Opinión

Nayib Bukele y la militarización de la educación



viernes, septiembre 5, 2025

Soltarle la educación a las fuerzas armadas es un error colosal y grave, pues los ejércitos tienen un sistema de aprendizaje que discrepa con las nociones elementales de la enseñanza civil

Por Hernán Ochoa Tovar

El estado actual de las cosas en materia educativa, me hizo rememorar una sustancial obra literaria que hace alusión a un hipotético diálogo entre Maquiavelo y Montesquieu. Tomando este símil como motor de arranque, pienso que en la actualidad, si bien la educación está fuertemente influenciada por el humanismo y el criticismo, hay corrientes que, mirando hacia el pasado, pretenden resucitar conceptualizaciones que se pensaban obsoletas. De ahí que piense al derrotero educacional actual como una especie de parlamento entre dos pedagogos contrapuestos: Joseph Lancaster y Peter McLaren.

Lo que me llevó a pensar en la reivindicación de Lancaster, quien ya había sido interpelado desde el siglo XIX por Dewey y sus sucesores, fueron las acciones del presidente salvadoreño, Nayib Bukele. Aunque sus actos tienen claroscuros, pareciera que el mandatario centroamericano hubiese concebido un extraño menjurje en el cual la hoja de ruta era el viejo y apolillado manual lancasteriano.

Frente a un sistema que se ha llenado de libertades, y ha empoderado al estudiante en detrimento del profesor, Bukele decidió dar un giro de 180 grados en sus pretensiones. Conceptos como el saludo inicial, el corte de pelo reglamentario y la disciplina absoluta, se han tornado piedras angulares de su reforma educativa. Y aunque no es el primer gobernante que lleva a cabo dichas acciones en los últimos tiempos (el expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se encargó, durante su gestión, de prohibir la obra de Freire y modelar un sistema educativo vertical), sí es el que ha llevado sus polémicas pretensiones más lejos. Esto porque, aunque Bolsonaro efectivamente las implementó, como esgrimo entre paréntesis, ningún gobernante contemporáneo se había atrevido a soltarle la educación a la milicia.

Me explico: a contrapelo de las tendencias actuales, Bukele nominó como ministra de Educación de El Salvador a una capitana del ejército en funciones. Aunque, en efecto, la oficial tiene una hoja de servicios y una trayectoria impecable, creo que soltarle la educación a las fuerzas armadas -con la notable excepción de los planteles militares, huelga aclarar- es un error colosal y grave, pues los ejércitos tienen un sistema de aprendizaje que discrepa con las nociones elementales de la enseñanza civil. Por algo, ni siquiera los gobernantes más autoritarios de la Historia, como Benito Mussolini o Iosif Stalin, se habían atrevido a realizar dicha acción. Para implementar su plan de acción confiaron en expertos: Mussolini en Giovanni Gentile; Stalin, en Makarenko. En el caso latinoamericano hay un hecho semejante: el finado Presidente venelozano, Hugo Chávez, no obstante su talante militar, no le soltó el sistema educativo a sus colegas veteranos del ejército, sino que confió en pedagogos de izquierda para expandir los preceptos de su Revolución Bolivariana. Destacadamente pienso en Peter McLaren, adalid de la Pedagogía Crítica contemporánea, y quien fue llevado por Chávez para que lo ayudara a confeccionar la reforma educativa del chavismo.

Por lo anterior, planteo que lo realizado por Bukele no tiene parangón en la Historia moderna. Aunque muy probablemente Mussolini, Stalin y Chávez quisieron transmitir sus doctrinas a las juventudes -y a la población en general- lo hicieron cuidando las formas para que todas sus acciones tuvieran un halo de legitimidad. Bukele ni siquiera hizo eso. Mientras sus antecesores fueron creativos, Bukele sacó a la milicia de los cuarteles y la llevó a los planteles, invocando, quizás, al espíritu de Tronchatoro. Empero, esto es sumamente preocupante. Aunque celebro que se le quieran enseñar hábitos a los jóvenes y se pongan sobre la mesa reglas a seguir -a fin de cuentas, la sociedad se rige por las mismas-, llevar a cabo estas acciones utilizando el escarmiento y el terror es algo que me parece condenable.

Pareciera que, el péndulo de la ideología se hubiera corrido hacia el otro lado, o si, como se visualiza en los manuales polarizadores y populistas, no hubiera una escala de grises entre la educación lancasteriana (la más autoritaria que hay) y la Pedagogía Crítica (la más libre que existe, misma que toma al estudiante y al docente como actores fundamentales). Hecho que puede parecer real a la luz de los acontecimientos actuales, pero es errático al momento de reducir a la sociedad a antónimos tan tremendos.

Pareciera que Bukele desea exterminar el pensamiento crítico de la educación salvadoreña, creando soldaditos que obedezcan sin chistar su cúmulo de ocurrencias. Ello también es un fenómeno preocupante, pues las sociedades más avanzadas del mundo suelen resaltar por su visión crítica de la realidad; mientras algunas de las más atrasadas resaltan por su consabido autoritarismo y la incapacidad de la sociedad civil de concebirse de otra manera que no sea como alfiles del gobierno.

Por lo anterior, considero que debemos encontrar un punto medio aristotélico entre ambos extremos. Por ello, retomando la nota del protocolo para la protección de las y los maestros, propuesto por el diputado Alejandro Domínguez, creo que dicha acción es plausible. Lo que debe lograr el sistema educativo es su integralidad, enfocándose en la enseñanza de valores a las juventudes, misma que vaya aparejada con el aprendizaje del pensamiento crítico.

En el mismo tenor, el respeto es fundamental y debe impactar a todos sus participantes: tan malo es ver a un estudiante humillado verticalmente, como a un docente desprotegido ante la injusticia. Por ello, creo que debemos plantear un escenario realista, donde estos propósitos puedan cumplirse. A este respecto, considero que para lograr este cometido no necesitamos derribar el edificio conceptual y hacer otro nuevo; sino trabajar con lo mejor de ambos mundos, con el objetivo de que el sistema educativo pueda ser eficaz para estudiantes y profesorado. Es mi humilde consideración. Gracias por su lectura.

***

Hernán Ochoa Tovar. Académico y analista político. Antropólogo y doctor en Pedagogía Crítica. Ha sido docente en la ENAH Chihuahua, el Centro de Investigación y Docencia, y en el Centro Montessori de Estudios Superiores, desempeñándose actualmente en la Escuela Normal Superior José E. Medrano (ENSECH) en Chihuahua capital. Sus temas de interés son la historia contemporánea, la coyuntura política y el devenir educativo.

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