Opinión

Pedro Almodóvar y su primer libro de relatos




abril 2, 2024

Cuenta Almodóvar que desde niño quiso ser escritor, su vocación literaria desde siempre estuvo ahí. Fue Lola García, su asistente, quien rescató los relatos acumulados en carpetas a lo largo de sus mudanzas

Por Évolet Aceves
X: @EvoletAceves

“Cómo la realidad necesita de la ficción para ser más completa, más agradable, más vivible”
Pedro Almodóvar

El cineasta español Pedro Almodóvar es principalmente conocido por sus veinticinco películas, muchas de las cuáles han resultado multipremiadas, pero también es autor de la novela corta Fuego en las entrañas (1981), las crónicas de Patty Diphusa (Anagrama, 1991) y ahora publica su primer libro de relatos bajo el título de El último sueño (Reservoir Books, 2023), conformado por doce historias y una amena introducción, en la que cuenta la cualidad autobiográfica de este libro, donde afirma que hay información de él como cineasta y escritor. En dicha introducción también hace alusión en que desconoce si esos textos son o no relatos como tal, mas no le es de mucha importancia —y tras haberlos leído coincido con él, prefiero disfrutar de la lectura que la categorización de su contenido.

Cuenta Almodóvar que desde niño quiso ser escritor, su vocación literaria desde siempre estuvo ahí. Fue Lola García, su asistente, quien rescató los relatos acumulados en carpetas a lo largo de sus mudanzas.

“En la calle de una pequeña ciudad extremeña, una chica de unos veinticinco años llama la atención de los transeúntes por su aspecto extravagante”, así es como comienza el primer relato, “La visita”, semilla de lo que posteriormente el cineasta convirtió en el largometraje La mala educación. Sin duda uno de los mejores relatos es éste, repleto de erotismo, vanidad, travestismo, abusos de sacerdotes y un drama incontenible, como el que se proyecta en sus películas. “—La belleza es un don divino y cultivarla no es sino cultivar a Dios. Y todo este artificio me hace más hermoso, ¿no es cierto?”, dice uno de los diálogos.

Si hay algo seguro en estos relatos, es que Almodóvar sabe cautivar desde el primer renglón, lanza la primera frase como un dardo que da con precisión en el morbo, en la intriga, en el querer saber qué sigue después, como en “Demasiados cambios de género”, mismo que influiría en la ulterior película Todo sobre mi madre, y que comienza así: “Estuve ingresado en el hospital una sola noche, con una sonda que prolongaba mi pene hasta un orinal hospitalario que recogía la orina color tinto de verano”.

A lo largo de este relato, que es su breve historia en el teatro y luego en sus inicios en el cine, vierte su interés particularmente en dos obras de teatro: La voz humana de Jean Cocteau y Un tranvía llamado Deseo de Tenessee Williams, de donde surge el nombre de su productora: Deseo: “el Deseo no solo como productor de mis películas, sino como locura, epifanía y ley a la que hay que someterse, como si fuéramos protagonistas de la letra de un bolero”.

Pero también acentúa su interés en Jean Genet y en Woody Allen; ya en el relato previo hablaba de la Marilyn Monroe de Warhol comparándola con Cristo, lo menciono para conocer sus influencias pop, pictóricas, fílmicas y dramatúrgicas, que desembocan en su quehacer literario. Warhol es sin duda el artista más mencionado a lo largo del libro.

Mi sorpresa llegó al leer “La ceremonia del espejo”, en donde Almodóvar crea este magnífico cuento vampiresco, aparece un conde y un fraile, vampiros homosexuales que tras un erótico encuentro, cuerpos desnudos, una perforación de colmillos en el cuello y sus imágenes desvanecidas en el espejo, terminan por convertirse en murciélagos. Reproduzco un fragmento: “Quítese la ropa, sin prisa, prenda por prenda. Y contemple con detenimiento en el espejo cada uno de sus miembros. Deléitese. Quién lo diría, pero posee un cuerpo hermoso y fibroso […] Se acaricia las piernas, el pecho, los hombros, los brazos, el sexo… En efecto, es mucho más hermoso de lo que había imaginado”.

En “El último sueño”, Almodóvar relata brevemente su relación con su madre, sus últimos días antes de morir. La cita al inicio de esta columna la extraje de este texto, el más breve de todos.

“Vida y muerte de Miguel” es más bien un relato de ciencia ficción en donde el tiempo va de reversa, es decir, el protagonista Miguel nace cuando muere y muere cuando nace.

“Confesiones de una sex-symbol” es el inicio de lo que se convertiría en una versión más extendida de esta protagonista de fotonovelas porno, en el libro Patty Diphusa, la narradora es una amante de la bisutería y los brillantes falsos, la moda, la vanidad, los amantes, Andy Warhol y el consumismo en su máximo esplendor.

En “Adiós, volcán”, Almodóvar escribe más bien una crónica, un recuento de su relación con Chavela Vargas, rememorando su amistad, su presentación en Bellas Artes, y un supuesto ninguneo que Vargas recibió en México a lo largo de su vida —supuesto, porque a mí no me lo parece, si acaso el ninguneo lo recibió de Costa Rica, su país de origen, no de México.

En el último relato, “Memoria de un día vacío”, Almodóvar nuevamente recurre a un autoensayo —como en “El último sueño”—, comienza por dialogar consigo mismo sobre las películas de Andy Warhol, y de ahí relata su encuentro con Liza Minnelli, cuando accedió a cantarle “‘New York, New York’ bajando unas escaleras de metal de la recién inaugurada discoteca The Factory […] se cogió de mi brazo y noté que temblaba (acababa de salir de una rehabilitación y estaba todavía frágil)”, relata en un párrafo la vida nocturna queer en aquella época: “La vida seguía y había formas nuevas de celebración que compensaban no haber llegado diez años antes. Fue el momento en que las houses daban sus impresionantes balls en las discotecas de moda. Pude contemplar cómo se fraguó el voguing desde sus inicios, antes del documental Paris is burning y del Vogue de Madonna, y tres décadas antes de la serie Pose”.

En varios relatos hace, en mayor o menor medida, alusión a su proceso creativo como escritor, pero quizás es en este último donde ahonda más al respecto: “A mí me ayuda mucho moverme. Pasear, por ejemplo. Si dejo la escritura para salir a caminar, mi mente sigue escribiendo durante el paseo […] durante las caminatas se me ocurren nuevas ideas para desarrollar la historia que esté escribiendo. También me pasa en los trayectos que haga en coche. Y por supuesto, en los largos viajes en avión […] Todo lo que leo me nutre y me inspira”. Una frase que se vuelve inagotable de este mismo relato: “Mi soledad es el resultado de no haberme preocupado por nadie más que por mí mismo”.

Termino diciendo que fue una grata sorpresa encontrarme en este libro de relatos, que más que relatos son una serie de ejercicios escriturales autoensayísticos y a menudo ficticios y autobiográficos, con reflexiones sobre la vida y la muerte, la escritura en sí misma, la filosofía estética vista desde el consumismo y la belleza femenina, el homoerotismo e incluso una ficción desde lo gótico y sombrío hasta la feminidad pop de los 70s y 80s, pero también acuñando, en menor medida, la ciencia ficción.

***

Évolet Aceves escribe poesía, cuento, novela, ensayo, crónica y textos híbridos. Psicóloga, fotógrafa y periodista cultural. Estudió en México y Polonia. Ha colaborado en revistas y suplementos culturales, como: Pie de Página, Nexos, Replicante, La Lengua de Sor Juana, Praxis, La Libreta de Irma, El Cultural (La Razón), Revista Este País, entre otros. Fue galardonada en el Certamen de ensayo Jesús Reyes Heroles (Universidad Veracruzana y Revista Praxis, 2021). Ha realizado dos exposiciones fotográficas individuales: México Seductor (2015) y Anacronismo de la Cotidianeidad (2017). Ha trabajado en Capgemini, Amazon y actualmente en Microsoft. Esteta y transfeminista.

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