Opinión

El poder es para poder




marzo 14, 2024

Me preocupa, por no decir me asusta, cómo cambia la personalidad de las personas cuando hay posibilidad de agarrar “un hueso” en gobiernos… ¡El poder es para poder! ¿poder qué?

Por Daniel Leonardo García

¡El poder es para poder! ¿El poder es para poder? ¿poder qué?

El actual contexto político-electoral saca a relucir la verdadera esencia de las personas. ¡Los juegos del hambre han comenzado!

Lo que me lleva a pensar, sin intentos de superioridad moral en mayor o menor medida, en las necesidades que tenemos todas las personas y, tal vez cayendo en idealismo, no puedo evitar reflexionar en ¿qué es el servicio público? ¿Para qué deben ocuparse los cargos de elección popular?

Me preocupa, por no decir me asusta, cómo cambia la personalidad de las personas cuando hay posibilidad de agarrar “un hueso”, y es eso es lo que me ha llevado al título de este texto. Ejemplos habrá muchos, podríamos ir desde los amigos, la familia, cualquiera de nuestro círculo cercano e ir escalando hacia actores sociales, por citar un ejemplo, está aquella prensa “oficialista que se hace para donde calienten las gordas”, que administración tras administración, se desgastan en halagos con la esperanza de agarrar un buen contrato en cualquiera de los tres niveles de gobierno.

De igual forma, nunca falta el oportunista, el que busca recomendar o ser recomendado, cumpla o no con el perfil profesional que requiere un cargo público, la cosa es acercarse al poder, ese preciado tesoro, que hace que cualquier mortal se maree hasta con la dosis mínima, y poder ir por la vida “charoleando” y si se puede, pisotear a uno que otro y pues ir abonando al “bono de jubilación”. Pero ya no doy detalles porque luego se puede sentir aludido uno que otro compadre.  

¿Por qué la dirección del Ipacult se ha convertido en el “tesoro de Gollum”? ¿Por qué un grupo de ciudadanos hemos manifestado interés en ser parte del Consejo de Gobierno de ese organismo descentralizado?

La razón puede encontrarse en la defensa de los derechos culturales, la cual no es una lucha reciente, sino que tiene como antecedente la toma pacífica del INBA que inició en octubre de 1990, cuando un grupo de artistas e intelectuales se encadenó para evitar la demolición de la Sala de Espectáculos del INBA hasta que las autoridades municipales se retractan de su intento de destrucción del inmueble patrimonio cultural de la ciudad.

De forma más contemporánea, recordemos la organización de artistas, trabajadores de la cultura, gestores y promotores culturales, y ciudadanía chihuahuense en 2021, cuando mediante de la firma de un posicionamiento manifestamos nuestra oposición a la propuesta presentada por la gobernadora María Eugenia Galván Campos ante el Congreso del Estado el 13 de agosto, con la que pretendía fusionar la Secretaría de Cultura, el Instituto del Deporte y la Secretaría de Educación en un solo organismo. Entonces advertimos que sería un retroceso y tras las manifestaciones pacíficas en Ciudad Juárez y Chihuahua, logramos que la propuesta fuera retirada.

Algunos de aquellos jóvenes que lucharon hace 3 décadas han partido de este mundo, algunos otros olvidaron la importancia de la lucha social y se han convertido en burócratas, otros más se involucran eventualmente en las protestas, y pocos siguen compartiendo con las personas relativamente más jóvenes sus experiencias y conocimientos.

De tal suerte que con la fuerza que brinda la experiencia y las reflexiones actuales, algunas personas estamos preocupados por el quehacer cultural actual, por ello permanecemos vigilantes del actuar del Instituto Para la Cultura del Municipio de Juárez, pues es la instancia local encargada de crear e implementar las políticas culturales de esta ciudad y es que bastaría un poco de ojo crítico para concluir que durante los primeros 7 años de existencia del Ipacult, este ha fungido como una “oficina de festejos para el alcalde en turno”.

El Municipio de Juárez es complejo y en primera instancia hay un tema de otorgamiento de recursos que debe mencionarse, pues si bien la administración de Cruz Pérez Cuellar ha otorgado una cantidad mayor respecto a su antecesor Armando Cabada Alvídrez, la administración de ese financiamiento genera muchas suspicacias.

Esas suspicacias se acentúan cuando, por ejemplo, Myrna Judith Barajas Martínez, quien en 2022 funge como integrante del Consejo de Gobierno, firma convenio como representante de las Agrupaciones Musicales Comunitarias para recibir la cantidad de 3 millones de pesos, violando así el artículo 6 del Reglamento Interno del Ipacult que refiere que “los cargos en el consejo serán de carácter honorífico, por lo que no recibirán retribución alguna”, tal como ha señalado Leobardo Alvarado

(https://laverdadjuarez.com/2023/06/30/no-hay-razon-para-que-miguel-angel-mendoza-continue-al-frente-del-ipacult/)

Y es que al final del día, artistas y gestores culturales merecen una retribución por su trabajo, eso jamás será puesto en duda. Sin embargo, queda claro que no se puede ser juez y parte, tampoco es útil para las necesidades culturales de esta ciudad recaiga en un Consejo de Gobierno cuya finalidad sea ser una figura decorativa o en el peor de los casos, formar parte de los conflictos de interés que apuntan hacia la presunción de corrupción.

En este contexto, el Consejo de Gobierno, que el pasado 6 de febrero tomó protesta “a escondidas”, votó el 8 de marzo, casi en su mayoría por la propuesta del alcalde, por Myrna Judith Barajas Martínez como la nueva directora general del Ipacult.

Vale la pena referir la postura ecuánime de la maestra Elizabeth Flores, cuya trayectoria profesional es impecable, tanto como la documentación entregada en su postulación para Consejera y quien lamentablemente ha renunciado a dicho encargo, luego de votar en contra de propuesta de Barajas.

Entonces idealmente el poder deseado es para poder, poder ser parte de las decisiones importantes, de incluir un panorama de derechos humanos y hacer cumplir la Ley General de Cultura y Derechos Culturales y la Ley de Desarrollo Cultural para el Estado de Chihuahua.

Ser parte del Consejo de Gobierno y del personal de Ipacult debiera servir para escuchar a la ciudadanía sobre sus necesidades culturales, dignificar las condiciones de los y las artistas locales, quienes en la mayoría de los casos hasta con recursos propios llevan arte y cultura a las comunidades en situación de vulnerabilidad, lo cual es fundamental para mejorar su entorno, empoderamiento y finalmente, ejercer libre y ampliamente sus derechos culturales.

Por todo lo expuesto, deseamos que la nueva directora de Ipacult tenga un real y palpable compromiso con la cultura, el cambio en la dirección general del instituto no solo era justo, sino necesario, y aunque encontramos opacidad en el proceso de la elección, confiamos en la buena voluntad de Myrna Barajas para encaminarse hacia la transparencia que hemos venido solicitando algunos activistas, pues nuestro compromiso es con la cultura y por ende nuestro interés en velar por el bienestar del Instituto Para la Cultura del Municipio de Juárez, jamás en contra de nadie y mucho menos contra el organismo descentralizado.

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