Migración

Infancia migrante: el camino incierto de niños y niñas en la frontera

Aunque muchos viajan solos, una gran cantidad llegan a la frontera con sus mamás y sus papás, con quienes pasan sus días encerrados en albergues. La mayoría están cansados y confundidos, pero esperanzados por sus padres para cruzar a Estados Unidos

Texto: Verónica Martínez / Fotografías: Rey R. Jauregui y Verónica Martínez / La Verdad

Ciudad Juárez – Cuando vivía en Honduras, Ander afirmaba con seguridad que él quería ser oficial de policía cuando creciera. El niño de seis años se ponía los uniformes de su tío aunque le colgaran como una manta sobre los hombros.

“Anderson, ¿Aún quieres ser policía?” le pregunta ahora su madre a miles de kilómetros de su hogar, en el albergue Kiki Romero, donde encontraron refugio después de un largo viaje por México.

El niño abraza un peluche de gorila al que llama “Mon” y esconde su cara tras una almohada.

“Cuando miraba policías en el camino se escondía,” dijo su madre Erica. “No sé si en el camino el haya cambiado de opinión porque el ve que aquí los policías lo persiguen”.

Alexander de cinco años, juega con su madre Miria en el albergue Kiki Romero en Ciudad Juárez y cubre su rostro con un peluche de oso. Jueves, 29 de abril, 2021. Fotografía: Verónica Martínez

Muchos niños y niñas pasan sus días en albergues de Ciudad Juárez con sus madres y padres como Erica y Ander. La mayoría dice que están cansados y confundidos de las opciones legales que escuchan para ellos y sus familias, pero aún esperanzados por cruzar a Estados Unidos.

Sin embargo, el gobierno estadounidense sigue regresando a diario a decenas de familias bajo el Título 42, ley promulgada bajo la administración de Donald Trump para expulsar extranjeros con la pandemia como pretexto y que continúa con la del presidente Joe Biden.

Ante el alto flujo de familias expulsadas bajo esa disposición por autoridades de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus siglas en inglés), se habilitó el gimnasio municipal Kiki Romero para hospedarlos y canalizarlos.

Rogelio Pinal, coordinador del albergue y director de Derechos Humanos del gobierno municipal de Juárez, menciona que la población de migrantes ha cambiado desde la última oleada migratoria en febrero de este año.

Era común ver a familias completas o adultos viajando solos, pero ahora el albergue recibe en su mayoría a mujeres con sus hijos, dijo Pinal.

Desde enero 2021, el número de aseguramiento de familias, es decir, menores acompañados por lo menos por sus padres o sus madres, se incrementó. De febrero a marzo de este año, CBP reportó un aumento de 70 por ciento con un total de 42 mil 306 detenciones en lo que va del año fiscal 2021.

“No vamos a esperar a qué se nos muera un niño en la calle o una mujer en la calle, para nosotros tomar acción”, dijo Pinal, sobre el racionamiento bajo el cual se abrió el albergue que autoridades municipales y federales apoyan. “Estamos tomando acciones preventivas.”

En el albergue Kiki Romero se dividen las áreas para dormir en seis secciones: una para hombres que viajan solos, otra para familias, otra para hombres con niños y niñas y otras tres dedicadas para mujeres con menores.

Pinal menciona que en promedio en el lugar se hospeda a más de cien personas por noche y asegura que más de la mitad de su población son menores.

Fotografía: Rey R. Jauregui

Un día en el refugio

Ander despierta junto con su mamá a más tardar las 7 de la mañana. Erica asea a su hijo y esperan pacientemente el desayuno. El niño no acostumbraba comer huevo en Honduras, por lo que en las mañanas se conforma con pan, cereal, tortillas y leche de chocolate.

“Me lo como si no pica,” dice Ander, refiriéndose al alimento que dan en el albergue durante el almuerzo y la comida, ya que no come picante. El resto del día lo pasa jugando con otros niños entre las literas y debajo de las camas.

Ander apunta a un grupo de más de cinco niños jugando con una pelota de basquetbol sobre una plataforma en un extremo del interior del gimnasio y menciona que tiene “muchos amigos aquí”.

Otro grupo de niños y niñas se resbalan por una rampa como si fuera una resbaladiza. Algunos días una voluntaria los entretiene con canciones. En otras ocasiones los infantes y sus padres se sientan en unas gradas para ver una película que el staff del albergue proyecta en la pared.

En días más cálidos y en los que no está lloviendo, los niños y las niñas pueden jugar soccer en el patio del gimnasio. El perímetro de la cancha, está ocupado por baños y regaderas portátiles y carpas con el logo de UNICEF donde reciben atención médica.

En cambio en Honduras, Ander pasaba sus días sin salir y solo visitaba la casa de su abuela.

“Cuando lo tenía donde yo vivía, era como estar en una cárcel. Solo lo tenía en el cuarto, miraba tele y si salía a jugar al patio yo me tenía que estar con él,” dice Erica.

Menores migrantes, Ander y dos amigos, juegan en el albergue Kiki Romero con juguetes que les han obsequiado migrantes que ya se han ido del albergue. Jueves, 29 de abril, 2021. Fotografía: Verónica Martínez

La migrante hondureña cuenta que en su país, vivían en un barrio muy peligroso y huyo después de ser amenazada por maras. Erica presentó una denuncia, pero no hubo respuesta de las autoridades, ya que le comunicaron que ya habían pasado más de 24 horas cuando reportó el crimen.

“Me dijeron que si no estaba con ellos, estaba contra ellos y por cualquier cosa me podían matar”, dice Erica, quien era hostigada porque los grupos querían información sobre su hermano que trabaja como policía.

La madre y su hijo partieron de La Lima, municipio a las afueras de San Pedro Sula, sin informarle a sus familiares. Erica simplemente le dijo a su hijo que irían a Estados Unidos. Cuando Andre le preguntó por qué, Erica dice: “no supe como explicarle ni como decirle” el peligro por el que huyen.

Sobre el cruce a Estados Unidos, Andre solo recuerda haber cruzado un río con su madre y que esperaba tener juguetes, porque en Honduras no tenía ninguno.

“En sí yo no me vine porque me dijeron que están cruzando los niños, vine porque uno tiene la necesidad,” dijo Erica.

Reforma Migratoria permite a familias permanecer en México

Los migrantes pueden permanecer hasta por siete días en el albergue montado en el Kiki Romero para decidir si vuelven a sus países de origen. Ahí se les ofrece una ayuda que cubre la mitad del costo de los pasajes de camión o son canalizados a otros refugios de la ciudad.

La mayoría decide volver intentar cruzar a Estados Unidos, dice Pinal.

Fotografía: Rey R. Jauregui

En el caso de migrantes que viajan con menores, las familias reciben un amparo que les permite permanecer legalmente en Ciudad Juárez por treinta días a través del Instituto Nacional de Migración y el Sistema Nacional del Desarrollo Integral de la Familia.

Bajo las nuevas reforma de La Ley de Migración el proceso puede tener dos resultados, según el artículo 112. Si el DIF determina que el menor corre riesgo de salud o por su vida al regresar a sus países de origen, el INM regularizara su estancia y la de sus padres, brindando “el derecho de la preservación de la unidad familiar”.

Con esa disposición, la familia puede permanecer en México como residentes temporales y el proceso los puede llevar a la naturalización, se explicó. En el caso de una respuesta negativa por parte del DIF, los migrantes serán asistidos para regresar a su país de origen.

Elvin y su esposa Miriam esperan poder aplicar para ese proceso de amparo y trabajar legalmente en México.

“Aquí nos dijeron que por medio del niño podíamos solicitar refugio o algo de eso”, dice el padre originario de Honduras sobre su hijo Alexander.

El niño de cinco años vestía una camisa con el logo de Superman que escogió de entre el monto de donaciones de ropa que recibe el albergue. La familia descansaba en su asignada litera y la madre acariciaba el cabello de Alexander mientras él jugaba en el celular de su padre.

La familia ya se había separado hace poco de sus dos hijas, una de 16 años y otra de siete que decidieron cruzar juntas la frontera. Las menores están en custodia de trabajadores sociales, dijo el padre, y esperan poder reunirse con una hermana mayor de 26 años que ya está en Estados Unidos.

“Para mí, esto es muy difícil, pero yo me quede en este lugar no por mí, sino porque vengo buscando un futuro mejor para mis hijos”, afirma Míriam.

Menor migrante en el patio del albergue Kiki Romero en Ciudad Juárez, jueves 29 de abril, 2021. Fotografía: Verónica Martínez

La familia comenta que viajaron al norte de México esperando poder cruzar a los Estados Unidos. Se sintieron derrotados al cuando fueron retornados a territorio mexicano, pero los cinco hondureños dejaron su país con la idea de que no iban a volver.

Al expresar su deseo de permanecer en México, los coordinadores Kiki Romero les dijeron a la familia que “en el otro albergue les podrían ayudar con esos trámites,” dijo Elvin.

Pinal menciona que los migrantes que deciden continuar con un proceso migratorio son canalizados a Centro Integral de Migrantes Leona Vicario, donde reciben orientación migratoria.

“Nosotros queremos luchar para que nos ayuden a conseguir papeles para quedarnos en México”, dice Elvin. “Queremos comenzar una nueva vida”.

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