Opinión

¿Qué se puede hacer ante la violencia?




enero 3, 2023

Convocar a la solidaridad organizada del pueblo en defensa de sus derechos de tránsito, de trabajo y a la vida, con manifestaciones muy simbólicas y potentes, pero también ejecutando acciones pacificas para reducir el peso del poder de fuego frente al poder político

Por Gero Fong

El alma de un verdadero proceso de transformación debe fundamentarse en el pueblo, y no se trata como reza el pensamiento nacionalista de los grandes discursos, homenajes, estatuas y tributos, esa historia de bronce, odas a entelequias abstractas como pueblo, nación, patria, país, México, etcétera.

Estamos hablando más bien de la capacidad de acción de un pueblo, capacidad para organizarse y accionar atajando una problemática concreta. Se trata de aumentar la potestad –poder en sentido de mandar – y la potencia –poder en sentido de capacidad– del pueblo sobre la potestad y la potencia del estado y el capital, ahí donde sea posible y en la medida que sea posible.

Pero no nos pongamos tan abstractos y filosóficos, razonemos ante un hecho concreto grave y emergente, cómo son las últimas dos masacres famosas ejecutadas en Ciudad Juárez, la saga del jueves negro con sus funestas implicaciones (Dolidos, juarenses honran a víctimas de jornada violenta, autoridades intentan tranquilizar a la población). Observemos que el crimen organizado rebasó una línea que hasta entonces no se había cruzado de manera explícita, atacar directamente a los trabajadores con fines estratégicos, es decir simplemente porque salen más baratos y representan al ser humano común. Se ha pasado del oscuro “en algo andaba”, al explícito hay gente que no vale excepto como medio para causar terror, desechables, homo sacer (Agamben). Se trata pues de una pérdida de poder por parte del pueblo ante una parte del capital criminal.

Pero la actuación de las autoridades lejos de responder viene a confirmar y sellar esta tendencia, aparte de omitir el problema de fondo consistente en el escalamiento de la forma de violencia, la respuesta explícita de quiénes debieran cuidar al pueblo o al menos por eso cobran, es recomendar que el pueblo se esconda y espere a que lleguen comandos militarizados a cuidarlo, que por otra parte, estos comandos no dejan de ser omisos e impotentes ante la situación de extrema violencia, porque no son la herramienta adecuada para combatirla como demuestran las estadísticas de crimen de los últimos tres sexenios en el país.

Acontecimientos cómo los del jueves negro debieran aprovecharse para convocar a la solidaridad organizada del pueblo en defensa de sus derechos de tránsito, de trabajo y a la vida con manifestaciones muy simbólicas y potentes, pero también ejecutando por lo pronto acciones pacificas concretas de autodefensa, cuidado, prevención, información, organizando a la sociedad, etcétera, buscando reducir el peso del poder de fuego frente al peso del poder político en sentido amplio.

Pero los políticos burgueses de todos los colores aprovechan para machacar sobre el miedo paralizante, hablan de un problema tan complejo al cual no le pueden dar solución, le echan la culpa al de enfrente tan militarista como ellos mismos, claman a las fuerzas sobrenaturales para que se detenga la violencia, se ponen a resguardo de las Fuerzas Armadas de todas las corporaciones y llaman a todas aquellas buenas personas a recogerse en su casa, claro si es que tienen casa. Es decir los gobernantes omiten ejercer el poder popular que el pueblo les ha confiado para cuidarlo, un fenómeno que se repite en otros emblemáticos crímenes como son los asesinatos a defensores del medio ambiente, periodistas y mujeres.

Los gobernantes olvidan entonces y machacan sobre el olvido del pueblo, qué si existe otra salida, existe un momento cuando se debe responder como pueblo, porque el representante no debe sustituir al poder popular representado y al ser rebasado convocar a los pares del pueblo para defendernos, pero obvio esto solamente sería si México viviera un proceso de verdadera transformación. Por lo pronto queda fuera del horizonte burgués de los gobiernos, ya sean progresistas o abiertamente conservadores, debido a su status capitalista, hay que estar bien con los capitales, incluso o principalmente los criminales, pensar en empoderar al pueblo jamas. Así conceptos como seguridad ciudadana son frases vaciás en el México de hoy.

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