La coreografía de fichas en el Poder Judicial llevaba la huella del duartismo: Myriam Hernández fue nombrada magistrada gracias a una reforma de octubre de 2014 impulsada por legisladores señalados en las investigaciones de la “nómina secreta”
Era el 8 de noviembre de 2021, justo a dos meses del inicio del nuevo gobierno estatal. A Pablo Héctor González Villalobos, magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) del Estado de Chihuahua, se le vio salir del despacho de la gobernadora Maru Campos después de reunirse con ella durante un par de horas.
Parco, apenas pronunció palabra. El magistrado se limitó a decir a la prensa que acababa de presentar su renuncia por motivos “estrictamente personales”, una renuncia de la que ya se rumoraba desde hacía unas semanas.
Ese mismo día, la jueza Lauren Fleischer Louis, de la Corte del Distrito Sur de Florida, autorizaba la extradición de César Duarte a México, donde sería juzgado precisamente por el TSJ.
Cuatro días después, el 12 de noviembre, el pleno del TSJ eligió a la magistrada Myriam Victoria Hernández Acosta para reemplazar a González Villalobos al frente del Poder Judicial de Chihuahua.
La coreografía de fichas en el Poder Judicial llevaba la huella del duartismo: Myriam Hernández fue nombrada magistrada gracias a una reforma de octubre de 2014, impulsada por los legisladores Rodrigo de la Rosa Ramírez, César Jáuregui Moreno, María Ávila Serna, Hortensia Aragón Castillo y Fernando Reyes Ramírez, todos señalados en las investigaciones de la “nómina secreta”, un esquema de sobornos en efectivo entregados por orden de Duarte a personajes públicos.
Justo dos años antes de que finalizara el gobierno duartista, a Hernández la nombraron magistrada el 13 de noviembre de 2014, con 30 votos de 31 posibles emitidos a su favor, entre ellos, el de la entonces legisladora Maru Campos. Otros de los magistrados nombrados ese día fueron Luis Villegas Montes, Jorge Abraham Ramírez y Gabriel Humberto Sepúlveda Reyes, los dos últimos también investigados por presuntos actos de corrupción dentro de la Operación Justicia para Chihuahua.
Durante el proceso de extradición de Duarte, Myriam Hernández, Luis Villegas y Otilia Flores, en su calidad de magistrados del TSJ, declararon ante autoridades estadounidenses que las acusaciones penales en contra del exgobernador eran “una persecución política”, según señalaron a La Verdad dos funcionarios de primer nivel en el gobierno de Javier Corral que participaron en el juicio.
El documento que presuntamente contiene esas declaraciones permanece sellado en una corte del estado de Florida a petición de la defensa de Duarte, por lo que hasta ahora no está disponible para su consulta.
El día de su designación, La Verdad Juárez preguntó a la magistrada si su declaración, presuntamente favorable a Duarte, ante una jueza estadounidense, entorpecería la aplicación de la justicia al exgobernador.
Pero tal vez no hacía falta conocer los registros del testimonio de Hernández para acreditar su filiación a Duarte. En aquel momento, por ejemplo, el activista y abogado Jaime García Chávez consideraba la elección de Hernández como un regreso del duartismo.
“Desde la semana pasada, la magistrada Myriam Hernández está en campaña para obtener los votos del resto de los magistrados; o sea, la futura presidenta ya les pidió los votos porque así lo decidió la gobernadora. Myriam Hernández es una gente que llegó gracias al apoyo de César Duarte, lo que nos muestra que todas las fichas del duartismo se están acomodando en su lugar”, sentenció entonces.
Sería luego, ya con Myriam Hernández al frente del TSJ, que comenzó la persecución y el acoso de jueces que trataron casos relacionados con la corrupción de Duarte y sus cercanos, indicaron fuentes judiciales.
“Para nosotros [los jueces que atendieron casos de la Operación Justicia para Chihuahua] no eran más que casos complicados mediáticamente, y jamás nos imaginamos todas las represalias por solo hacer nuestro trabajo. De pronto, ya estábamos envueltos en una red de odios y venganzas que no vimos venir”, contó un togado que llevó algunas de las causas de los duartistas y que solicitó no revelar su identidad.
Uno de los jueces que ha vivido esa persecución es Samuel Uriel Mendoza Rodríguez, que en abril de 2021 vinculó a proceso a Maru Campos por la “nómina secreta” dentro de la causa penal 2821/2020.
En marzo de 2023 se hizo de conocimiento público que el TSJ, a través de la Unidad de Investigaciones y Responsabilidades Administrativas, emitió un acuerdo donde determinó que el juez Mendoza Rodríguez había cometido faltas administrativas graves al vincular a la gobernadora Maru Campos en el caso de la “nómina secreta”.
El juez presentó una queja ante la Comisión Estatal de los Derechos Humanos por lo que consideró amenazas a su vida y seguridad derivadas de estos señalamientos. En diciembre del mismo año, Mendoza obtuvo un amparo que le concedió la protección de la justicia federal ante las posibles presiones, acciones de acoso, hostigamiento y amenazas de las que era objeto desde el TSJ.
Luego, dentro del Tribunal comenzaron las reformas que fortalecieron al grupo de magistrados de la era duartista, el cambio en la asignación de jueces en los casos relacionados con corrupción, y las expresiones públicas sobre acoso laboral a juzgadores que participaron en los mismos asuntos.
En febrero de 2022, se publicó en el Periódico Oficial del Estado un acuerdo del Consejo de la Judicatura del TSJ que modificó la distribución de las causas penales del sistema penal acusatorio. El acuerdo estableció una separación entre jueces de control y enjuiciamiento y una nueva distribución de las causas penales, tanto las vigentes como las de nuevo ingreso. El cambio supuso que fuera el juez provisional Luis Simental quien desahogó la etapa inicial del proceso contra Duarte, en lugar de la jueza Alejandra Ramos, que había emitido la orden de aprehensión en contra del exmandatario. Según fuentes al interior del TSJ, el documento también posibilitó que nuevos jueces retomaran todos los casos relacionados con la Operación Justicia para Chihuahua.
Además de esta modificación, en menos de tres años el Poder Judicial de Chihuahua ha tenido al menos otras dos reformas estructurales que dotaron de más poder a los integrantes del Consejo de Judicatura. La primera modificación data de mayo de 2022, cuando se eliminó el concurso de oposición como método para ocupar magistraturas, lo que favoreció que fueran los jueces y magistrados nombrados durante el periodo de César Duarte quienes llegaran a puestos importantes en el Consejo de la Judicatura, además de que obligaba a que personas sin carrera judicial fueran propuestas para ocupar algunas magistraturas.
En esa ocasión, organizaciones como México Evalúa, Asistencia Legal por los Derechos Humanos, la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, la Fundación para el Debido Proceso (DPLF), la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho, Fundación Renace SLP, el Instituto de Justicia Procesal Penal y el Observatorio de Designaciones Públicas consideraron que la propuesta atentaba contra la independencia del TSJ.
La siguiente reforma tuvo lugar en abril de 2024, cuando se dotó al Consejo de la Judicatura del poder para definir los criterios de evaluación de aspirantes a magistraturas vacantes. De acuerdo con legisladores de oposición esta reforma pone en riesgo la división de poderes y la independencia de la función judicial.
Los resultados de la elección judicial del 1 de junio pasado parecen la pieza final hacia la formación de un TSJ a modo, con la llegada de Hortencia García Rodríguez, la jueza que permitió la salida del exgobernador de la cárcel con el cambio de medida cautelar, como magistrada penal.
Héctor Villasana Ramírez, abogado de Duarte, resultó electo magistrado también de una sala penal, sin embargo, una sentencia del Tribunal Electoral de Chihuahua revocó su nombramiento.
Si la cabeza del Poder Judicial, Myriam Hernández, era cercana a Duarte; la nueva dirigente del TSJ también tiene vínculos políticos, pero ahora con la gobernadora Campos.
Desde el 1 de septiembre, al frente del Tribunal Superior de Justicia está Marcela Herrera Sandoval, exfuncionaria del gobierno de Maru Campos. La magistrada recién electa aparecía en los “acordeones” distribuidos por trabajadores de la administración panista para guiar las votaciones judiciales de junio pasado.
Todo apunta a que el engranaje que comenzó a girar en 2014 no se detendrá.
La coreografía de fichas en el Poder Judicial llevaba la huella del duartismo: Myriam Hernández fue nombrada magistrada gracias a una reforma de octubre de 2014 impulsada por legisladores señalados en las investigaciones de la “nómina secreta”
Cuando Maru Campos era la candidata a gobernadora por el PAN, el juez Samuel Uriel Mendoza Rodríguez dictó su vinculación a proceso por la “nómina secreta”. Al resultar ganadora de la contienda electoral, un día antes de tomar protesta, un magistrado del Poder Judicial la exoneró