra. Piedra, titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, no ha dicho media palabra.

Ya en el contexto de la pandemia, los grupos de derecha promovieron iniciativas para legislar a favor del llamado PIN Parental. Se trata de una figura conservadora inspirada en la época del oscurantismo que nos regresa siglos atrás.

A lo anterior se suma que algunos de las y los conservadores legisladores de Chihuahua se alían con funcionarios/as de gobierno como Teresa Ortuño para repartir contenidos antiderechos en las escuelas. Se amparan en discursos engañosos que no son otra cosa más que la expresión de sus posiciones personales religiosas.

El marco del aniversario de los derechos humanos es el momento propicio para conocer y recordar las luchas dadas por otras antes que nosotras. Se requieren articulaciones colectivas formadas, informadas y capacitadas.

A la memoria de los y las defensoras a quienes les debemos su aporte, pasión, entrega y compromiso, les decimos que nuestra acción seguirá pugnando por la defensa de los derechos y libertades; partiendo, en todo momento, del reconocimiento de la dignidad plena de todas las mujeres.

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