Opinión

¡Es la narrativa, estúpido!  




marzo 11, 2023

En la única y auténtica confrontación política que hoy se dirime en los medios de comunicación, el Presidente López Obrador lleva una significativa ventaja, que no es otra que el valor de su credibilidad ante la ciudadanía

Por Daniel García Monroy 

Si existe una guerra socio-política que se está librando actualmente, cuerpo a cuerpo, lengua a lengua, escrito a escrito, no puede ser otra que la cruenta lucha por la narrativa noticiosa. Uno no puede menos que sorprenderse ante el enconado ambiente irreconciliable entre los mass media y el poder ejecutivo nacional. Entre el primer poder legal de la nación contra el fáctico cuarto poder de la prensa. 

Atrás y desdibujada quedó la competencia electoral entre partidos políticos. Los debates ya no son entre los dirigentes de la oposición y el arrogante oficialismo, sino entre una comentocracia obsesionada contra el amlomismo sembrador de la discordia entre pobres y ricos. Los campos de batalla mismos han cambiado su ubicación. No son ahora las campañas electorales de las que poco se sabe, sino la mañanera de Palacio Nacional versus los programas de opinión en la radio, televisión e internet, de propiedad privada. El principal objetivo de la confrontación política se ha trastocado también dentro del sistema, pues el triunfo en las urnas ha cedido su lugar al desprestigio del presidente, a la acérrima crítica de sus programas sociales y obras de infraestructura insignia de la 4T,  más oxidar a sus “corcholatas” herederas.       

Hoy todas las encuestas demuestran que Morena ganará con facilidad el Estado de México y dará la pelea en Coahuila. No obstante, Movimiento Ciudadano ya aseguró que los resultados están negociados, y por ello se retiró de ambas contiendas. Con ello la competencia electoral partidista pierde cada vez más auditorio e interés.  

En contraparte, una de los reclamos que el presidente de la República ha denunciado hasta el hartazgo en sus incansables conferencias matutinas, es que la prensa corporativa, lo ha combatido desde hace lustros, y vituperado hasta la ignominia. Los hechos, de miles de ocho columnas, notas y caricaturas injuriosamente antiamlomistas lo confirman. Y mientras día con día la prensa escrita, radio-televisión, nacional y local, golpea con verdades y mentiras al presidente (sugerido “bananero-dictador”), éste se burla, se justifica y sonríe asegurando que está curtido en esa perenne guerra de poder. Y consecuente, no la aminora sino por el contrario la intensifica; sabedor de sus cientos de miles de seguidores en Youtube, y su aprobación popular cercana al ¡70 por ciento!     

Una guerra mediática, que busca a todas luces,  la imposición de una narrativa de lo inmediato, que es la esencia del periodismo.  Pero ¿qué es pretender construir una narrativa de información periodística? ¿Qué es el control de la “agenda” de lo que ocurre cotidianamente?  Y ¿por qué se ha vuelto tan vitalmente importante?  

Los medios de comunicación masiva tienen una influencia muy poderosa en la mente y decisión de todos los ciudadanos de un país. Pues son ellos, los medios, quienes trasmiten los hechos reales o falseados a los miembros de toda comunidad de forma masiva y generalizada. Son la imprescindible cadena de transmisión de las noticias, estableciendo   sin contrapeso alguno lo que se da a conocer y lo que no. Lo que  llega al conocimiento de la población de cualquier lugar de México o el mundo.  Si un hecho ocurre en alguna parte de un territorio, pero ningún medio de comunicación lo recoge-codifica-transmite, ese accidente en términos mediáticos no existe. No trasciende a la opinión pública y con ello se pierde en la historia de la realidad periodística, que es la guía aun empoderada de la opinión pública.  

La prensa es el altavoz que opera para alcanzar a cientos, miles de personas con su sonora frecuencias transmitiendo por radio-prensa-televisión-internet lo que alguien define como hecho noticioso y decide compartirlo a su público cautivo. Si no lo divulga lo desaparece como un acto de magia. Pero peor aún, en el trabajo periodístico sin ética alguna, existe una posibilidad aun más siniestra. La opción de “interpretar-opinar” sobre lo ocurrido con un sesgo del conveniente interés personal o de grupo. La mejor noticia de logro alguno de un gobierno puede ser reconvertida en su exacto contrario.  

Para comprender mejor este lamentable fenómeno periodístico que nos subyuga, tomemos por ejemplo la actual valoración del peso sobre el dólar. Desde hace más de medio siglo toda devaluación de la moneda mexicana era considerada un desastre, la tragedia económica más aterradora para México. Cuando López Obrador llega al poder los mass media y sus más prestigiados opinadores, profetizaron que el peso se iba devaluar a niveles históricos, como nunca jamás había ocurrido. Y sus causas eran muchas y confirmadas, el dólar rebasaría los 30 pesos, llegaría hasta 35, alguien se atrevió a publicar. Pues nada, que el débil peso obradorista ya rompió el piso de los 18 por dólar. Eso que sería logro magnífico en cualquier gobierno federal neoliberal y se cantaría a bombo y platillo, se podría reconvertir, reinterpretándolo, opinativa y sesgadamente, en una ¡desgracia nacional! ¿Cómo? Mucho muy fácil. Una excelente mesa de redacción (cómo ya lo ha hecho alguna) podría decidir que las ocho columnas de su medio de comunicación sentenciaran: ¡Pierden ingresos millones de mexicanos que reciben remesas! ¡El súper peso golpea la economía nacional! Tan-tan. Y lo extraordinario señores –como acto de prestidigitador–, es que eso sería ¡¡¡totalmente cierto!!! En el casino de los medios de comunicación la casa siempre debe ganar, de acuerdo a sus intereses, claro está. ¡Es la es narrativa, estúpido!  

En la única y auténtica confrontación política que hoy se dirime en los medios de comunicación, el Presidente López Obrador lleva una significativa ventaja, que no es otra que el valor de su credibilidad ante la ciudadanía. La fe popular en sus dichos y palabras, que ya cansan por su repetición diaria. Pero si la oposición mediática no se percata de su desprestigio histórico y lo recompone de alguna innovadora e inteligente forma habrá de tragarse otros seis años más de menos dividendos y más desprecio.   

lo más leído

To Top
Translate »