Migración

Migración indígena: dejar el hogar y viajar por todo México

Ingrid relata las penurias y amenazas que enfrentó en su natal Guatemala, desde el refugio de migrantes en Ciudad Juárez, donde se ha alojado con su hijo. Cruzó la frontera, pero fue expulsada a México. Fotografía: Corrie Boudreaux/El Paso Matters

Al cruzar México para llegar a Estados Unidos, los migrantes indígenas centroamericanos no solo enfrentan xenofobia, también se convierten en el blanco de estafadores que se aprovechan de su vulnerabilidad y su dificultar para comunicarse, porque la mayoría no habla español. Esta es una serie de tres partes, donde se exhiben los desafíos que enfrentan los migrantes indígenas durante su trayecto al territorio estadounidense

Por René Kladzyk y Maria Ramos Pacheco / El Paso Matters y Veronica Martinez / La Verdad 

Parte 1 de 3

Ciudad Juárez- El Paso, Texas– En el albergue El Buen Samaritano, los niños que corretean y los bebés que lloran crean una combinación desentonada de sonidos, pero en un rincón apartado, Carmela tiene en brazos a su bebé de 2 años, en silencio. No se puede comunicar con nadie – no habla español, y nadie en el albergue comprende el idioma indígena que habla ella.

Los migrantes indígenas como Carmela se ven ante más obstáculos que otros al intentar llegar a Estados Unidos: dificultades con la comunicación, barreras culturales y discriminación contra los indígenas.

En esta serie de tres partes, trazaremos el camino de un trayecto migratorio desde Guatemala, investigando los retos que enfrentan los migrantes indígenas en su ruta. La primera parte es una observación de lo que impulsa la migración y el arduo recorrido por todo México; la segunda parte habla de las barreras adicionales en la frontera con EEUU en lo que los migrantes indígenas tratan con las autoridades de inmigración; y la tercera parte, se centra en las dificultades que enfrentan los migrantes indígenas en los albergues en Ciudad Juárez, y cómo se vuelven invisibles en los tribunales de inmigración de los Estados Unidos.

Se han cambiado todos los nombres de los migrantes en esta historia para evitar posibles perjuicios.

El hijo de Carmela, llorando, trata de que se levante. Carmela es una migrante de Guatemala que habla solo Ixil, dejándola incapaz de comunicarse con nadie más en el refugio en Ciudad Juárez. Fotografía: Corrie Boudreaux/El Paso Matters

Carmela, de 26 años, es de Santa María Nebaj, una localidad en el departamento de El Quiché en el altiplano guatemalteco. Su lengua natal es el ixil, una de las al menos 24 lenguas indígenas en Guatemala, una nación cuya población es indígena en aproximadamente un 50 por ciento.

Desde el 2018, han sido detenidas más de medio millón de personas de Guatemala en la frontera de los Estados Unidos por los agentes de la agencia Customs and Border Protection. Considerando la demografía de Guatemala, se estima que unas 250 mil personas indígenas guatemaltecos han intentado emigrar a Estados Unidos en los últimos años. Sin embargo, es imposible saber el dato exacto debido a que las autoridades de inmigración en Estados Unidos o en México no están rastreando a los indigenas ni a las personas que hablan idiomas indígenas.

Guatemala es uno de varios países en Latinoamérica que tienen poblaciones indígenas significativas que envían migrantes a Estados Unidos. México tiene 17 millones de ciudadanos indígenas y por lo menos 6 millones de hablantes de lenguas indígenas.

Muchos de los desafíos que enfrentan los migrantes guatemaltecos se podrían aplicar a los migrantes indígenas de Nicaragua, El Salvador, Honduras, o México, aunque los pueblos indígenas no son un grupo uniforme y tienen una variedad de retos según su contexto y sus culturas.

Factores de la migración de personas indígenas

“Todo lo que quiero es tener una casa, criar a mi hijo –quiero que vaya a la escuela. Yo nunca pude ir a la escuela porque mi mamá no tenía el dinero”, dijo Ingrid, una muchacha de 19 años de San Andrés Sajcabajá, en Guatemala. Su lengua natal es el k’iche.

Con las dificultades económicas que enfrentaba su familia, Ingrid nunca tuvo una educación formal. Por su cuenta ha ido aprendiendo el español en preparación para su viaje a Massachusetts, donde ha vivido su tía durante dos años.

Con lágrimas en los ojos, Ingrid recordó cómo un hombre en su aldea “intentó hacerme cosas malas”, pero nunca reportó el incidente a las autoridades guatemaltecas por miedo a las represalias contra su familia.

Ingrid, de 19 años, salió de Guatemala en busca de mejores oportunidades para su hijo. Nunca recibió ninguna educación formal en su país porque su madre no podía enviarla a la escuela. Fotografía: Corrie Boudreaux/El Paso Matters

Casi la mitad de la población de Guatemala es indígena. Los factores de desplazamiento, como los desastres naturales, las violaciones de los derechos humanos, la pobreza y la discriminación, con frecuencia afectan a las personas indígenas más intensamente que a sus conacionales no indígenas.

“Cualquier cambio en el clima, cualquier cambio en la calidad de las tierras…va a afectar inmensamente (a las personas indígenas)”, dijo Selfa Chew-Meléndez, profesora en la Universidad de Texas en El Paso, cuya labor de defensa y académica se centra en los inmigrantes indígenas.

Cuando los huracanes catastróficos asolaron Guatemala en el 2020, las comunidades indígenas quedaron mayormente sin apoyo, con un mínimo de asistencia del gobierno. Un número inmenso de guatemaltecos fue desplazado por la destrucción del huracán Eta, y varias aldeas mayas quedaron enterradas completamente por los derrumbes.

Chew-Meléndez dijo que en el pasado, la política exterior estadunidense en países de Centroamérica ha jugado un rol en la trayectoria de la migración desde esos países.

“La historia de la intervención de los países europeos y de Estados Unidos facilita esa conexión, por la cual las personas indígenas comprenden que va a ser más fácil que hagan ese viaje”, explicó.

La violencia genocida del estado contra las comunidades indígenas en Guatemala en los años ochenta – periodo en el que fueron asesinadas más de 200 mil personas – se ha vinculado a fondos y capacitación militar de Estados Unidos. 

“Si miramos, en el caso de Guatemala, con el genocidio y el conflicto armado interno, esa es la raíz más reciente de lo que impulsa la migración forzada. Todo lo que ocurrió después de eso, la falta de oportunidades educativas – algunos lugares diezmados por las masacres nunca se recuperan”, dijo Juanita Cabrera López, directora ejecutiva de La Liga Maya y que es de ascendencia de la cultura Maya llamada Mam.

Ingrid se aferra a su hijo mientras relata las dificultades y amenazas que enfrentó en su Guatemala. Ingrid habla K’iche, está aprendiendo español a pesar de no haber recibido nunca ninguna educación formal. Fotografía: Corrie Boudreaux/El Paso Matters

Estados Unidos continua en coordinación estrecha con los asuntos guatemaltecos, como lo exhibe el anuncio reciente del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos de que ofrecerá capacitación a la fuerza especial de la seguridad fronteriza de Guatemala.

Cabrera López enfatizó la larga historia del racismo estructural y la colonización que perpetúan el daño contra las comunidades indígenas.

“Muchas personas (que inmigran a los Estados Unidos) son ahora los hijos y los nietos de aquellos que venían en los años 80 y 90, huyendo de décadas de guerra. Esa es una historia muy reciente”, comentó Leah Rodríguez, abogada con Texas Rio Grande Legal Aid, una organziación que se dirige a mejorar el acceso lingüístico para los indígenas que buscan asilo.

Es el caso de la familia de Ingrid. Su padre se mudó a Estados Unidos poco después que ella naciera. Casi 20 años después, ella sigue el mismo camino, buscando mejor futuro para su hijo.

La falta de educación agrava migración

En las comunidades mayas de Guatemala, el índice de analfabetismo entre los adultos llega hasta un 33 por ciento. El noventa por ciento de los niños mayas nunca se gradúa de la secundaria y las mujeres tienen menos probabilidad de asistir a la escuela que los hombres.

Con frecuencia las escuelas rurales no cuentan con los recursos para educar a los niños, hay pocos espacios y rara vez se les enseña español. Sin educación formal y sin habilidades para alcanzar empleos de más alta remuneración, el ciclo de la pobreza y la migración continua.

Es importante notar que las comunidades reciben educación, pero es una modalidad completamente distinta a la de la educación occidental. Las necesidades de las comunidades agrarias y las normas culturales de las personas indígenas requieren una educación de amplio alcance en varias habilidades aplicadas y comprensión ecológica más allá del ámbito de lo que típicamente sería una educación formal occidental.

“Cuando las personas de habla indígena han recibido solo una educación formal muy baja, no se pueden comunicar ni pueden encontrar empleo. Pero no es porque sean ignorantes. Son personas muy inteligentes, tienen muchos conocimientos, pero dentro de su propia cultura”, dijo Sergio Romero, lingüista y profesor de la Universidad de Texas en Austin, quien estudia lenguas indígenas.

Carteles en las paredes del refugio El Buen Samaritano recuerdan a los migrantes sus derechos. Fotografía: Corrie Boudreaux/El Paso Matters

Como los guatemaltecos, las personas indígenas de México se enfrentan a una larga historia de discriminación. Son limitadas sus oportunidades de educación formal. En el 2020, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) realizó una encuesta por todo el país que halló que un 24 por ciento de las personas indígenas ha vivido por lo menos una vez un acto de discriminación por su apariencia o el color de su piel.

Las personas indígenas mexicanas tienen estatus legal en el país, por ende, no son tan vulnerables al viajar por México como lo son los migrantes de Centroamérica.

Como la mayoría cuenta con mayor facilidad con la lengua española, los indígenas mexicanos solo encuentran dificultades en cuanto a la barrera lingüística al llegar al territorio estadounidense, dijo Mónica Lima Aguilar, representante legal en el Centro de Atención a la Familia Migrante Indígena (CAFAMI).

“Sabemos que hay cierto nivel de discriminación porque son indocumentados en Estados Unidos y encaran una doble discriminación por ser etiquetados de manera distinta por ser indígenas”, dijo.

Ingrid se limpia los ojos al relatar los hechos que la llevaron a dejar su Guatemala natal con su hijo pequeño. Fotografía: Corrie Boudreaux/El Paso Matters

Enfrentan mayores riesgos al atravesar México

En octubre, 2020, Alma y su hijo, Salvador, dejaron su hogar en Caserío La Bendición, una comunidad rural en la municipalidad Sayaxche de Petén en Guatemala. Viajaron por dos semanas atravesando México. Junto con otros migrantes, le pagaron a un ‘coyote’ (contrabandista) para que los llevara a la frontera de Estados Unidos en una camioneta.

El viaje fue largo y la temperatura dentro del vehículo subió a niveles extremos.

“No había aire (en el vehículo) y él no lo podía soportar”, dijo la mamá de su hijo de 13 años. “Se desmayó y yo temía que fuera a morir, pero gracias a Dios estuvo bien”.

Otros migrantes ayudaron a Alma y a Salvador con agua y los pocos medicamentos que tenían. Esa noche Alma y su hijo oraron a Dios.

A diferencia de muchos otros migrantes indígenas que se adentran en México para llegar a la frontera de Estados Uninos, Alma habla bien el español, lo que facilitó un poco su viaje. La madre, de 30 años, recuerda momentos en las que otros migrantes indígenas fueron discriminados y sufrieron por no hablar bien el español.

“Había un joven al que dejaron atrás en un depósito donde pasamos la noche”, contó Alma, añadiendo que él no hablaba bien el español.

El migrante guatemalteco hablaba el idioma k’ekchi’, igual que ella, y fue abandonado por el ‘coyote’ quien alegó que no había pagado el precio total del viaje. El joven respondió en k’ekchi, pero sus habilidades limitadas en español le dificultaron el pelear por sus derechos o por hacer que el contrabandista lo escuchara.

“Simplemente lo dejaron allí. Ellos dijeron que no había pagado, él dijo que sí había pagado, pero yo no sé”, recordó Alma en el albergue para migrantes, mirándose los pies y bajando el tono. “Con frecuencia se aprovechan de quién puedan”.

El hijo de Carmela juega con su teléfono en el albergue de migrantes Buen Samaritano en Ciudad Juárez. Fotografía: Corrie Boudreaux/El Paso Matters

Al cruzar México para llegar a Estados Unidos, los migrantes centroamericanos son susceptibles a la discriminación xenófoba, pero los migrantes indígenas son aún más vulnerables y con frecuencia son blanco de estafadores. En el caso de las mujeres indígenas, también son objeto de abuso sexual y violación, dijo Sergio Luna, director del albergue La Sagrada Familia, en Tlaxcala, México.

Luna dijo que los retos más importantes que viven los migrantes indígenas en el albergue tienen que ver con barreras lingüísticas y la falta de educación. Sin habilidades para hablar el español, los migrantes indígenas se ven con barreras para tener acceso a los servicios públicos y de salud que requieren, para recoger paquetes que sus familias les envían y con encontrar trabajos informales que ayude a solventar su viaje.

“La mayoría del tiempo soportan el dolor o las enfermedades que tienen”, dijo Luna sobre los migrantes que no pueden comunicar sus necesidades. “No saben leer, escribir, y después añades los desafíos lingüísticos, entonces las condiciones vulnerables y las dificultades se vuelven cada vez mayores”.

El albergue La Sagrada Familia está al lado de un paradero de “La Bestia”, una red de rutas ferroviarias que sirve a los migrantes como forma clandestina de transporte. Más del 90 por ciento de los migrantes que llegan al albergue en Tlaxcala proviene de Honduras, mientras que los guatemaltecos ocupan el segundo lugar, con un 5 por ciento, explicó Luna.

A pesar de que el refugio ve una gran afluencia de migrantes hondureños que no son de comunidades indígenas, el director ha notado que los indígenas centroamericanos suelen terminar acusados de delitos menores en México.

“Hemos encontrado casos en los que los acusan de cometer una falta administrativa o delito. No tienen la capacidad de defenderse ni de discutir para salir de situaciones”, dijo Luna, agregando que con frecuencia los abandonan para valerse por sí solos.

Luna ha notado algunas tendencias de segregación entre la población migrante del albergue, y observa que algunas nacionalidades ocupan “un lugar superior en una jerarquía”. Si bien los nicaragüenses y los salvadoreños parecen ocupar un estatus más alto, Luna considera que los guatemaltecos son más marginalizados.

“Reciben cierto estigma por sus condiciones de pobreza e indigenismo”, dijo Luna, añadiendo que nota discriminación con base en el color de la piel, la estatura y la tez.

Después de un trayecto largo y peligroso de Guatemala a través de México, los migrantes indígenas se enfrentan con barreras similares en la frontera entre Estados Unidos y México.

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Carmela, a la izquierda, y otro residente del refugio salen del patio para hacer un mandado. Juan Fierro, director del albergue, dijo que normalmente aconseja a los migrantes indígenas que salgan solo con compañeros de confianza que hablan español para reducir su riesgo de ser aprovechados o atacados por la delincuencia. Fotografía: Corrie Boudreaux/El Paso Matters

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Este contenido fue producida como parte de Puente News Collaborative, una asociación binacional de organizaciones de noticias en Ciudad Juárez y El Paso, de la que forma parte La Verdad

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