Migración

‘Esta gente viene dispuesta a morir por el sueño americano’




diciembre 18, 2021

La caravana migrante  permanece en la Ciudad de México tras el encapsulamiento policíaco que se convirtió en enfrentamiento, con trece policías y tres migrantes heridos. Los migrantes descansan en la Casa del Peregrino. Participan en protestas en la ciudad, marcharon en memoria de los 55 migrantes fallecidos en Chiapas y este jueves acuden a Palacio Nacional

Texto y fotografías: María Ruiz / Pie de Página

Ciudad de México- Selvi Daniel se sienta en una banca y estira su pie vendado. Desde el domingo usa muletas. Durante el encapsulamiento en la carretera México-Puebla un policía de la capital mexicana lo empujó del puente peatonal:

“Ya era de muerte, yo pensé… cuando iba en el aire… ya me mató. Pero Dios me dio una segunda oportunidad”, cuenta Selvi. 

Selvi es uno de los tres migrantes lesionados en el enfrentamiento con los policías del domingo pasado, los otros dos permanecen en el hospital. A su alrededor sus compañeros reconstruyen la historia:

“Nosotros íbamos pacíficamente. El desorden comenzó cuando esos sujetos antimotines comenzaron a lanzar gas. Fue cuando las personas al frente comenzaron a responder. Cuando vi eso reaccioné, no tuve otra opción más que defender a mis compañeros”, recuerda Alberto.

En este grupo de hombres reunidos en el albergue la casa del Peregrino insisten que si no los hubieran sorprendido habrían reaccionado con más fuerza. Su talón de Aquiles es el cansancio. No esperaban que en la Ciudad de México también los emboscaran

Los hombres coinciden en que los hondureños son recios. Que no los podrán detener en su decisión de seguir al norte.

Julio, un adolescente de 19 años, lo explica en una frase: “Mi niña, esta gente que viene aquí viene dispuesta a morir por el sueño americano”.

Hablan de la muerte como un misterio aceptado: “Nosotros sabemos donde nacimos pero no sabemos donde vamos a morir” cuenta Alberto. Conversan de su fuerza, de dónde la sacan durante el camino y en esa conversación nombran a Dios.

“Oramos así, en el pensamiento. Hablamos en silencio con Dios. Pedimos que nos proteja en el camino”, comparte Selvi.

La mayoría son evangélicos. Algunos son católicos, son quienes querían ver a la Virgen de Guadalupe el domingo pasado. Selvi es evangélico, al igual que Alberto. Ambos vienen de Honduras y cuentan que allá, la mayoría profesa la misma religión que ellos, solo los viejos son católicos.

Selvi Daniel y sus compañeros de caravana, David y Moises.

En este albergue improvisado con lonas, colchonetas, cobijas y una que otra casa de campaña, el sentimiento de ser emboscados se escucha entre las conversaciones, y a la vez, también el del agradecimiento por el buen trato que se les ha dado en este sitio.

“Hay gente empachada de tanta comida”, cuenta una joven que porta un chaleco naranja como señal de que esta noche, mientras Irineo Mujica duerme, es una de las responsables a cargo.

A unos pasos de Selvi un grupo de mujeres y hombres de distintas edades forman un semicírculo, un teléfono celular conectado a una bocina es el centro de atención de sus miradas. Miran las noticias en Facebook.

En la pantalla aparece la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum hablando del enfrentamiento y la responsabilidad policiaca, negando que hubiera intención de represión:

“En todo caso lo que se tiene que revisar es el momento en el que ponen una línea. Si hay algún abuso siempre se sanciona y en este caso hay que dejar muy claro el protocolo, pero en este caso es muy importante dejar muy claro que nunca hubo una intención de evitar que entrara la caravana, ni mucho menos, sino más bien que se hiciera en orden y si iban a la Basílica no tuvieran que caminar por la calzada de Zaragoza que es muy peligrosa”, se escucha por la bocina.

“Los políticos cuidan a los suyos”, dice Aura Marina Aguirre, una señora de mediana edad que busca llegar a Estados Unidos por segunda vez. En 2014 fue parte de otra caravana, logró cruzar pero llegando a EEUU la cosa se complicó y “con un quintanal de tristezas” decidió regresar a Guatemala.

Migra por segunda vez porque sus sueños son más grandes que sus miedos.

Del video de Sheinbaum scrollean (recorren los resultados de su búsqueda de Facebook de arriba a abajo) en busca de videos sobre su llegada a la Ciudad de México. “Mira ahí salgo”, dice otra de ellas.

Se miran, se buscan y también bromean sobre algunas de las frases que sus compañeros de viaje dicen a la cámara, también cuestionan la narrativa de algunos de los reporteros. “De la Ciudad de México van a llegar a Estados Unidos”, se escucha en el video reportaje…  “Ja, a Estados Unidos”, se ríen de lo fácil que suena llegar. “Armados con palos y piedras” continúa hablando el reportero… “¿Armados?”, cuestiona un joven con enojo. Una señora sale a cuadro, emocionada por llegar a la Ciudad de México… es una toma antes del encapsulamiento policíaco, “mirénla, ni sabía lo que le esperaba”, bromean.

Migrantes miran las noticias en un celular.

Aura cuenta que llegar a la capital les daba emoción pero jamás esperaron que así sería su recibimiento:

“Nos habían dicho en el camino que nos esperaban pero no esperábamos que esa fuera la manera de esperarnos. Lo vivido es algo que no se olvida, eso de estar peleando con la guardia o la policía para entrar a un país no es lo correcto y eso se va a quedar siempre en nuestra mente. Tratamos de superarlo, sabemos que estamos aquí por un motivo pero que mañana o pasado nos vamos a ir y si no se puede acá, continuamos, seguimos con nuestro camino, siempre migrando. Si pudiéramos no migrar por México, lo haríamos. Pero México está en medio y siempre vamos a migrar por aquí”, dice.

Aura se siente segura en el albergue en el que está. Cuenta que los han tratado bien, les han dado de todo. Este martes hasta una estudiantina de la delegación Gustavo A. Madero llegó a tocarles canciones mexicanas.

El baile durante la protesta en las calles de Polanco

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Ser libres, sentir apoyo 

Después del encapsulamiento en la carretera México-Puebla un cartel comenzó a circular en redes sociales. Convocaba a una protesta pacífica en memoria de los 55 migrantes fallecidos en una volcadura del tráiler en Chiapas y en solidaridad con la caravana que fue reprimida a su llegada a CDMX.

Este martes, como a eso de las dos de la tarde, un mensaje circula por Whatsapp. Es de Irineo Mujica, activista que guía a la caravana que permanece en el Albergue El Peregrino. Con esto avisa que un contingente de migrantes asistirá a la manifestación.

A las cinco de la tarde con diez minutos el contingente sale del albergue. El plan es llegar en Metro. Son alrededor de 150 personas. El Gobierno de la Ciudad de México les acompaña en su trayecto: “Para que no se dispersen”, les proporciona un tren solo para ellos. De Martín Carrera viajan hasta el Rosario, donde transbordan a la línea naranja. En cada estación que el tren para, se avisa a los pasajeros que esperan en los andenes que a ese tren no pueden abordar.

La caravana llega a Polanco, sale del Metro y camina gritando consignas: “¡No, no, no, no somos criminales!”, “Manchada de rojo está la frontera porque ahí se mata a la gente obrera!”.

Algunos aprovechan el trayecto para comprar cigarros sueltos. Caminan por las cuadras semioscuras de una de las colonias con mayor estatus económico de la ciudad: “Aquí hay que gritar fuerte”, dice Ana Enamorado, activista y buscadora de Óscar, su hijo desaparecido durante su trayecto migratorio por México. 

Frente a las oficinas del Instituto Nacional de Migración (INM) en la calle de Homero la caravana es recibida con tambores y música. La emoción entre la caravana detona en baile. Con flores en mano y sonrisas, los y las migrantes se sienten respaldadas.

“Es algo que teníamos planeado venir a hacer si no nos dan nuestros papeles. Veníamos en el metro y no esperábamos esto. Nos cambió el ánimo y nos da fuerza. Gracias por el apoyo, por regalarnos una sonrisa. Me caen bien”, cuenta David.

De esta sede deciden moverse a otra sede del INM, a unas cuadras, en la avenida Ejército Nacional. En el trayecto la marcha se vuelve baile, algunas consignas se escuchan y cada tanto unos cuantos corean el grito de: ¡Libertad, somos libres, libertad!

Al llegar al INM de Ejército Nacional, abren el micrófono. Aquí termina el mitin. Con velas forman el número 55, en memoria de los migrantes fallecidos en la volcadura en Tuxtla Gutiérrez, rodean las lucecitas con flores. Luego piden un minuto de silencio, aplausos, levantan sus manos y oran.

Eddie Álvarez cierra los ojos y de ellos escurren lágrimas. Su sobrino Luis iba «en la rastra» (en el tráiler) y no sobrevivió.

Piden, de nuevo, que cese la política migratoria del actual gobierno. Piden justicia por los 55 migrantes y recuerdan que seguirán migrando, que nada les parará:

“Ningún comunicado oficial va a resarcir la vida de ellas y ellos. No son los únicos, 29 compañeros migrantes más perdieron la vida en la frontera sur por el simple hecho de migrar. Migrar no es un crimen, que lo entienda el Estado: Vamos a seguir migrando” se escucha en el micrófono abierto.

La protesta acaba y la caravana regresa al albergue. Todavía no tienen una fecha confirmada para su partida. Mientras tanto seguirán en la Ciudad de México exigiendo un transitar digno por el país. Este jueves decidieron asistir a Palacio Nacional, después caminarán al Senado para buscar diálogo con los senadores, con la intención de que la política migratoria cambie y no tengan que arriesgar la vida en su tránsito por este territorio. 

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Este trabajo fue publicado originalmente en Pie de Página que forma parte de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes consultar la publicación original.

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