Opinión

Hombres blancos y viejos: el Consejo Nacional de Áreas Naturales Protegidas




enero 24, 2024

El grado hasta el cuál es una élite urbana y blanca la que controla el consejo de Conanp es tal que, aunque más de la cuarta parte de las áreas naturales protegidas se traslapa con territorios indígenas, no hay un solo representante de algún pueblo originario o de las comunidades afrodescendientes

Por Eugenio Fernández Vázquez

En el mundo de la conservación, como en tantos otros ámbitos de la vida nacional, hay un grupo pequeño de hombres blancos y viejos que tiene enormes privilegios y que hace todo lo posible por conservarlos. Uno de los espacios que controla ese grupo es el Consejo Nacional de Áreas Naturales Protegidas, cuyas opiniones, según la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA), “deberán ser consideradas por la Secretaría en el ejercicio de las facultades que en materia de áreas naturales protegidas le corresponden”. Quizá no está la situación nacional para preguntar si en efecto hace falta un consejo así, pero por lo menos urgiría reformarlo para hacerlo más plural, más relevante, más acorde con la realidad nacional, y para liberarlo de ese grupo tan excluyente y elitista.

El consejo, que sirve de asesor a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), tiene 29 integrantes, de los que siete representan a instituciones académicas. El 80 por ciento de ellos son hombres y, en principio, hay seis mujeres en su membresía, aunque en las sesiones, ente suplencias y distancias, no suele haber más de dos o tres de ellas.

Prácticamente todos los señores que participan en el consejo de Conanp han rebasado ya la edad de la jubilación —aunque se niegan a abrir espacio a nuevas generaciones— y prácticamente no hay representantes de los propietarios y poseedores de las tierras donde, en los hechos, se da la conservación y que son las que apoyan a Conanp sobre el terreno. Al menos tres de los integrantes del consejo, además, han tenido serios problemas laborales por acusaciones probadas de violencia contra sus colegas mujeres y de acoso sexual.

El grado hasta el cuál es una élite urbana y blanca la que controla el consejo de Conanp es tal que, aunque más de la cuarta parte de las áreas naturales protegidas se traslapa con territorios indígenas, no hay un solo representante de algún pueblo originario o de las comunidades afrodescendientes. De igual manera, a pesar de que muchísimas —quizá la mayoría— de las áreas naturales protegidas tienen ejidos y comunidades en su interior, y de que son centenares de ejidos y comunidades los que tienen áreas destinadas voluntariamente a la conservación, en el consejo de Conanp no hay representantes ni de organizaciones de ejidos ni de comisariados comunales ni ejidales.

Ni en todas las áreas naturales protegidas ni en toda la superficie de un área natural protegida están prohibidas las actividades productivas. De hecho, en muchas de ellas se extrae madera y en otras se produce, por ejemplo, café o cacao. Sin embargo, en el consejo de Conanp hay representantes de asociaciones empresariales, pero no de organizaciones de productores con presencia en las reservas y parques nacionales.

Urge que se renueve ese consejo. Su reglamento interno debe reformarse con urgencia e incluir, por lo menos, provisiones para garantizar la paridad de género y la representación de las personas de la diversidad sexual. Más que abrir espacio a instituciones académicas o a grandes organizaciones no gubernamentales internacionales (que hoy tienen un espacio enorme en su interior), debería abrirse lugar para organizaciones de productores con presencia en las áreas naturales protegidas.

Debería también garantizarse una representación amplia de los pueblos originarios con presencia en parques nacionales, reservas de la biósfera, áreas de protección de flora y fauna. De igual manera, sería clave sumar al consejo a representantes de ejidos y comunidades con áreas destinadas voluntariamente a la conservación.

El organismo resultante sí serviría como un consejo asesor, como un supervisor social del desempeño del gobierno. Lo que hay hoy está muy lejos de serlo: parece más bien un club de sexagenarios muy privilegiados que no quieren ceder el poder que han ejercido desde hace tres décadas.

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Eugenio Fernández Vázquez. Consultor ambiental en el Centro de Especialistas y Gestión Ambiental.

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