Opinión

Gertz Manero o la política del gatopardo




noviembre 28, 2025

“Gertz Manero nunca fue un personaje moderno como para conducir el viraje en torno a la justicia que pretendía realizar la 4T. Era una especie de Javier Coello enquistado en el gobierno de López Obrador, sólo que sin la astucia y la capacidad de investigación del chiapaneco”

Por Hernán Ochoa Tovar

La célebre obra del Gatopardo, escrita hace muchos años por Giuseppe de Lampedusa, esgrimía con brillantez que “había que cambiar todo para seguir igual”. Hago esta cita inicial para decir, sin lugar a dudas, que eso es lo que ha sucedido con el doctor Alejandro Gertz Manero, funcionario transexenal que con el advenimiento de la 4T consiguió su lotería política.

Aludo a la frase de Lampedusa porque, aunque la llegada del doctor Gertz implicó un cambio, este de alguna manera sólo fue cosmético o de siglas, pues, según han planteado varios especialistas en la materia, la justicia en México -una de las tantas asignaturas pendientes- no sólo siguió en las mismas condiciones, sino que hubo pocos cambios, tendientes a fortalecer el endeble estado de derecho. Así, las  modificaciones fueron exteriores, pero en el interior, la antigua estructura de la PGR -herencia del gobierno de Enrique Peña Nieto- siguió tan campante como antaño e incluso, enraizó su poder, ante un vacío inexplicable y difícil de llenar.

Digo esto por varias razones. A contrapelo de sus predecesores, procuradores nominados directamente por el presidente de la República, Alejandro Gertz Manero era el primer fiscal autónomo en la Historia de México. Esto quería decir que el primer mandatario no era su jefe, ni él una figura más del gabinete ampliado, sino alguien que tendría la independencia necesaria para investigar los delitos, con un mayor prontitud y objetividad en un sistema que estaba corroído prácticamente desde el Virreinato, el cual se había intentado mejorar a través de parches, pero que no había sufrido una reforma profunda desde el Porfiriato, que fue cuando, precisamente, la antigua Secretaría de Justicia pasó a ser la Procuraduría General de la República.

A pesar de ello, Gertz Manero no se atrevió a romper los cartabones. Si los antiguos procuradores le reportaban directamente al presidente de la República, y eran jueces y parte en la investigación de los delitos, el doctor Gertz siguió haciendo lo propio, pero con una interesante metamorfosis. Primero fue sutil. Por lo menos en lo discursivo, el expresidente López Obrador cuidaba de no invadir la autonomía de la naciente FGR. Sin embargo, poco a poco se empezó a dar una colaboración cuidada, al grado de que el propio doctor Gertz fue visto en algunas mañaneras (tanto del exmandatario como de la doctora Sheinbaum) para abordar temáticas relativas al derrotero de la justicia en México. Todo fue caminando, y, en el presente sexenio, la proximidad entre la doctora Sheinbaum y el doctor Gertz parecía ser mayor, al grado de que el fiscal comenzó a acudir a las mesas de seguridad convocadas por la presidenta. Pero, quizás el marasmo de la centenaria dependencia -ahora formalmente autónoma- comenzó a cansar a la mandataria, y si a eso le agregamos el escándalo ocurrido en torno a la organización de Miss Universo, podamos asegurar que la presencia de Gertz Manero en la FGR se encuentre en vilo hasta el momento de escribir esta colaboración, pero con una rumorología muy fuerte que hace pensar que pronto vendrán cambios importantes, en una institución que no los ha experimentado a lo largo de varios sexenios.

Y es que, Gertz Manero nunca fue un personaje moderno como para conducir el viraje en torno a la justicia que pretendía realizar la 4T. Era una especie de Javier Coello enquistado en el gobierno de López Obrador, sólo que sin la astucia y la capacidad de investigación del chiapaneco. Así, el doctor Gertz ha tenido buen dominio de la prensa y ha resaltado casos que han sido emblemáticos para la 4T, pero, tristemente se ha visto, como dice el dicho coloquial, ha sido mucho ruido y pocas nueces. En algunas ocasiones, se aclaró que se abrirían averiguaciones en casos emblemáticos. Sin embargo, la característica fue siempre la misma: mucha alharaca y pocas expectativas cumplidas a la hora de brindar resultados.

Hasta la fecha ha sido un funcionario leal, pero no del todo eficiente. Quizás quiso cambiar su reputación -construida a lo largo del sexenio de AMLO- y cuando estalló la crisis por el caso Izaguirre, él mismo se trasladó al fúnebre rancho jalisciense a girar pesquisas y a tomar muestras. Pero el aparecer como Billy Rosewood en campaña no mejoró su imagen de fiscal desgastado, y al querer dar un spin las cosas no mejoraron, sino que siguieron igual.

Curiosamente, y a pesar de haber sido una herencia transexenal del gobierno de AMLO -con esa curiosa figura de un fiscal autónomo y cuasi inamovible con una gestión de 9 años- y no obstante sus yerros y claroscuros, creo que Gertz no ha sido el funcionario más ineficaz de la 4T. Frente a una Rosa Icela Rodríguez que no ha podido hacer su chamba, Gertz sí siguió el manual al pie de la letra; lo malo del asunto es que era un instructivo para otros tiempos, en los cuales había que acatar ordenanzas y no actual conforme a los formalismos de la Ley. Gertz tan sólo siguió su génesis y nunca pudo cambiarla -o fue fiel a su origen-. En lugar de honrar su lugar en la Historia y de investigar el grueso de los delitos de manera totalmente imparcial -como se hubiera esperado-, subordinó su quehacer a los del gobierno naciente. La FGR no cumplió, del todo, sus expectativas. Quizás él tampoco, pero como hombre de hábitos arraigados, sólo prorrogó lo que había que hacer, para séculae secúlorum.

Ignoro porqué AMLO puso algo tan delicado como lo es el derrotero de la justicia en México -tan lacerado por décadas de impunidad- en un personero del viejo régimen, y no en un connotado abogado de izquierda o en alguien guiado por la objetividad y la razón. Así como resucitó políticamente a Manuel Bartlett, sacó al doctor Gertz Manero del reparto del olvido y le encomendó la naciente FGR. Serán de los misterios que habrán de dilucidar los historiadores en el futuro. Sin embargo, su legado será polémico. Creo que, si se confirma la coartada de su inminente cese, habrá que repensar la existencia de la FGR, así como de su andamiaje institucional. Esto porque, si fue erigida para garantizar justicia en lugar de procurarla -como lo hacían las viejas instancias, resabios del Virreinato, de acuerdo a un planteamiento del doctor Lorenzo Meyer- no están cumpliendo cabalmente su cometido. Al mismo tiempo, se debe razonar en torno a la rendición de cuentas de los fiscales, pues la figura, así como está, gravita en torno a un limbo jurídico y legal, donde, al no haber superiores, pueden ser sitios para el empoderamiento de sujetos cuestionados, o, peor aún, para encubrimientos institucionalizados. El gatopardo sigue ahí. La pelota está en la cancha y será decisión del oficialismo si se reforma o si se prosigue con esa lesiva tendencia. Porque prorrogarlo puede resultar útil para designios cupulares; pero terrible para el derrotero de la justicia en México. Lo dejo a la reflexión. Al tiempo.

***

Hernán Ochoa Tovar. Académico y analista político. Antropólogo y doctor en Pedagogía Crítica. Ha sido docente en la ENAH Chihuahua, el Centro de Investigación y Docencia, y en el Centro Montessori de Estudios Superiores, desempeñándose actualmente en la Escuela Normal Superior José E. Medrano (ENSECH) en Chihuahua capital. Sus temas de interés son la historia contemporánea, la coyuntura política y el devenir educativo.

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